
Distrito Federal, Brasil. – Lo que inició como un interrogatorio sobre un malestar en el pecho acabó en desgracia. La noche del 25 al 26 de junio, Camila Messias Moraes, de 21 años, murió en su casa de Ceilândia, a causa de un paro cardíaco y respiratorio. Previamente, había sido liberada en una clínica por un diagnóstico de ansiedad y depresión.
El día miércoles 25, Camila fue al centro de salud Unimed Espaço Saúde Cuidar Mais, en Asa Sul, con el fin de presentarnos entumecimiento en los antebrazos y dolor en el torácico.
Su familia le dio al doctor un electrocardiograma que mostró cambios, sin embargo el personal de salud consideró que era un episodio de ansiedad.
Le hicieron recomendaciones de medicamentos como serian los casos de la dipirona, la simeticona, la prednisolona y el ibuprofeno, las cuales lo mandaron de vuelta a su hogar.

Un día posterior, en el momento en que conversaba con su mamá, Camila se derrumbó. Los miembros del CBMDF y delSAMU llegaron al sitio, sin embargo ya no había nada que realizar.
La autopsia reveló la verdadera causa: un infarto en evolución desde hacía tres días, agravado por un taponamiento cardíaco y la rotura de un aneurisma aórtico.
“Mi hermana no tenía vicios ni enfermedades”
Camila era una joven tranquila y trabajadora. Laboraba como asistente administrativa, era devota religiosa y pasaba tiempo con su pareja.
Su hermana, Amanda Messias Moraes, asegura que no tenía antecedentes de enfermedades cardíacas ni hábitos de riesgo.
Sin embargo, había sentido molestias en el pecho y la espalda durante semanas, aunque nunca imaginó que fueran tan graves.
Una prima enfermera sostiene que los médicos subestimaron los síntomas. Según su relato, pensaron que Camila fingía malestar para ausentarse del trabajo.
Esta presunción, sumada a la ausencia de pruebas complementarias como análisis de sangre, habría impedido un diagnóstico certero.

La respuesta del hospital y la búsqueda de justicia
A través de un comunicado, Unimed CNU lamentó la muerte de Camila y negó cualquier acto de negligencia.
Aseguró que se siguieron los protocolos clínicos internacionales, y que la paciente fue clasificada como caso de bajo riesgo cardiovascular. También afirmaron que no existían criterios médicos para hospitalización.
La familia no comparte esa visión. El pasado fin de semana, presentaron una denuncia formal ante la 15.ª Comisaría de Ceilândia, y no descartan acciones legales por una posible mala praxis.
“Camila era una persona íntegra, su rutina era simple: trabajar, orar y amar”, dijo su hermana Amanda durante el velorio.

Un llamado de alerta
Este caso genera una reflexión urgente sobre cómo se interpretan los síntomas cardiovasculares en mujeres jóvenes.
Con frecuencia, estos se atribuyen erróneamente al estrés o la ansiedad, dejando fuera diagnósticos más peligrosos.
Camila ya no está, pero su historia podría ser una llamada de atención para evitar que otras mujeres, con señales similares, no sean escuchadas a tiempo.
Su familia solo pide una cosa: justicia para que su muerte no quede en el olvido.
