
Es la primera vez que Luis José Germán asume un monólogo teatral, el más difícil de los géneros escénicos. Fue este fin de semana pasado en Escenario 360
El primer unipersonal, Todas las Cosas Maravillosas, de Luis José Germán ha sido catalogada como “una puesta en escena íntima e inmersiva”. Esto de inmersiva es un adjetivo o cualificación que está de moda y que en algún momento se olvidará.
Lo real, lo tangible es que rompe la barrera entre actor y espectador para convertir al público en parte esencial de la experiencia teatral.
La producción de la Compañía de Teatro Niní Germán, permite que la adaptación del reconocido texto del dramaturgo británico Duncan Macmillan, se haga realidad y cuente la historia de un niño que crea una lista de “cosas maravillosas” para ayudar a su madre a reencontrar razones para seguir adelante, construyendo desde ahí una conversación cercana sobre empatía, salud mental, duelo y esperanza.
Cuentan los que lo saben que la experiencia escénica estuvo marcada por detalles cuidadosamente construidos. La iluminación, la musicalización, los recursos visuales y pequeños efectos sonoros envolvían la sala en una atmósfera íntima y sensible.
Luis José Germán mostró también su capacidad vocal, incorporando fragmentos musicales. En una gran pantalla, como unelemento narrativo más dentro de la obra, se reforzaron recuerdos y sensaciones.
El actor se desplazó entre los asistentes, guiándolos e invitándolos a involucrarse activamente dentro de la puesta en escena. Cada espectador presente en Escenario 360 no solo observó la historia: también la interpretó junto a él. De manera improvisada, parte de los asistentes asumieron personajes, respondieron preguntas y participaron activamente dentro de la trama, generando escenas cargadas de humor, espontaneidad y vulnerabilidad.
