
La militancia del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil selló este domingo la postulación del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones de octubre. El veterano líder sindical, de 80 años, aspira a un histórico cuarto período al frente del país, aunque no consecutivo, y parte como favorito en la mayoría de las encuestas.
El presidente del PT, Edinho Silva, confirmó la candidatura antes de la ceremonia oficial. En una entrevista previa declaró:
“Quiero decir para toda la militancia de los partidos que están aquí: homologamos, oficializamos ahora. Lula, presidente; Geraldo Alckmin, vice”.
El acto se desarrolló en el centro de convenciones Expo Center Norte, en São Paulo, el mayor colegio electoral de Brasil. Puntual a las 10:00 hora local (13:00 GMT), el evento consolidó la reedición de la alianza con el moderado Geraldo Alckmin como vicepresidente, ante cientos de militantes, ministros y dirigentes del bloque oficialista.
Lula, que ya gobernó entre 2003 y 2010 y regresó al poder en 2023, encara su séptima campaña presidencial. Conocido por su energía, el mandatario ha reiterado: “Tengo la misma energía de cuando tenía 30 años”, buscando disipar dudas sobre su estado de salud.
La “soberanía” como bandera frente a Trump

La campaña arranca bajo la sombra del expresidente estadounidense Donald Trump, aliado del clan Bolsonaro y que ha respaldado a varios candidatos en América Latina. Lula advirtió la semana pasada: “En Brasil no aceptamos que nadie meta la nariz donde no lo llaman”.
Estados Unidos impuso en julio dos rondas de aranceles a productos brasileños, tras acusar al país de prácticas comerciales desleales. Alentada por Eduardo Bolsonaro, hijo del ex presidente, Washington ya había aplicado gravámenes similares en 2025 —luego suspendidos en buena parte— como represalia por el juicio contra Jair Bolsonaro. Ante la nueva presión, Lula prometió una “guerra de la verdad contra la mentira” frente a su par estadounidense y acusó a Flávio Bolsonaro de ser un “traidor a la patria” por, según él, alentar el castigo económico a Brasil.
El politólogo Leonardo Paz, de la Fundación Getúlio Vargas, comentó a la agencia AFP: “La narrativa sobre la soberanía le calza como un guante a Lula: en un momento de caída de su popularidad, logra identificar a un enemigo allá afuera”.
El clima bilateral sigue deteriorándose: la semana pasada, Brasilia negó las visas a dos funcionarios estadounidenses que pretendían viajar al país para discutir “integridad electoral”.
Economía, seguridad y corrupción, los frentes internos

Lula defiende los avances de su gestión en la caída del desempleo y la reducción de la pobreza, en un contexto de desaceleración económica. El PIB crecería alrededor del 2% este año electoral, tras el 3,4% de 2024 y el 2,3% de 2025.
La presión inflacionaria —marcada por factores internos y el alza de precios de alimentos y combustible en el contexto geopolítico— mantiene la tasa básica de interés en 14,25%, junto a un déficit nominal cercano al 10% del PIB y una deuda pública que superó el 80%. Son puntos que la oposición busca explotar, junto con la lucha contra el crimen organizado, que controla barrios populares donde viven millones de personas.
La corrupción también pesa sobre ambos candidatos. Esta semana, un juez de la Corte Suprema autorizó dos investigaciones por tráfico de influencias contra el hijo mayor de Lula, Fábio Luís Lula da Silva, conocido como “Lulinha”, por presuntas gestiones ante el Ministerio de Salud. Del lado opositor, Flávio Bolsonaro enfrenta cuestionamientos por el financiamiento de una película sobre su padre, para la cual habría pedido dinero a un banquero acusado de una megaestafa.
Un mano a mano con los Bolsonaro

Los comicios de octubre se perfilan como una nueva disputa polarizada entre el progresismo de Lula y la extrema derecha que encarna Flávio Bolsonaro, de 45 años, oficializado la semana pasada como heredero político del espacio conservador. Su padre, Jair Bolsonaro, está inhabilitado, condenado a 27 años de prisión domiciliaria por intento de golpe de Estado, tras perder las elecciones de 2022 ante Lula.
Según la última encuesta de Datafolha, Lula obtendría un 48% de la intención de voto en un eventual balotaje, frente al 43% de Flávio Bolsonaro — una diferencia estrecha, similar a la de la ajustada campaña de 2022.
Fuente: Infobae
