
El metal precioso atraviesa una etapa contradictoria. Tradicionalmente considerado un refugio seguro en tiempos de incertidumbre, el oro ha dilapidado todas las ganancias acumuladas en 2026 al registrar una caída superior al 20% desde el máximo histórico alcanzado a finales de enero, cuando llegó a los 5.417 dólares por onza. Este lunes, su cotización ronda los 4.300 dólares por onza, lo que representa una pérdida de aproximadamente el 1% desde el inicio del año, según reportó Reuters.
El desplome se intensificó el viernes pasado, cuando el oro sufrió un descenso del 3,27% en una sola jornada y cerró la semana con pérdidas cercanas al 5%. Este movimiento resulta particularmente llamativo porque se produce en medio de una elevada tensión geopolítica, con nuevos enfrentamientos entre Israel e Irán y un creciente temor en los mercados financieros. En teoría, este escenario debería impulsar la demanda de oro, ya que muchos inversores lo emplean como activo refugio cuando perciben mayores riesgos en la economía, en los mercados bursátiles o en el equilibrio internacional.
Sin embargo, en esta ocasión la dinámica es inversa. La caída del oro no responde a una reducción de la incertidumbre, sino a que el mercado teme otro factor: que la tensión geopolítica termine alimentando la inflación y obligue a Estados Unidos a mantener los tipos de interés altos durante un período más prolongado.
Los tipos de interés y el dólar, claves en la caída
El núcleo del problema reside en los tipos de interés y la fortaleza del dólar. El último informe de empleo en Estados Unidos superó las expectativas, reforzando la percepción de que la Reserva Federal podría no tener prisa por reducir las tasas, o incluso podría verse forzada a mantener una política monetaria más restrictiva si la inflación vuelve a repuntar. Este inesperado dato laboral podría estar directamente vinculado a la caída del oro, junto con el aumento de las apuestas por tipos más elevados.
Ambos elementos perjudican al oro por un motivo fundamental: el oro no genera intereses. Quien adquiere una onza puede obtener ganancias si su precio sube, pero no percibe una rentabilidad periódica, como sí ocurre con otros activos, como los bonos. Cuando los tipos de interés son altos, esos activos que sí ofrecen rendimiento se vuelven más atractivos, incrementando el coste de oportunidad de mantener oro en una cartera de inversión.
Además, la fortaleza del dólar también juega un rol importante. El oro se cotiza generalmente en dólares, por lo que cuando la moneda estadounidense se aprecia, el metal se encarece para quienes compran desde otras divisas. Esto puede enfriar parte de la demanda internacional. Según información de Reuters, el dólar ha escalado a máximos de dos meses debido a las expectativas de tipos más altos en Estados Unidos.
La tensión en Oriente Medio tampoco está actuando como un respaldo para el metal precioso en este momento. Los inversores interpretan la situación geopolítica como un posible riesgo inflacionista, especialmente por el impacto que podría tener en el precio del petróleo. Si la energía sube, la inflación podría tardar más en ceder. Y si la inflación se mantiene resistente, los bancos centrales tienen menos margen para flexibilizar los tipos de interés.
Perspectivas de recuperación para el oro
A pesar del panorama adverso, los analistas no descartan que el ciclo alcista del oro pueda retomarse. El World Gold Council reportó que los bancos centrales adquirieron 244 toneladas netas de oro en el primer trimestre de 2026, un 3% más que en el mismo período del año anterior. Asimismo, los fondos cotizados respaldados por oro registraron entradas de 62 toneladas durante ese trimestre.
Ese interés institucional funciona como un soporte estructural para el mercado. Muchas economías buscan diversificar sus reservas y reducir su dependencia del dólar. Por ello, aunque el precio pueda experimentar volatilidad a corto plazo, una parte del mercado considera que la demanda subyacente se mantendrá.
UBS, uno de los principales bancos suizos de inversión y gestión de patrimonios, también conserva una visión positiva sobre el oro a medio plazo, aunque con mayor cautela que antes. En una nota publicada el 27 de mayo, la entidad indicó que ha reducido su proyección de cierre de año para el metal precioso de 5.900 a 5.500 dólares por onza. No obstante, ese nivel sigue estando por encima de la cotización actual, lo que sugiere que parte del mercado aún percibe un margen de recuperación.
Fuente: Infobae
