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La sociedad hackeada

La sociedad hackeada

Estamos viviendo hoy en una democracia emocional y en este país la sociedad de hoy se parece a una habitación con todas las ventanas abiertas y nadie preguntándose de dónde viene el viento. Todo entra. Todo pasa. Todo se consume. Y mientras tanto seguimos creyendo que avanzamos, aunque muchas veces lo único que hacemos es correr más rápido hacia ninguna parte.

No pensamos igual que la sociedad de principios o mediados del siglo pasado. Eso es evidente. Hemos cambiado la paciencia por la inmediatez y la conversación por el ruido. Vivimos, como dijo Gramsci, en un tiempo extraño: una generación que no termina de morir y otra que todavía no aprende a nacer. Ahí se mueve una parte del electorado, cansado, desconfiado, resignado. La otra parte, más joven, directamente no cree en nadie. No le entusiasma ningún político porque siente que todos hablan un idioma viejo en una época que ya no escucha.

Las redes sociales terminaron de hackearlo todo. La política, la moral, el afecto, incluso la indignación. Ya no hay lealtades duraderas ni principios sólidos. Todo depende del algoritmo de esa mañana. Y no se trata de decir que antes éramos mejores. Tampoco de convertir a los políticos en monstruos o salvadores. El problema es otro: la sociedad parece descompuesta por dentro, como una fruta brillante que al abrirla ya viene dañada.

En nuestro país eso se nota demasiado. Los políticos comenzaron a rodearse de personajes oscuros, figuras sin preparación ni escrúpulos, pero con capacidad para hacer ruido. Y el ruido hoy vale más que las ideas. A veces parece que para triunfar hay que gritar, humillar o viralizar una mentira antes que defender una verdad.

Dicen que los jóvenes quieren dinero rápido, fama inmediata y éxito sin espera. Puede ser. Pero también es verdad que crecieron viendo que el esfuerzo muchas veces pierde frente al espectáculo. YouTube está lleno de mercenarios disfrazados de comunicadores, gente que utiliza a los demás mientras cobra por fabricar rabia y dividir al país.

Y una democracia dividida por el cinismo empieza a morirse lentamente. No de golpe. Se muere cada mañana, sin hacer ruido, sin preguntar siquiera hacia dónde va y aunque usted no lo crea la sociedad de hoy ha sido hackeada.

Demuéstrame que estoy equivocado…