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La foto que cambió una guerra: la niña del napalm y el fotógrafo que la salvó

La foto que cambió una guerra: la niña del napalm y el fotógrafo que la salvó

En ocasiones, una fotografía no solo documenta un hecho, sino que logra algo extraordinario: transformar la historia. El 8 de junio de 1972, en una carretera de Vietnam del Sur, el fotógrafo Nick Ut apretó el obturador justo cuando una niña de nueve años corría desnuda, con los brazos abiertos y la piel quemada por el napalm. Detrás de ella, otros niños huían aterrorizados; al fondo, una columna de humo negro se alzaba sobre la aldea de Trang Bang.

Esa imagen dio la vuelta al mundo en horas. Se convirtió en un símbolo del horror de la guerra de Vietnam, en un golpe directo a la conciencia global y en una prueba del sufrimiento civil. Pero la historia no terminó ahí: el fotógrafo dejó su cámara, cargó a la niña herida y la llevó al hospital para salvarle la vida. Décadas después, aquella niña sobrevivió y se convirtió en embajadora de la paz.

Esta es la crónica de Nick Ut y Phan Thi Kim Phúc. La foto que cambió una guerra, un periodista que no fue un mero observador y una niña que transformó el dolor en esperanza. La guerra de Vietnam, que enfrentaba a Vietnam del Norte —respaldado por la Unión Soviética y China— con Vietnam del Sur, apoyado por Estados Unidos, había causado cientos de miles de muertos y una profunda fractura social.

En Estados Unidos, el conflicto perdía apoyo. Las imágenes de soldados en ataúdes, las protestas y el desgaste económico habían minado la confianza pública. Pero para muchos, la guerra seguía siendo un tablero lejano.

La fotografía de Nick Ut del 8 de junio de 1972 convirtió a Phan Thi Kim Phúc en el símbolo del horror de la guerra de Vietnam

Hasta que apareció la niña del napalm. Trang Bang, a cuarenta kilómetros de Saigón, fue escenario de intensos combates la mañana del 8 de junio de 1972. Tropas survietnamitas intentaban recuperar posiciones. Reporteros gráficos acompañaban a los militares. Entre ellos, Huỳnh Công Út, conocido como Nick Ut, de veintiún años, trabajaba para Associated Press. Su hermano, también fotógrafo de AP, había muerto cubriendo el conflicto en 1965.

Nick heredó el riesgo. En Trang Bang, civiles se refugiaron en un templo caodaísta para escapar del fuego. Entre ellos, Phan Thi Kim Phúc, de nueve años. Esa mañana, cuatro aviones A-1 Skyraider survietnamitas bombardearon posiciones enemigas, pero confundieron objetivos: las bombas de napalm cayeron sobre civiles. El napalm, una mezcla inflamable, se adhiere a la piel y arde a temperaturas extremas.

Nick Ut fotografió a Kim Phúc en la carretera y después la llevó al hospital, donde su intervención resultó decisiva para que recibiera atención médica

Kim escuchó la explosión, sintió el fuego y su ropa ardió. Intentó arrancársela. Años después, recordó haber gritado:

—¡Nóng quá! ¡Nóng quá! “¡Muy caliente! ¡Muy caliente!”

Desnuda y con el cuerpo quemado, corrió por la carretera junto a otros niños. Nick Ut levantó la cámara. Tomó varias fotos. En una, Kim aparecía en el centro, con el rostro deformado por el dolor. No había héroes ni gloria militar. Solo niños aterrorizados. Al terminar, Nick dejó la cámara y corrió hacia ella. Le echó agua, pero las heridas eran gravísimas. La piel se desprendía.

Con otros periodistas, la subieron a un vehículo y la llevaron a un hospital. Los médicos creyeron que no sobreviviría: las quemaduras afectaban el treinta por ciento de su cuerpo. Nick mostró su credencial de AP y exigió que la atendieran.

Cientos de vehículos de todo tipo llenan un terreno baldío mientras los refugiados que huyen en ellos hacen una parada cerca de Tuy Hoa, en la región costera central del sur de Vietnam, el sábado 23 de marzo de 1975, tras la evacuación de Banmethuout y otros centros poblados de las tierras altas al oeste (AP Photo/Nick Ut)

Kim estuvo internada más de un año, catorce meses en hospitales. Soportó diecisiete cirugías y dolorosos injertos de piel. Mientras, la foto viajaba. Nick reveló el rollo y envió las imágenes a la oficina de AP en Saigón. Surgió una duda: la niña aparecía desnuda. Las normas editoriales prohibían desnudos frontales. Pero el editor Horst Faas comprendió que era un documento excepcional.

La imagen se distribuyó. El mundo quedó paralizado. Diarios de todo el mundo la llevaron a portada. Millones vieron el rostro real del conflicto: el de una niña. En Estados Unidos, la foto profundizó el rechazo a la guerra. El proceso de retirada de Nixon ya estaba en marcha, pero la imagen reforzó la conciencia moral.

Kim se convirtió en símbolo del horror bélico. En 1973, Nick Ut ganó el Premio Pulitzer y el World Press Photo. Pero él siempre dijo que su mayor orgullo fue haber salvado a Kim.

La vida de Kim cambió. Tras recuperarse, regresó a Vietnam, pero quedó atrapada entre ser sobreviviente y herramienta propagandística. El gobierno usó su historia como símbolo político y limitó su libertad. Kim quería estudiar medicina, pero las obligaciones oficiales lo impedían. En 1986, viajó a Cuba para estudiar.

Phan Thi Kim Phúc y su fotografía sobre un avión de Solidaire, la ONG de Enrique Piñeyro, en una imagen de 2022 en el marco de un vuelo humanitario

En La Habana conoció a Bùi Huy Toàn, otro becario vietnamita. Se enamoraron. Kim se convirtió al catolicismo, encontrando en la fe un camino hacia el perdón. En 1992, se casaron. En el viaje de regreso a Vietnam, el avión hizo escala en Gander, Canadá. Pidieron asilo político. Canadá los aceptó. Por primera vez, Kim pudo elegir su destino. Formó una familia y tuvo hijos.

En 1996, fue invitada al Día de los Veteranos en Washington. Allí se reencontró con Nick Ut, veinticuatro años después de Trang Bang. Kim le agradeció por fotografiarla y por salvarle la vida. Sin su intervención, dijo, los médicos no la habrían atendido a tiempo.

Nick lloró al verla viva. En 1997, Kim fundó la Kim Foundation International, para ayudar a niños víctimas de conflictos. Nick fue presidente honorario. Ese año, la UNESCO la nombró Embajadora de Buena Voluntad. Desde entonces, dio conferencias sobre reconciliación y paz.

“El napalm es muy poderoso”, dice. “Pero la fe, el perdón y el amor lo son mucho más”. La foto sigue generando debates éticos. Sin imágenes como la de Nick Ut, muchas tragedias serían invisibles. El fotoperiodismo nos obliga a mirar lo que evitamos.

Phan Thi Kim Phúc y Nick Ut le enseñan la fotografía al Papa Francisco

Nick siguió en AP durante décadas. Cubrió desastres y celebridades, pero ninguna imagen superó a la niña del napalm. Entendió que la foto era patrimonio colectivo.

Kim aprendió a convivir con sus cicatrices. Durante años ocultó su cuerpo, avergonzada de las marcas. Hoy, habla del dolor físico y la lucha interior por perdonar. No minimiza el horror, lo trasciende. La foto más famosa de la guerra de Vietnam no es solo un símbolo de sufrimiento, sino de compasión: un fotógrafo que documentó y ayudó, una niña que sobrevivió, una amistad improbable.

La guerra reduce a las personas a estadísticas. Pero aquella mañana de 1972, el mundo vio a una niña. Comprendió que detrás de cada decisión militar hay rostros concretos.

Más de medio siglo después, la imagen de Kim corriendo sigue siendo insoportable. Esa es su función: recordarnos que ninguna guerra es limpia y que la humanidad puede perderse con una bomba, pero también recuperarse con un gesto. El del fotógrafo que dejó su cámara para cargarla. El de la mujer que eligió perdonar. El de dos sobrevivientes que convirtieron una tragedia en una misión compartida.

La foto congeló un instante de horror. Pero la verdadera proeza ocurrió después. Porque Nick Ut no se conformó con ser testigo. Y porque Phan Thi Kim Phúc se negó a ser solo una víctima. Juntos demostraron que en medio de la barbarie puede abrirse paso la compasión. Y que la imagen más desgarradora puede convertirse en la prueba más luminosa de la capacidad humana para salvar, reconstruir y abrazar la vida.

Fuente: Infobae