
A simple vista, el PLD tiene cuatro principales aspirantes presidenciales, y todo indica que será uno de ellos el que encabezará la boleta en las elecciones de mayo de 2028. Es un menú variado, ya que cada aspirante tiene distintas fortalezas, pero el problema que tiene el partido morado no es de la calidad de sus potenciales precandidatos presidenciales.
El tema que ahora amenaza con afectar la cohesión interna de la organización, e interrumpir la ruta positiva que aparentemente había tomado, tiene que ver con las reglas del juego que se han establecido para la definición de la candidatura. Después que uno de los aspirantes escribió a la Junta Central Electoral para “consultar sobre la consulta”, se abrió otro episodio de tensiones en la familia peledeísta.
Consulta cuestionada
El PLD se inventó una consulta para la definición anticipada de su candidatura, pero como se trata de un proceso que no es vinculante, su éxito depende de la voluntad de todos los peledeístas, especialmente de los aspirantes presidenciales.
Resulta que los cuatro dirigentes que lucen con mayores posibilidades de alzarse con la candidatura han asumido posturas distintas frente a esta modalidad, lo que pone en cuestionamiento su factibilidad. Gonzalo Castillo no quería al principio y luego se sumó. Abel Martínez rehusó participar, aunque deja claro que sigue aspirando a la nominación. En tanto, Francisco Domínguez Brito inicialmente aceptó las reglas establecidas y ahora las cuestiona.
En cambio, Francisco Javier García mantiene su respaldo a la consulta y exhibe un discurso positivo y triunfalista, a pesar de algunos acontecimientos recientes.
Los riesgos
Realizar un proceso en el que no estén todos los que son, no valdría la pena, y sería muy peligroso para la organización opositora. Si eso ocurriera, los que no participaron en la consulta, que no es vinculante, pudieran reclamar que se les incluya en la elección interna que sí lo es.
Eso podría provocar otra división, o al menos fracturas internas, algo que el PLD no puede permitirse.
