
Boston. Noruega regresó a una Copa del Mundo después de 28 años y lo hizo a lo grande: venció 4-1 a Irak en el Estadio Boston, en Foxborough, Massachusetts, por la primera fecha del Grupo I, con un doblete de Erling Haaland que tardó apenas 43 minutos en concretarse. Pero, más allá del resultado y de la figura de su estrella, lo que se robó la jornada fue su afición.
Honrando sus raíces vikingas, miles de fanáticos llegaron al estadio vestidos con cascos con cuernos, pieles sintéticas, capas y rostros pintados con motivos rúnicos, además de las banderas rojas con la cruz azul que identifican a los llamados «Vikingos Rojos«.
Desde las horas previas al duelo, las inmediaciones del recinto se transformaron en un carnaval nórdico que llamó la atención de un público estadounidense poco acostumbrado a semejante despliegue folclórico.
En qué consiste el remo vikingo
La imagen del día fue el «remo vikingo», conocido también como «Viking Row» o «remada vikinga». La coreografía es de una simpleza poderosa: los aficionados se sientan en filas, extienden los brazos al frente como si empuñaran remos y se balancean hacia adelante y hacia atrás de manera sincronizada, simulando la navegación de un antiguo drakkar.
El movimiento se ejecuta al ritmo de un bombo que marca la «velocidad de la embarcación» y se acompaña de cánticos y del grito de «¡Ro!» («remar»), con el uso ocasional de cuernos que, según la tradición nórdica, servían para hacer llamados.
Ejecutado de manera masiva y coordinada por miles de personas en las gradas, el ritual convirtió a la tribuna noruega en una sola marea que se mecía al unísono, acelerando con cada gol del equipo dirigido por Ståle Solbakken.
La estampa trascendió el estadio: antes del partido, videos de hinchas remando al compás sobre las escaleras mecánicas de la estación South Station de Boston ya circulaban en redes sociales, incluido uno de un aficionado con el brazo enyesado que se sumó al festejo.
De una foto viral a una identidad de tribuna
La «fiebre vikinga» no surgió de la nada. La coreografía ya se había visto en un amistoso ante Suecia a comienzos de junio, y semanas antes la Federación Noruega de Fútbol difundió una producción fotográfica titulada «The Vikings are coming», del británico David Yarrow, autor de la icónica imagen de Maradona con la copa en 1986, en la que los 26 jugadores posaron ataviados con trajes, escudos y cuernos vikingos en un paisaje de fiordos. Esa estética terminó de prender en la afición.
El fenómeno ha sido comparado con «la ola» que se popularizó en el Mundial de México 1986, y para muchos se perfila como una de las celebraciones más contagiosas de esta Copa del Mundo.
El partido, en contexto
En el campo, Irak, que volvía a un Mundial tras cuatro décadas luego de quedarse con el último boleto en el repechaje ante Bolivia, opuso resistencia e incluso igualó transitoriamente por medio de Aymen Hussein. Sin embargo, Haaland castigó cada desconcentración rival con sus dos tantos antes del descanso; en el complemento, Leo Skiri Ostigard amplió de cabeza y Kristian Thorsvedt selló el 4-1 en los descuentos. El resultado dejó a Noruega igualada en la cima del grupo.
El conjunto nórdico, que no disputaba la cita desde Francia 1998, volverá a la cancha el lunes ante Senegal en Nueva Jersey, donde su hinchada promete repetir el espectáculo que ya tiene su propia postal en este Mundial.
