
Vamos a hablar de tigre a tigre. “Somos Pueblo” convocó una protesta para el 9 de julio en la Plaza de la Bandera contra la llamada ley mordaza y, antes de que transcurrieran cuatro horas, la publicación de esa marcha, ya había superado un millón trescientas mil visualizaciones. En un país donde muchos anuncios oficiales apenas despiertan bostezos, ese dato merece atención. No por el número solamente, sino por lo que revela acerca del estado de ánimo de la opinión pública.
Ese es el poder del Piro. Tiene un arrastre que no necesita presupuesto para llenar las redes de conversaciones.
Mientras otros invierten fortunas en campañas, él consigue resultados con un teléfono, una transmisión y un lenguaje que la gente siente cercano. Puede gustar o disgustar, pero ignorarlo sería una demostración de torpeza política del gobierno de Luis Abinader y de la oposición, el vamos a divertirnos ya es una marca poderosa que arrastra a miles de dominicanos disgustado con el gobierno y los partidos tradicionales.
La pregunta importante no consiste en averiguar cuánto influye el Piro, sino por qué influye tanto. Cuando una figura ajena a los partidos logra semejante capacidad de convocatoria, el problema no está únicamente en quien habla, sino también en quienes dejaron de ser escuchados. El vacío político siempre encuentra quien lo ocupe.
Todo indica que el Gobierno atraviesa un desgaste de credibilidad. Sus voceros ya no convencen como antes y muchas explicaciones llegan tarde o parecen fabricadas para funcionarios, no para ciudadanos. En ese escenario, cualquier persona con capacidad de conectar emocionalmente encuentra un terreno fértil para crecer.
El Piro no formó parte de este Gobierno, aunque tuvo protagonismo durante la Marcha Verde. Aquella movilización despertó grandes expectativas, pero muchos de sus rostros terminaron vinculados al poder. El resultado fue una decepción para quienes esperaban otra conducta. La credibilidad perdida rara vez regresa con facilidad.
Vivimos una etapa distinta en esta época. El Piro, Santiago Matías, y otros creadores digitales dejaron de ser simples comentaristas. Hoy participan en la conversación pública con una eficacia que los partidos tradicionales, todavía no comprenden. Mientras las organizaciones siguen apostando por discursos extensos, ellos dominan el ritmo, el lenguaje y la velocidad de las plataformas.
Si el Gobierno pretende conservar respaldo, necesita revisar con urgencia a sus interlocutores y modificar estrategias. La oposición tampoco puede sentirse tranquila. Sus principales figuras parecen detenidas en otra época y sus mensajes resultan previsibles. Ninguno de los dos bandos parece entender que la atención ciudadana ya no se conquista únicamente con mítines ni conferencias
Competir en este nuevo ecosistema digital, exige contenidos atractivos, presencia constante y, sobre todo, escuchar antes de hablar. Los partidos reciben abundantes dinero públicos, pero devuelven poco entusiasmo. Esa distancia termina siendo aprovechada por quienes saben interpretar las conversaciones cotidianas del hoy
Leonel Fernández mantiene una base política importante, aunque concentrada en generaciones mayores. Entretanto, el oficialismo conserva equipos de comunicación que parecen observar un mapa distinto al recorrido por los ciudadanos. Ambos corren el riesgo de perder el contacto con quienes decidirán las próximas elecciones.
Si no despiertan a tiempo, el poder del Piro y de Alofoke seguirá creciendo. No porque tengan todas las respuestas, sino porque entendieron primero dónde está el oído de una generación que será decisiva para el futuro democrático del país. Conviene tomar nota antes de que resulte demasiado tarde.
Demuéstrame lo contrario…
