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De Santo Domingo a Yorktown

De Santo Domingo a Yorktown

Por: Alfredo López Ariza

Cuando se narra la independencia de los Estados Unidos, suele destacarse el apoyo externo de Francia. Sin embargo, con frecuencia se omite que la victoria sellada en Yorktown, en octubre de 1781, dependió de un apoyo decisivo del Caribe hispano. El financiamiento que permitió al almirante François Joseph Paul de Grasse asegurar el control naval de la bahía de Chesapeake y cercar a las fuerzas de Cornwallis no procedió únicamente de las trece colonias ni de Versalles, sino que se articuló desde Santo Domingo, La Habana y Veracruz, dentro de una operación atlántica en la que los territorios españoles desempeñaron un papel clave.

Esa dimensión ha sido documentada por historiadores como Granville W. Hough y Thomas E. Chávez, y por el propio Francisco de Saavedra, cuyo diario registra la arquitectura financiera y diplomática de la campaña de 1781.

Tras la victoria española en Pensacola, Saavedra fue enviado al Caribe para coordinar con De Grasse la maniobra que podía decidir el curso de la guerra. La estrategia era clara. Bloquear el acceso marítimo a las fuerzas británicas en Virginia y permitir que Washington y Rochambeau completaran el cerco por tierra. Pero existía un obstáculo inmediato. De Grasse disponía de flota y tropas, aunque carecía de recursos líquidos suficientes para emprender la operación.

La situación confirma una máxima logística formulada por el general Rafael Dávila en El nuevo arte de la guerra: “La guerra no es hacer lo que uno quiere, sin someterlo al juicio del que sabe valorar económicamente si se puede y podrá sostenerse en el futuro; en logística se quiere si se puede”. Yorktown dependía, antes que nada, de convertir una intención estratégica en una operación materialmente sostenible.

Fue en ese contexto donde Santo Domingo desempeñó un papel concreto. Según la documentación de la época, recogida y analizada por Hough y Chávez, cien mil pesos procedentes de la caja fiscal de la isla ayudaron a cubrir las necesidades urgentes de la expedición en su fase inicial. El propio Saavedra dejó constancia de las gestiones realizadas para movilizar esos fondos.

Lo que siguió mostró la magnitud del esfuerzo imperial. En La Habana, comerciantes, hacendados y vecinos reunieron con extraordinaria rapidez más de quinientos mil pesos, en una recaudación que Saavedra describió con admiración. Poco después, desde Veracruz llegó una remesa aún mayor que terminó de garantizar los recursos necesarios para la operación. En cuestión de días, la monarquía española y sus territorios ultramarinos habían movilizado sumas que las propias colonias insurgentes difícilmente habrían podido reunir con semejante celeridad.

Con esas necesidades cubiertas, De Grasse pudo dirigirse a Chesapeake. La flota francesa venció a la Royal Navy en la batalla de Chesapeake, cerró el acceso marítimo a Cornwallis y completó el cerco diseñado por Washington y Rochambeau. El 19 de octubre de 1781, el general británico capituló.

Reconocer el papel de Santo Domingo, La Habana y Veracruz en aquella victoria es una exigencia de precisión histórica. Si la independencia de los Estados Unidos fue una empresa atlántica, su desenlace debe leerse también a la luz de las redes imperiales que la hicieron posible. Yorktown no fue únicamente el triunfo de Washington, sino el resultado de una contribución hispánica que merece ser restituida a la memoria histórica.