
La madrugada del 20 de mayo de 1900, un voraz incendio en las Galerías Arrubla consumió el documento original del Acta de la Revolución del 20 de julio de 1810. Sin embargo, su contenido y los nombres de quienes la suscribieron no se perdieron: una reproducción litográfica realizada en 1846 por Simón José Cárdenas logró preservar retratos en miniatura de varios próceres y los autógrafos copiados con exactitud.
Gracias a ese trabajo de reproducción, la memoria histórica del primer acto de autogobierno de lo que hoy es Colombia sobrevivió a la destrucción física del documento. El texto que popularmente se conoce como “Acta de la Independencia” de Colombia fue, en realidad, el Acta de la Revolución del 20 de julio de 1810, título que aparece en las copias más antiguas que han llegado hasta nuestros días.
Redactado y firmado el mismo día de los sucesos, el documento no fue una declaración formal de independencia, sino el registro de la destitución del virrey Antonio Amar y Borbón y la instauración de una Junta Suprema de Gobierno en el Nuevo Reino de Granada. Aunque no proclamó la ruptura definitiva con la monarquía española, este acto marcó el inicio del autogobierno criollo y el arranque de un proceso revolucionario que transformó la relación de los territorios americanos con la corona.
El 20 de julio de 1810, día de mercado en Santa Fe, capital del virreinato, la ciudad fue escenario de una revuelta desencadenada por el episodio conocido como el Florero de Llorente. Un grupo de criollos liderados por Luis de Rubio solicitó a José Gonzáles Llorente un florero para adornar la mesa de Antonio Villavicencio.

La negativa de Llorente, sumada a la intervención de figuras como Francisco José de Caldas y Antonio Morales, actuó como chispa que, en medio de la aglomeración popular, desató una protesta generalizada contra el dominio español. La multitud exigió un gobierno criollo, detonando el movimiento independentista en todo el virreinato.
La presión popular provocó que ese mismo día se convocara un cabildo extraordinario a las 6:00 p. m., donde el regidor José Acevedo y Gómez emergió como figura clave. Él impulsó la formación de una junta que asumiera el gobierno provisional del reino. La multitud concentrada en la plaza pública no permitió que nadie se retirara hasta que la junta quedara instalada y los elegidos hubieran jurado lealtad al nuevo gobierno.
El juramento, realizado ante el cabildo y extendido hasta la madrugada del 21 de julio, comprometió a los vocales a defender la religión, al monarca Fernando VII y la libertad de la patria, y a trabajar por la constitución y la independencia si fuera necesario.

El contenido esencial del acta revela las verdaderas intenciones de los protagonistas:
- El pueblo, a través de sus diputados, elegía a la Junta Suprema del Reino, que actuaría interinamente mientras se formaba una constitución para asegurar la felicidad pública.
- Las provincias quedaban ligadas solo por un sistema federativo, bajo la representación de la capital, con el compromiso de no abdicar los derechos del pueblo salvo en favor del rey Fernando VII, siempre que este recuperara su trono.
De esta manera, el acta reconocía la sujeción a la Junta de Regencia que gobernaba en España, pero institucionalizaba el principio de soberanía popular y autogobierno, despojando al virrey de sus funciones.
Sin embargo, el acta también consagró como presidente de la junta al propio virrey depuesto, Antonio Amar y Borbón, quien asumió el cargo al día siguiente. Poco después, la presión ciudadana lo obligó a abandonar la ciudad y embarcarse hacia Cartagena, poniendo de manifiesto la inestabilidad y el fervor revolucionario de la época.
El 20 de julio de 1810 no fue la primera vez que se formó una junta de gobierno en los territorios americanos: ciudades como Cartagena, Cali, Pamplona, Socorro y Mompox ya habían tomado medidas similares ese mismo año, y en Quito lo habían hecho en 1809. En España misma, la ocupación francesa y la ausencia del rey legítimo, reemplazado por José Bonaparte, justificaron la creación de juntas y la reivindicación de los derechos de los reinos americanos.

Lo más revolucionario del acta fue la aparición del “pueblo” como actor central en la toma de decisiones políticas, sentando un precedente que sería retomado en años posteriores. La verdadera declaración de independencia en Colombia se produjo más de un año después, el 11 de noviembre de 1811, cuando la junta de gobierno de Cartagena de Indias proclamó la ruptura total con la corona española y la constitución de un Estado libre y soberano.
Hoy, el 20 de julio se celebra oficialmente como el aniversario de la independencia nacional, de acuerdo con la Ley 60 de 1873, aunque el proceso emancipador fue largo y violento, y la proclamación de independencia formal ocurrió tiempo después. El acta de 1810 sigue siendo símbolo del inicio del autogobierno y de la revolución que puso en marcha la construcción de la soberanía colombiana.
Esta nota se basa en fuentes oficiales y documentos publicados por el Banco de la República, el Archivo General de la Nación y el Archivo de Bogotá, cuyos registros se encuentran disponibles en línea.
Fuente: Infobae
