
El discurrir de un río, la quietud de un bosque, la calma del mar o la inmensidad del desierto. Estas imágenes no solo cautivan por su belleza, sino que encierran un poderoso beneficio para la salud mental. Así lo revela una investigación reciente, que demostró que ver grabaciones de la naturaleza contribuye a aliviar el estrés de manera significativa.
Los hallazgos, divulgados en la reconocida Journal of Environmental Psychology, surgieron tras analizar las reacciones de 959 participantes. Estas personas fueron expuestas a videos de paisajes naturales y urbanos después de haber pasado por un estímulo estresante. El estudio consolida la base científica para utilizar imágenes de la naturaleza en hospitales, oficinas y espacios públicos donde el contacto directo con el entorno natural es limitado.
La investigación fue realizada por especialistas de la Universidad de Twente y la Vrije Universiteit Amsterdam. El equipo replicó y amplió un emblemático estudio de 1991, que nunca antes se había repetido a gran escala y que sentó las bases de la Teoría de Reducción del Estrés (SRT) en el campo de la psicología ambiental.
¿Cómo se midió el impacto de la naturaleza?
Los 959 voluntarios (49% mujeres, 51% hombres, con una edad promedio de 22 años) observaron primero un video estresante de 10 minutos sobre accidentes laborales. Luego, vieron de manera aleatoria seis videos de 10 minutos cada uno: dos de entornos naturales (bosque o arroyo), dos de zonas peatonales urbanas (una tranquila y una concurrida) y dos de áreas de tráfico urbano (también una tranquila y una concurrida).
Los participantes llenaron cuestionarios sobre su estado emocional en tres momentos: antes del estrés, después del estrés y tras ver los videos. Además, se monitorearon sus respuestas fisiológicas en tiempo real. Se midieron indicadores del sistema nervioso simpático, como la conductancia de la piel y el periodo preeyectivo, y del sistema nervioso parasimpático, como la variabilidad de la frecuencia cardíaca y la arritmia sinusal respiratoria, empleando la tecnología VU-AMS.
El análisis psicológico confirmó que ver escenas de naturaleza permitió una recuperación emocional más rápida y profunda en comparación con los paisajes urbanos. Los participantes mostraron mayores incrementos en el afecto positivo y una reducción más notable de la ira y la agresión tras observar los videos de bosques o arroyos. El nivel de recuperación emocional fue similar entre los dos entornos naturales (bosque y arroyo). No se encontraron diferencias significativas en la disminución de la tristeza o el miedo según el tipo de entorno visualizado.
El equipo de la Vrije Universiteit Amsterdam señaló:
“Nuestros resultados confirman la relevancia psicológica de las imágenes de naturaleza para la recuperación del estrés, a la vez que evidencian matices importantes en las respuestas fisiológicas”.
Limitaciones y próximos pasos en la investigación
El estudio reconoce ciertas limitaciones, ya que se centró exclusivamente en la visualización pasiva de imágenes, sin incorporar experiencias sensoriales directas con la naturaleza ni una gama más amplia de escenarios. Tampoco se logró una uniformidad total en las condiciones de luz y sonido de los videos. Se utilizó el instrumento de autoevaluación emocional ZIPERS para mantener la comparabilidad con el estudio original de 1991, aunque existen herramientas más modernas disponibles.
Los autores proponen para futuras investigaciones estudiar la interacción entre elementos visuales y auditivos en contextos naturales simulados, así como ampliar el análisis a nuevas poblaciones. También destacan la necesidad de diseñar intervenciones y espacios terapéuticos que se adapten a los contextos culturales de cada región.
Fuente: Infobae
