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Uso indebido y tráfico de drogas

Uso indebido y tráfico de drogas

El consumo de sustancias ilícitas y drogas de diseño ha aumentado durante las últimas décadas, una realidad que el mundo mira como un fenómeno ya instalado difícil de erradicar. Es uno de los más graves problemas del mundo actual, recurrente y que impone nuevos retos y respuestas innovadoras.

Complica abordarlo porque muchas de las campañas distorsionan y tienen un efecto contrario, pues en lugar de convencer del daño que producen, más bien despiertan la curiosidad de los jóvenes por experimentar con ellas.

Y coincidentemente, el narcotráfico es un negocio que la cantidad de dinero que mueve permea todas las estructuras de poder, tienta a los jóvenes vulnerables que lo ven como solución a sus problemas económicos, soborna a autoridades, y todas las estrategias de organismos y agencias internacionales resultan insuficientes.

Junto con el tráfico de armas y la trata de personas, el narcotráfico, que afecta gravemente la seguridad y el desarrollo mundial, ha sido considerado históricamente como el negocio ilícito más lucrativo para el crimen organizado.

Por su relevancia la Asamblea General de la ONU estableció el 26 de junio como Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, para concienciar sobre este problema y para instar a la sociedad, a los gobiernos, a las instituciones en general, a trabajar por un mundo libre de drogas.

Cuando resaltamos la necesidad de respuestas innovadoras es porque el dominio de sustancias tradicionales es reemplazado por las llamadas drogas sintéticas, más fáciles de producir y difíciles de detectar.

Paradójicamente, mientras las incautaciones aumentan constantemente según cifras oficiales de la mayoría de países, su producción no disminuye y tampoco el consumo, pese a las campañas y a la represión.

Lo que también retrasa todo esfuerzo es que la mayoría de iniciativas desatan prolongados debates que no resuelven nada, porque pública o soterradamente, les conviene o afecta a determinados sectores.

La respuesta a este problema tiene que ser conjunta, además de la represión, involucrar a toda la sociedad, las escuelas, iglesias y todos los grupos sociales, porque trabajar por un mundo sin drogas es trabajar por la vida.