Tras años interpretando un mismo papel, surge la necesidad de explorar una faceta distinta. Entre la profesionalización artística, la precariedad laboral cultural y la presión de un mercado que exige identidades cada vez más definidas, nació la idea de una versión alternativa de mí misma. Alguien más adaptable, eficiente, funcional y simple. Un avatar. Una doble de riesgo. Alguien capaz de sortear las reglas y acceder a los beneficios del mundo laboral, mientras yo persistía en las preguntas que me llevaron al arte y al teatro: ¿cuántas versiones de una misma persona habilita la tecnología? y, a la vez, ¿cuántos espacios se pueden ocupar al mismo tiempo? Así surgió la obra Una otra yo.
La intención nunca fue transformarme en otra persona, sino simplemente tener un reemplazo. De esa fantasía nace la premisa inicial: una actriz sola en un teatro se cuestiona su vida, como una gaviota contemporánea atrapada entre el deseo de crear y las exigencias del mundo. Frente a esa duda aparece una salida: una identidad paralela, una versión de sí misma capaz de lograr lo que ella no sabe conseguir: un empleo formal con obra social y vacaciones pagas.
Así escribí la dramaturgia. Una estaría en un espacio físico y la otra, en otro. Una sería de carne y hueso, y la otra, una realidad virtual. Sin dimensionar la complejidad técnica, compartí el texto con una amiga, quien me conectó con Julieta Kilgelmann, artista radicada entre Santa Fe y Londres, interesada en teatro y tecnología. Desde ese encuentro trabajamos intensamente: hicimos un casting en Santa Fe que dio con la actriz Ana Municoy, quien se entregó por completo a este delirio.

Los ensayos de Una otra yo entre CABA y Santa Fe trajeron desafíos constantes: dirigir a distancia, mantener la conexión a internet estable, diseñar un avatar low tech con recursos mínimos y sostener el riesgo que implica la apuesta. Trabajamos la escena expandida y extendida, donde los espacios trascienden sus límites mediante la conectividad. Nos apropiamos de la precariedad, haciendo un teatro pobre en el sentido de Grotowski: pobre y tecnológico, con toda su belleza y riesgo.
Hoy, donde el trabajo, los vínculos y la vida cotidiana están mediados por pantallas y plataformas, el teatro no es ajeno. El concepto de presencia se rompe al ver la misma performance en lugares y ciudades distintas. En Una otra yo, el teatro expande sus límites hacia una arquitectura blanda, donde la escena se despliega entre territorios, pantallas y cuerpos distantes. Esta obra transterritorial pregunta: ¿cuántas versiones de una misma persona puede habitar alguien para sobrevivir en el presente?
En la obra, una actriz narra la construcción de su avatar. Habla desde un teatro mientras su doble cobra vida en otro lugar, a kilómetros de distancia. Una presencia física y una holográfica dialogan en tiempo real. Original y copia. Cuerpo y proyección. Deseo y adaptación.

La tecnología no es un efecto especial ni una promesa futurista, sino un territorio de disputa. Una herramienta que amplifica posibilidades, pero también difumina los límites de quiénes somos.
Una otra yo surge de una investigación académica de casi quince años sobre teatro por internet. Ahora se convierte en un hecho artístico con estreno en agosto en CABA y Santa Fe, en simultáneo. Una experiencia llena de riesgos y desafíos, lista para ser vivida aquí y allá.
Una otra yo. DOS ÚNICAS FUNCIONES: Domingos 2 y 9 de agosto a las 17hs en simultáneo: En CABA: Área 623 (Pasco 623). Entradas por Alternativa. En Santa Fe: C.C. Provincial “Francisco Paco Urondo” (Junín 2457). Entradas por Etickets
*La autora es la directora de la obra
Fuente: Infobae
