
Durante años se ha dicho que tener una mascota es sinónimo de bienestar emocional, pero un estudio reciente pone en duda esa creencia. Acariciar a un gato cuando su dueño atraviesa un momento de estrés no solo deja de aliviar el malestar, sino que podría incluso potenciar las emociones negativas. Esta es una de las conclusiones más llamativas de un trabajo publicado en la prestigiosa revista Frontiers in Psychology y difundido por Europa Press, que compara la interacción con gatos y perros y cuestiona el papel de las mascotas como amortiguadores emocionales frente al estrés.
La doctora Mayke Janssens, autora principal del estudio y profesora adjunta de psicología en The Open University, explicó que los resultados desafían la idea generalizada de que los animales domésticos ayudan a sobrellevar mejor los episodios de tensión.
“Nuestros hallazgos indican que la capacidad de amortiguar el estrés no es el mecanismo que provoca el bienestar emocional momentáneo al interactuar con una mascota. La interacción con ninguna de las dos especies actuó como amortiguador de las emociones negativas”.
El dato más impactante surgió al analizar el comportamiento de los gatos. Los investigadores observaron que, en los dueños de felinos, una mayor interacción con su mascota durante momentos estresantes se asociaba con un incremento de las emociones negativas. En cambio, entre los propietarios de perros, las interacciones no agravaron el malestar, pero tampoco lograron mejorarlo. El artículo científico sí reconoce que, en términos generales, convivir con una mascota se vincula con más emociones positivas y menos negativas, independientemente de la especie. Según Janssens, esos efectos beneficiosos “parecen ser reales”, pero no se deben a que los animales ayuden a gestionar el estrés en el instante en que aparece. El estudio marca así una clara diferencia entre el efecto emocional general de tener mascota y la hipótesis de que sirva como escudo ante el estrés.
¿Cómo se realizó el estudio?
Para medir esta relación en la vida cotidiana, los participantes recibieron 10 notificaciones diarias durante cinco días seguidos a través de una aplicación móvil. Cada aviso les pedía que indicaran su estado de ánimo, la actividad que realizaban y si estaban cerca de sus mascotas e interactuaban con ellas.
La investigación recolectó un total de 7.963 notificaciones de evaluación ecológica momentánea, una técnica que captura respuestas en tiempo real. El análisis estadístico se basó en modelos de regresión multinivel y se excluyeron los momentos en que coincidían perros y gatos para no entorpecer la comparación entre especies, según detalla Frontiers in Psychology. Los participantes eran mayores de edad y residían en Países Bajos y Bélgica. Para los análisis específicos sobre estrés relacionado con eventos y emociones negativas, la muestra incluyó 1.667 observaciones en el grupo de perros y 718 en el de gatos. El estudio se centró en la interacción activa con la mascota y no simplemente en su presencia.
Los autores del estudio plantean que un posible efecto amortiguador podría depender de que el animal esté simplemente presente, sin necesidad de contacto directo. Sobre el curioso patrón observado en los gatos, los investigadores ofrecen una hipótesis:
“Una posible explicación es que, dado que las interacciones con los gatos suelen ser más pasivas y menos exigentes, un mayor nivel de interacción podría resultar más emotivo. Esto podría no coincidir con la necesidad de apoyo en momentos de estrés”.
Fuente: Infobae
