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Todo Dominicano: cuando el país suena en grande

Todo Dominicano: cuando el país suena en grande

Hay conciertos que se escuchan y otros que se entienden como una toma de posición: Todo Dominicano, presentado este martes 26 de mayo en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, pertenece a esa segunda categoría. Bajo la dirección de Amaury Sánchez y junto a la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo, la música dominicana entró al principal escenario artístico del país no como concesión folklórica, sino como repertorio con derecho propio.

La frase de Sánchez resume el espíritu de la noche: “Soy creyente que la música dominicana debe estar en los más grandes escenarios internacionales, y hoy celebramos que está en el escenario más alto de nuestro país, en su casa”. Para quien suscribe, allí está la clave. No se trataba únicamente de vestir de gala al merengue, al vals, la mangulina o la criolla, sino de recordar que una cultura también se mide por la manera en que escucha su propia música.

Amaury Sánchez celebró la música dominicana en el Teatro Nacional
Amaury Sánchez celebra la música dominicana en el Teatro Nacional

Un recorrido sonoro

El programa funcionó como una pequeña cartografía sonora de la dominicanidad. Yoamicana, de Darwin Aquino, abrió una puerta contemporánea; el Vals Santo Domingo, de Bullumba Landestoy, evocó una elegancia urbana que muchas veces olvidamos; y el Concierto para saxofón y orquesta, de Bienvenido Bustamante, con Samuel Hernández como solista invitado, ofreció uno de los momentos de mayor densidad musical de la velada. La presencia de Hernández no fue un adorno: fue la demostración de que el saxofón, instrumento tantas veces asociado al jazz, la banda o la música popular, también puede cantar con respiración sinfónica.

Concierto para saxofón y orquesta, de Bienvenido Bustamante, con Samuel Hernández

La segunda parte llevó la emoción hacia una zona más reconocible para el público: Magulina y El primer beso, de Julio Alberto Hernández; Fantasía Criolla y Santo Domingo, de Bustamante; y luego ese cierre de alta temperatura emocional con Compadre Pedro Juan, de Luis Alberti, en arreglo del propio Sánchez, junto a versiones sinfónicas de La Bilirrubina, de Juan Luis Guerra, y Caña Brava, de Toño Abreu. El riesgo de estos ejercicios siempre es convertir la orquesta en una maquinaria de brillo superficial. Aquí, sin embargo, la intención fue otra: mostrar que lo popular no necesita pedir permiso para dialogar con lo académico.

Compadre Pedro Juan, de Luis Alberti

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A lo grande

La noche confirma, además, una línea artística que Amaury Sánchez ha venido desarrollando desde hace varios años y que en 2026 adquiere una dimensión especial con sus conciertos temáticos en el Teatro Nacional. Producciones como Todo Beethoven, Todo Tchaikovsky y la anunciada serie de propuestas sinfónicas han funcionado como una escuela informal para nuevos públicos: escuchar grandes nombres universales, comprenderlos desde una puesta moderna y luego descubrir que la música dominicana también puede ocupar ese mismo atril. Esa continuidad programática, junto a la Filarmónica de Santo Domingo, ha alternado repertorio clásico internacional y propuestas centradas en la identidad nacional.

Todo Dominicano recordó algo esencial: la música nacional se engrandece cuando se revela capaz de sostenerse ante una orquesta, una sala llena y una memoria colectiva. Esa fue la verdadera ovación de la noche: no solo para Amaury Sánchez, ni solo para los compositores homenajeados, sino para una idea más ambiciosa sobre la música de nuestro país.