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Tiburón ballena: cámaras revelan sus secretos de caza a 70 m de profundidad

Tiburón ballena: cámaras revelan sus secretos de caza a 70 m de profundidad

A 70 metros bajo la superficie de Ningaloo, en Australia Occidental, un tiburón ballena surca el océano en busca de presas. Una diminuta cámara instalada en su aleta dorsal capturó algo nunca antes visto: el pez más grande del mundo persigue una nube de kril y, de repente, cambia su táctica de caza en un entorno donde el alimento escasea. La grabación, realizada por un equipo científico internacional, transforma lo que se sabía sobre la alimentación de esta especie y plantea interrogantes sobre su capacidad de adaptación.

El tiburón ballena suele medir entre 12 y 18 metros de largo, aunque los ejemplares adultos más grandes pueden superar los 18 metros. El ejemplar más grande registrado alcanzó los 18,8 metros. Durante décadas, el conocimiento sobre el comportamiento de estos gigantes marinos se basó en observaciones desde botes o con snorkel. Estos métodos solo permiten estudiar una mínima parte de su vida; gran parte de sus acciones bajo el agua sigue siendo un misterio.

En la nueva investigación, publicada en la revista Marine Biology, los científicos emplearon etiquetas electrónicas con cámaras y sensores de movimiento de alta resolución. Estos dispositivos se fijaron en la aleta dorsal de ejemplares juveniles cerca de Ningaloo, un sitio reconocido por la agregación de esta especie, ubicado en la costa oeste de Australia Occidental, a unos 1.200 kilómetros al norte de Perth, junto al Océano Índico. Las cámaras permanecieron en los animales durante 24 horas y luego se desprendieron automáticamente, lo que permitió recuperar los datos sin causar daño a los tiburones.

El impacto del experimento fue inmediato: por primera vez, el equipo observó de cerca cómo los tiburones ballena alternan entre distintos modos de caza a lo largo de toda la columna de agua, desde la superficie hasta profundidades de 70 metros.

Alimentación flexible en aguas impredecibles

Uno de los hallazgos más reveladores contradice la creencia de que los tiburones ballena solo se alimentan en la superficie. “Descubrimos que los tiburones ballena usan una mezcla de varios comportamientos de alimentación a lo largo de toda la columna de agua y junto al fondo marino”, explicaron los investigadores en The Conversation.

El análisis de los videos, junto con la revisión de más de 100 estudios científicos previos, permitió construir el mayor catálogo de conductas de la especie hasta la fecha, con 36 comportamientos distintos identificados. Entre ellos destaca el “deslizamiento lento” cerca del fondo, donde el animal avanza con la boca abierta, y la “caza activa” en la superficie, cuando persigue enjambres densos de kril. Es decir, el tiburón ballena adapta su forma de comer según la densidad de alimento disponible en su entorno.

La explicación es directa: muchas veces, los tiburones ballena optan por conductas de bajo esfuerzo para alimentarse en aguas con baja densidad de presas, y solo despliegan estrategias más activas cuando encuentran bancos abundantes de kril. “Es como picotear de la despensa mientras decidís qué vas a cocinar para la cena”, resume la autora principal del estudio, Christine Barry.

Una cámara instalada en la aleta dorsal del animal captó cómo el tiburón ballena cambia su estrategia de caza frente a la escasez de alimento - crédito Parques Nacionales Naturales de Colombia

Un menú variado para sobrevivir en el trópico

El trabajo revela que los tiburones ballena presentan una flexibilidad de forrajeo excepcional, mayor que la detectada en otros grandes filtradores como el tiburón peregrino o las ballenas. Esta variedad podría explicar cómo la especie logra sobrevivir en aguas tropicales, donde el alimento suele estar disperso y en cantidades limitadas. La amplitud de estrategias alimenticias se convierte en una ventaja crucial en hábitats impredecibles.

“Si los investigadores logran colocar más cámaras en tiburones ballena en otros puntos del mundo, seguramente surgirán nuevos hallazgos y el conocimiento sobre esta especie seguirá creciendo”, concluyen los autores.

El registro audiovisual, obtenido por un equipo internacional, cuestiona teorías previas sobre la alimentación de la especie (Wikimedia Commons)

La investigación no solo documentó la caza activa de kril en la superficie, un comportamiento nunca antes filmado desde la perspectiva del animal, sino que también identificó seis modos principales de alimentación de bajo esfuerzo. Este hallazgo sugiere que la especie pasa la mayor parte del tiempo “snackeando” en aguas pobres en alimento, a la espera de encontrar una concentración significativa de presas.

Las cámaras, al registrar tanto el entorno como el movimiento del tiburón, permitieron correlacionar imágenes con datos precisos sobre la profundidad y la velocidad del animal. Así, los científicos lograron construir un etograma —un inventario de conductas— con un nivel de detalle sin precedentes. Es decir, una lista organizada que describe cada comportamiento observado y su contexto.

Las cicatrices que sufren por culpa de los humanos

Otro estudio, publicado el año pasado en Frontiers in Marine Science, reveló que casi el 77% de los tiburones ballena presentaban heridas causadas por actividades humanas. Durante trece años, un equipo de científicos reunió información en Bird’s Head Seascape, un área marina ubicada en el extremo noroeste de la isla de Nueva Guinea, dentro de la provincia de Papúa Occidental, Indonesia. Esta región alberga una de las mayores poblaciones de tiburón ballena del planeta, que se congregan en aguas donde abundan plataformas llamadas “bagans”.

Se trata de estructuras de madera y flotadores instaladas por los pescadores locales, que colocan grandes redes bajo estas plataformas. Por las noches, luces potentes atraen bancos de peces como anchoas y sardinas.

Cuando los peces se agrupan bajo el bagan, los pescadores levantan la red y los capturan. Los tiburones ballena, atraídos por la actividad y los restos de carnada, se acercan a estas plataformas y quedan expuestos a golpes y cortes con redes, sogas o las propias estructuras. Hoy esos animales lucen cicatrices como evidencia de la convivencia forzada con la pesca y el turismo.

“Las cicatrices y lesiones más comunes aparecen por el contacto con bagans y barcos turísticos, y muy pocas veces por depredadores naturales”, explicó Edy Setyawan, del Instituto Elasmobranch de Indonesia y autor principal del estudio. El 80% de las heridas analizadas surgieron por interacción con estructuras o embarcaciones humanas, y no por otros animales.

Según los investigadores, las zonas donde hay turismo y bagans concentran a los tiburones jóvenes, y allí se ven la mayoría de las lesiones.

En la población observada predomina una mayoría de machos jóvenes, mientras que las hembras adultas son muy escasas. Esto sugiere que las hembras suelen permanecer más lejos de la costa, posiblemente en mar abierto, donde hay menos redes y menos actividad humana.

Fuente: Infobae