
Santo Domingo. El Gobierno de Irán declaró «oficialmente» terminada el 16 de junio la guerra que lo enfrentó a Estados Unidos e Israel, tras concluir la primera fase de un memorando de entendimiento negociado con Washington.
El anuncio cierra un ciclo de hostilidades que incluyó la Guerra de los Doce Días de junio de 2025 y la llamada Guerra del Ramadán, iniciada con los ataques israelo-estadounidenses de finales de febrero de 2026. Con el acuerdo sobre la mesa, la pregunta de fondo es si la ofensiva alcanzó los objetivos que se plantearon para justificarla.
Los cuatro objetivos que motivaron el ataque
Según reconstrucciones publicadas meses después por el New York Times, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acompañado del director del Mosad, David Barnea, presentó a Donald Trump cuatro argumentos para atacar a Irán.
El primero, que las fuerzas israelíes y estadounidenses podrían destruir los misiles balísticos iraníes en cuestión de semanas.
El segundo, que Irán era demasiado débil para cerrar el estrecho de Ormuz. El tercero, que protestas callejeras impulsadas por el Mosad podrían desencadenar una revolución interna. Y el cuarto, que milicianos kurdos-iraníes exiliados en Irak podrían emprender una invasión terrestre.
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Esos planteamientos enfrentaron escepticismo dentro del propio gobierno estadounidense. El director de la CIA, John Ratcliffe, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el general Dan Caine cuestionaron el plan, y Rubio calificó de irrealista la idea de un cambio de régimen. Aun así, Trump decidió ordenar el ataque.
Qué pasó con cada objetivo
Al cierre de las hostilidades, ninguno de los cuatro objetivos se materializó como se había previsto.
Los misiles balísticos no fueron neutralizados en semanas: Irán mantuvo lanzamientos contra Israel y contra bases estadounidenses en Catar, Kuwait, Baréin y Jordania a lo largo del conflicto. El propio acuerdo deja el programa de misiles y el nuclear para una segunda fase de negociación, lo que confirma que la capacidad iraní no fue desmantelada militarmente.
La premisa sobre el estrecho de Ormuz también quedó en entredicho. El tránsito marítimo se interrumpió durante la guerra y disparó los precios de la energía, hasta el punto de que el memorando tuvo que incorporar la reapertura y estabilización de Ormuz como uno de sus ejes. Lejos de demostrar debilidad, Irán exhibió su capacidad de presión sobre esa ruta estratégica.
La revolución interna no ocurrió. El gobierno iraní reprimió las protestas de 2025-2026 y se mantuvo en el poder. Tampoco se concretó una invasión terrestre desde Irak que alterara el control del territorio iraní.
Qué resultados dejó el acuerdo de paz
El entendimiento se estructuró en dos etapas, con mediación de Qatar y Pakistán y sedes de negociación en Suiza. En la primera fase, las partes consolidaron el cese de hostilidades, la estabilización del tránsito comercial por Ormuz, la descongelación de fondos iraníes en el exterior y planes conjuntos de reconstrucción.
La segunda fase abre un plazo de 60 días para confeccionar un tratado definitivo que aún debe abordar el levantamiento de sanciones, el enriquecimiento de uranio, las reservas estratégicas y el futuro del programa nuclear iraní.
La firma formal se prevé en Ginebra, con el vicepresidente estadounidense JD Vance al frente de su delegación y el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, por Teherán.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, afirmó que la guerra terminó oficialmente en todos los frentes. Desde el ala militar, el jefe del Ejército, general Amir Hatami, sostuvo que los adversarios fracasaron en forzar la rendición del país o modificar su soberanía territorial. Teherán presentó el desenlace como una victoria estratégica.
Del lado contrario, distintos análisis describieron el resultado como un retorno parcial al statu quo previo, sin que se alcanzaran plenamente los objetivos estratégicos de Washington. En Israel, Netanyahu enfrentó críticas internas porque el acuerdo no garantiza una retirada iraní de la región ni limita de forma inmediata su capacidad nuclear, dos de las metas de seguridad que el gobierno israelí había fijado. El pacto, además, se interpretó como un factor que debilitó políticamente al primer ministro y expuso fricciones con Estados Unidos.
En el plano económico, el anuncio tuvo efectos inmediatos: el precio del petróleo cayó alrededor de 5 % y el barril de Brent tocó mínimos de marzo, en reacción a la expectativa de normalización del suministro.
Un balance todavía abierto
Con la información disponible, la ofensiva no logró los cuatro objetivos que se invocaron para justificarla, y el conflicto terminó con un acuerdo que aplaza a una segunda fase los puntos más sensibles. No obstante, se trata de un proceso en curso: el tratado definitivo aún no se ha firmado y su cumplimiento dependerá de las negociaciones de los próximos dos meses, en un escenario regional donde persisten tensiones y desconfianza entre las partes.
