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Sanate: huellas de un pasado colonial

Sanate: huellas de un pasado colonial

Por primera vez en el país, especialistas nacionales e internacionales se unieron en un proyecto conjunto orientado a culminar importantes investigaciones arqueológicas

El 17 de julio de 1976, una investigación sin precedentes comenzó a revelar los secretos de uno de los escenarios coloniales más importantes de la República Dominicana. En la zona de Sanate, próxima a Higüey, arqueólogos, historiadores y científicos nacionales e internacionales unieron conocimientos para estudiar los vestigios de antiguas comunidades indígenas, ingenios azucareros y obras de ingeniería construidas durante el período español.

Las páginas de elCaribe recogieron aquel esfuerzo encabezado por el Museo del Hombre Dominicano, considerado el primer proyecto interinstitucional e internacional de gran escala realizado en el país. En esta entrega de Zona Retro recordamos aquella iniciativa que permitió profundizar en el conocimiento del pasado colonial dominicano.

Un esfuerzo científico sin precedentes

Con el propósito de desarrollar el primer proyecto de investigación interinstitucional e internacional de gran alcance en el país, el Museo del Hombre Dominicano convocó a destacadas personalidades del ámbito académico para trabajar junto a historiadores y arqueólogos dominicanos.

De acuerdo con las informaciones publicadas en la prensa de la época, el entonces director del Museo del Hombre Dominicano, arquitecto José Antonio Caro Álvarez, explicó que la iniciativa buscaba concluir los estudios iniciados en la zona de Sanate, próxima a Higüey. Para ello, la institución invitó a especialistas del Museo de las Casas Reales y del Jardín Botánico a integrarse a las labores de investigación.

Además, Caro Álvarez gestionó la incorporación al proyecto de reconocidos especialistas internacionales, entre ellos el historiador español Manuel Ballesteros Gaibrois, el arqueólogo venezolano José María Cruxent, el historiador puertorriqueño Manuel Alegría y otros científicos de prestigio mundial.

Para entonces, un equipo integrado por expertos dominicanos y puertorriqueños ya desarrollaba labores de investigación en la zona desde hacía varias semanas, como parte de los estudios arqueológicos e históricos emprendidos en Sanate.

De acuerdo con Caro Álvarez, la zona de Sanate albergaba un importante conjunto arqueológico integrado por un yacimiento lítico precerámico, un asentamiento ostionoide vinculado a la cultura chicoide, las ruinas de un ingenio colonial y la que entonces era considerada la obra de ingeniería civil más relevante del período español descubierta en el país: un acueducto del siglo XVI, de extraordinaria extensión para su época, construido con el propósito de abastecer de agua a un ingenio azucarero que finalmente nunca llegó a establecerse.

Asimismo, las investigaciones realizadas por el Museo del Hombre revelaron que, en las inmediaciones del ingenio, funcionó una importante alfarería, cuyos hallazgos aportaron nuevas evidencias sobre la actividad productiva y la ocupación del lugar durante la época colonial.

De acuerdo con las investigaciones, en el paraje de Sanate convivió una numerosa población integrada por indígenas, esclavos africanos y colonizadores españoles. Según explicó José Antonio Caro Álvarez, la magnitud de las edificaciones halladas evidenciaba la importancia histórica del asentamiento, por lo que consideró que el área debía ser declarada de interés arqueológico e histórico y recibir protección especial para garantizar la conservación de los vestigios que aún permanecían en el lugar.

Sanate, un territorio de gran riqueza histórica

En ese contexto, el director del Museo del Hombre indicó que la zona no estaba siendo utilizada para actividades agrícolas y explicó que el avanzado deterioro de las antiguas estructuras obedecía, en gran medida, a la extracción de materiales por parte de particulares para emplearlos en nuevas edificaciones, una situación similar a la ocurrida en el antiguo asentamiento de La Isabela.

Según explicó el arquitecto José Antonio Caro Álvarez, quienes ocupaban el área en ese momento presentaban un marcado rezago en sus prácticas productivas, por lo que su actividad se orientaba más a la recolección que a la agricultura.

El profesor Chanlatte dirige en el Museo del Hombre Dominicano el proceso de clasificación de los fragmentos de cerámica encontrados durante las excavaciones.

Mientras tanto, el equipo del Museo del Hombre Dominicano, reforzado por especialistas puertorriqueños, desarrolló durante tres semanas una intensa jornada de investigación que incluyó excavaciones, registro fotográfico, estudios de la vegetación pre y post colombina, así como el levantamiento de información a partir de los vestigios arqueológicos localizados en el lugar.

Un patrimonio que necesitaba protección

Las investigaciones establecieron que el ingenio de Sanate, cuyas ruinas habían sido identificadas recientemente, fue levantado por el hacendado español Juan de Villoria durante la segunda mitad del siglo XVI. Villoria era propietario de una importante hacienda y de varias residencias de prestigio en la ciudad de Santo Domingo.

Según explicó el director del Museo del Hombre Dominicano, los vestigios conservados permitían apreciar la magnitud del antiguo complejo industrial. Entre sus principales características destacaban un acueducto propio y evidencias que sugerían el uso de energía hidráulica para su funcionamiento.

Acueducto y alfarería

Caro Álvarez también explicó que el acueducto fue construido para abastecer de agua al ingenio azucarero de Melchor de Castro, ubicado a orillas del río Chavón. Según indicó, la estructura conservaba en perfecto estado uno de sus arcos, por donde el agua atravesaba un afluente del mismo río.

Añadió que los habitantes del paraje conocían esta obra como La Compuerta; sin embargo, precisó que en realidad se trataba de un acueducto de la época colonial.

Las investigaciones también permitieron localizar, junto al ingenio de Sanate, los vestigios de una extensa alfarería. Según explicó Caro Álvarez, el área cubierta por fragmentos arqueológicos abarcaba una superficie considerable, estimada en más de 10 mil metros cuadrados.

El director del Museo del Hombre informó, además, que en cuatro grandes depósitos se hallaron restos de ladrillos, tejas y moldes utilizados para la elaboración de azúcar. Asimismo, señaló que las excavaciones en varios pozos permitieron recuperar piezas de cerámica colonial, aportando nuevas evidencias sobre la actividad desarrollada en el lugar.

En ese contexto, Caro Álvarez explicó que las investigaciones también buscaban determinar si en ese lugar se elaboraron por primera vez en el país piezas de mayólica. Asimismo, durante las excavaciones fueron recuperados clavos de hierro y otros objetos metálicos de valor arqueológico.

Semanas de investigación

Para el desarrollo de la investigación, el equipo instaló un campamento compuesto por cuatro grandes tiendas destinadas a las labores de trabajo, comedor y dormitorios, además de cuatro tiendas individuales equipadas con electricidad, lo que permitía continuar durante la noche con la clasificación del material recuperado y la elaboración de dibujos y registros técnicos.

A lo largo de tres semanas, los especialistas realizaron excavaciones, registros fotográficos, estudios de la vegetación y otras labores de campo. Los resultados de estas investigaciones fueron posteriormente recopilados y publicados en el Boletín del Museo del Hombre Dominicano.

Investigación arqueológica

Finalmente, el arquitecto José Antonio Caro Álvarez informó que las excavaciones realizadas en los montículos residuales y en los terrenos contiguos al ingenio de Sanate permitieron recuperar una valiosa cantidad de material arqueológico, el cual fue analizado de manera conjunta por profesores y estudiantes participantes en la investigación.

Como resultado de esos estudios, los investigadores identificaron con claridad tres períodos culturales: ostionoide, subtaíno y taíno. Según explicó Caro Álvarez, el período subtaíno correspondía a la tradición Meillac, mientras que los hallazgos de herramientas líticas, conchas y restos de alimentación reflejaban las características propias de cada una de estas manifestaciones culturales.