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¿Qué decisiones rápidas ponen en riesgo nuestra información?

¿Qué decisiones rápidas ponen en riesgo nuestra información?

Cuando aceptamos rápido los permisos de aplicaciones aumenta la superficie de exposición de nuestros datos

Había una vez un tiempo en que no dependíamos de contraseñas, códigos QR ni aplicaciones de delivery. Hoy, la instantaneidad nos arropa y corremos para no quedarnos atrás, cayendo en una vorágine tecnológica donde damos clics rápidos que ponen en riesgo nuestra información personal.

.Para entenderlo, conversamos con Nayely Lara Cabrera, ingeniera en Ciberseguridad, quien advierte que el peligro radica en las decenas de decisiones digitales que tomamos a diario casi sin pensar. Una de ellas es el uso del modo incógnito. Muchos creen que navegar así o borrar el historial equivale a ser invisibles, pero ella aclara que esa es una de las falsas sensaciones de seguridad más comunes.

De hecho, según el Data Breach Investigations Report (DBIR) 2026 de Verizon, el factor humano estuvo presente en el 62 % de las brechas de seguridad analizadas, lo que refleja cómo las pequeñas acciones cotidianas influyen directamente en la exposición a riesgos.

El modo incógnito solo evita que el dispositivo guarde el historial, pero los sitios web, el proveedor de internet y el administrador de la red siguen viendo tu actividad.

Esta falsa confianza también se traslada a la hora de conectarnos a internet en la calle. “La señal que muchas personas ignoran es pensar que, si es gratis y funciona, no pasa nada. En ciberseguridad ocurre todo lo contrario: mientras más pública sea una red, más precauciones debemos tomar. Si vas a acceder a tu banco en línea, realizar una compra o consultar información sensible, lo más recomendable es utilizar tus datos móviles o una red de confianza”, expresó Nayely.

Algo similar ocurre al instalar aplicaciones de comida, ejercicio o edición de fotos, donde es común aceptar los permisos por prisa o costumbre. La alerta debe encenderse cuando una aplicación pide acceso a datos ajenos a su función; un delivery, por ejemplo, no necesita tener acceso a tus contactos, micrófono o galería.

Lara señala que los permisos aumentan la superficie de exposición de nuestros datos y que, más que aceptar todo por defecto, debemos detenernos unos segundos y preguntarnos si esa información es realmente necesaria para que la aplicación funcione.

Por otro lado, la reutilización de contraseñas con ligeras variaciones crea un peligroso efecto dominó: si una sola cuenta es comprometida, las demás quedan en riesgo.

La experta asegura que, aunque muchos piensen que no tienen nada valioso que les puedan robar, un correo electrónico es la llave de acceso a múltiples servicios y recuperaciones de identidad. El valor de los datos no es individual, sino lo que permiten hacer en cadena, convirtiéndose en una de las debilidades más explotadas por los atacantes.

“En ciberseguridad no se trata si tienes algo relevante, sino de cuántas puertas puede abrir esa información dentro de tu vida digital”, explicó Lara.

Respecto a los códigos QR, la primera señal de alerta es la fuente. Si están en lugares públicos sin verificación, como pegatinas sobrepuestas o carteles improvisados, o si el enlace llega de un contacto desconocido, hay que actuar con precaución.

Nayely recomienda revisar el enlace antes de abrirlo, ya que muchos sitios maliciosos imitan direcciones reales cambiando una sola letra.

Lo más seguro es usar aplicaciones o la cámara del teléfono que permitan visualizar el enlace antes de acceder; si algo parece demasiado urgente o fuera de contexto, la regla es simple: detenerse y verificar.

Esa misma prudencia aplica a las redes sociales, donde compartir el café de la mañana, la oficina o un pase de abordar revela más de lo deseado. Una fotografía expone ubicaciones, horarios e información de fondo, además de los metadatos del archivo.

“Para un ciberdelincuente, estos detalles individuales se unen para construir un perfil de la persona y diseñar fraudes de ingeniería social muy creíbles, por lo que vale la pena pensar qué estamos mostrando antes de publicar”, aseguró la ingeniera.

La buena noticia es que mejorar la seguridad digital no requiere conocimientos avanzados ni mucho tiempo. En menos de cinco minutos, cualquiera puede adoptar tres pasos clave: primero, revisar y desactivar los permisos innecesarios de las aplicaciones; segundo, activar la autenticación en dos pasos en correos, banca y redes sociales; y tercero, instalar las actualizaciones pendientes del sistema operativo para corregir vulnerabilidades conocidas.

Como afirma Lara, la ciberseguridad consiste en adoptar pequeños hábitos que marcan una gran diferencia, porque cinco minutos hoy pueden evitar un problema serio mañana.

Esta confianza también nos hace relajar las defensas en WhatsApp, que se ha vuelto una herramienta esencial. Un error común es enviar fotos de identificaciones, transferencias o códigos de verificación sin confirmar el receptor.

La ingeniera advierte que señales como recibir un código no solicitado, que alguien nos lo pida, perder el acceso a la cuenta o que nuestros contactos reciban mensajes extraños indican un intento de fraude.

La mejor protección sigue siendo desconfiar de lo inesperado, activar la comprobación en dos pasos en la app y confirmar cualquier solicitud sensible por otra vía.

“Mi recomendación es desarrollar el hábito de detenernos unos segundos antes de hacer clic, compartir un dato personal o aceptar una solicitud. La mayoría de los ataques no ocurren porque la tecnología falle, sino porque los ciberdelincuentes aprovechan el descuido, la confianza o la prisa”, aseguró.

Al final, la ciberseguridad nos involucra a todos. En un mundo hiperconectado, la mejor herramienta de defensa sigue siendo el criterio de cada persona, manteniendo una ciudadanía digital consciente, informada y responsable.