
Con el paso de los meses, el cuerpo humano va acumulando una carga de tensiones que surge tanto del ritmo constante y exigente en el trabajo como de las noches con sueño insuficiente. Cuando esa presión finalmente comienza a disminuir, el organismo libera parte de las tensiones que había guardado.
Un estudio publicado en la revista European Psychologist analiza este mecanismo y señala que el cuerpo necesita un período de transición para reconocer que es posible relajarse y dejar de estar en alerta. Si esa transición no ocurre, el descanso de las vacaciones llega demasiado tarde y el periodo de recuperación se aprovecha menos.

Este proceso explica la llamada enfermedad del ocio: un fenómeno por el cual muchas personas sienten síntomas justo al comenzar sus vacaciones. Estos pueden incluir dolor de garganta, migrañas, fiebre o fatiga, entre otros.
La explicación está en la fisiología del estrés crónico. Después de un periodo extenso de hipervigilancia y sobrecarga mental, el sistema nervioso sigue operando en modo de alerta, aunque el cuerpo ya esté en reposo. Los niveles de cortisol, la hormona del estrés, no bajan de inmediato al cesar la exigencia; requieren tiempo para reducirse.

De manera similar, el sistema digestivo necesita un lapso para estabilizarse, y el sueño demanda un proceso antes de volverse reparador. Los primeros tres o cuatro días de vacaciones constituyen un periodo inicial de recuperación para el organismo.
Investigadores como Sabine Sonnentag, Charlotte Fritz y Mika Kivimäki, quienes han estudiado los procesos de recuperación psicológica y la relación entre el estrés crónico y la salud física, llegaron a la misma conclusión.
Cómo prevenir la enfermedad del ocio
Especialistas en bienestar sugieren medidas para prevenirla. La coach Fleur Leventhal diseñó el programa Reinicio de verano, de cinco días, que busca facilitar la transición antes de las vacaciones. Leventhal explicó:
“Volver a conectar con uno mismo, con el propósito de estar realmente listo y preparado desde el primer día de las vacaciones”.

El programa se estructura en cinco pilares:
- Alimentación antiinflamatoria
- Sueño reparador
- Actividad física adaptada
- Regulación del sistema nervioso
- Prácticas de desarrollo personal
Esta estrategia busca favorecer la homeostasis, el equilibrio fisiológico, mental y emocional que suele deteriorarse por los ritmos de vida del año. Leventhal enfatiza la importancia de prestar atención al descanso.
En una rutina donde la acción constante y la productividad desplazan la reflexión, estas prácticas buscan interrumpir el modo de piloto automático y recuperar la atención consciente. La especialista afirmó:
“Este tipo de prácticas promueven una invitación a realizar un cambio de actitud que sea mucho más profundo, orientado a reaprender a ser, en vez de enfocarse únicamente en aquello que tiene que ver con el hacer”.
Fuente: Infobae
