
Un hecho curioso que muchos ecuatorianos han experimentado: se puede narrar con precisión dónde y con quién se vio el gol de la victoria en el Mundial de Qatar 2022, pero al mismo tiempo cuesta trabajo recordar qué se almorzó el miércoles pasado.
Esta paradoja cotidiana tiene una explicación científica y los especialistas del Grupo INECO —organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales— la han estudiado a fondo. Según el doctor Guido Dorman, Jefe del Departamento de Neurología Cognitiva de INECO, el cerebro humano no funciona como una cámara de video que lo graba todo.
“El cerebro recibe una cantidad inmensa de información constantemente. Para operar de manera eficiente, necesita seleccionar qué experiencias vale la pena conservar y cuáles puede descartar”, explica el especialista.
Los factores que deciden qué recordamos
Esa selección no es aleatoria. El cerebro prioriza la información basándose en la atención, la novedad, la relevancia personal y, sobre todo, la emoción. Cuando un evento despierta una respuesta emocional fuerte, distintas regiones cerebrales trabajan en equipo para consolidar ese recuerdo.

Dos estructuras juegan un rol protagónico en este proceso: el hipocampo y la amígdala. El hipocampo se encarga de formar nuevos recuerdos episódicos, esos que nos permiten revivir acontecimientos específicos de nuestra vida. La amígdala, por su parte, procesa la carga emocional y actúa como un amplificador cuando la experiencia genera alegría, miedo, sorpresa o tensión.

“Las emociones funcionan como una señal para el cerebro. Le indican que aquello que está ocurriendo es importante y merece ser recordado”, añade el doctor Dorman.
El Mundial: el cóctel perfecto para la memoria
Los grandes eventos deportivos reúnen todos los ingredientes necesarios para fijar un recuerdo imborrable. Generan emociones intensas, capturan nuestra atención durante horas y suelen vivirse en compañía. Además, son hechos poco frecuentes y cargados de significado cultural.

“Los recuerdos vinculados al Mundial son un ejemplo fascinante de memoria emocional y memoria colectiva. No solo registramos el hecho deportivo, sino el contexto y las personas con quienes lo compartimos”, detalla el neurólogo.
A esto se suma la repetición. Las imágenes de un gol histórico se reproducen una y otra vez en televisión, redes sociales y conversaciones, reforzando la huella cerebral cada vez que se evocan.
¿Por qué lo rutinario se desvanece?
En el extremo opuesto están las actividades diarias, que transcurren con niveles bajos de atención y emoción. La rutina vuelve automáticas muchas acciones y el cerebro dedica menos recursos a registrar esos detalles. Por eso cuesta tanto recordar un martes cualquiera.

Sin embargo, el doctor Dorman aclara que “olvidar también es una función adaptativa. Si recordáramos todo, sería imposible organizar la información relevante y tomar decisiones de manera eficiente”.
Los especialistas de INECO ofrecen algunas recomendaciones para fortalecer la memoria en la vida cotidiana:
- Prestar atención plena a lo que se hace, evitando la multitarea.
- Asociar información nueva con emociones o experiencias personales.
- Repasar mentalmente los eventos del día antes de dormir.
- Mantener una vida social activa, que estimula la cognición.
- Dormir bien, ya que el sueño consolida los recuerdos.






“Los recuerdos más duraderos son aquellos que logran conectar información, emoción y significado personal. Por eso algunos momentos deportivos permanecen vivos durante décadas y se convierten en parte de nuestra historia individual y colectiva”, concluye el doctor Dorman.
Tal vez no recordemos qué hicimos la semana pasada, pero seguramente dentro de muchos años podremos describir con lujo de detalles dónde estábamos cuando vivimos uno de esos instantes que el cerebro decidió grabar para siempre.
Fuente: Infobae
