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Oak Street: Dinosaurios arrasan en un tranquilo barrio de 1982

Oak Street: Dinosaurios arrasan en un tranquilo barrio de 1982

El ataque de dinosaurios en un apacible vecindario es el eje central de la nueva cinta de David Robert Mitchell. Ambientada en 1982, la historia sigue a la familia Platt, compuesta por Denise (Anne Hathaway) y Greg (Ewan McGregor), junto a sus hijos Audrey (Maisy Stella) y Brian (Christian Convery), además de su perro Starbuck.

Una noche, una luz cegadora y un temblor sacuden su hogar. Al despertar, descubren que la flora y fauna han mutado: plantas exóticas que se extinguieron hace millones de años y criaturas prehistóricas deambulan por su calle. Algunas son inofensivas, pero otras buscan devorar todo a su paso. La explicación del fenómeno, si es que llega, es mínima y casi simbólica, lo que aleja a quienes busquen una justificación lógica para lo irreal.

Mitchell, quien también firma el guion, construye una atmósfera inquietante desde el inicio. Cada miembro de los Platt guarda secretos o sueños truncados. Los niños escuchan las discusiones de sus padres, y la tensión crece. Esta capa psicológica, casi surrealista, recuerda a trabajos anteriores del director como Te sigue (2015) y El misterio de Silver Lake (2019), así como a la estética de Sofia Coppola en Las vírgenes suicidas.

La cinta juega con las expectativas: los Platt se arman con objetos cotidianos, pero no todos funcionan como armas letales. En un detalle sutil, Denise conduce mientras Greg va de copiloto, desafiando el cliché de que el hombre siempre va al volante. La película avanza sin relleno: las persecuciones son breves, las muertes son rápidas y brutales, y la duración de 1 hora 40 minutos se siente refrescante.

Un aspecto curioso es cómo Mitchell introduce elementos que parecen importantes pero luego los deja de lado. Audrey, descrita como una apasionada del espacio que observa el cielo, podría ser la clave para entender el fenómeno, pero la trama toma otro rumbo. El final de la calle Oak no es una película convencional. Su rareza, a ratos involuntaria, la distingue de otras producciones de verano.

La yuxtaposición del sueño americano con un caos que desafía la naturaleza es su punto más interesante. Lo extraño no solo está afuera, sino también dentro de los personajes. La pregunta es cómo se aprende a vivir con ello.

Clasificación PG-13 por lenguaje, violencia y una criatura particularmente espantosa. En cines.

Fuente: Infobae