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Museos insólitos: cabello, mal arte y relaciones rotas

Museos insólitos: cabello, mal arte y relaciones rotas

En diversos lugares del planeta existen espacios que abandonan la rigidez tradicional para abrazar lo inesperado. Estos recintos resguardan no la belleza convencional, sino las expresiones más singulares, íntimas y perturbadoras de la humanidad. Son sitios donde lo descartado, lo fallido, lo biológico o lo sumergido adquieren estatus de culto y desafían toda noción sobre qué objetos merecen ser preservados para la vista del público.

Históricamente, la institución museística elevó sus muros para venerar la belleza inalcanzable, la épica de civilizaciones extintas o el genio irrepetible. En los márgenes, sin embargo, florece una red de recintos alternativos. Colocar un objeto dentro de una vitrina —ya sea un mechón de cabello, un tostador nacido del rencor o un órgano preservado en formol— basta para transformar la mirada colectiva y convertir lo cotidiano en documento antropológico. A continuación, un recorrido por algunos de los templos más extraordinarios de ese mapa disidente.

Más de 16.000 mechones de mujeres de todo el mundo cuelgan de las paredes de un taller subterráneo en Capadocia, cada uno con una nota manuscrita (Foto: Museo del Cabello de Avanos)

La gruta de los mil suspiros

En 1979, el alfarero Galip Körükçü recibió un obsequio peculiar: una mujer que se marchaba de Capadocia le entregó un mechón de su cabello para no ser olvidada. Ese acto melancólico dio origen al Museo del Cabello de Avanos, también conocido como la Gruta de los Mil Suspiros. En las profundidades de un taller subterráneo de piedra, más de 16.000 mechones de mujeres de todo el mundo cuelgan de paredes y techo, cada uno acompañado de una pequeña nota manuscrita. La colección obtuvo el récord Guinness como el mayor archivo biográfico de cabello humano del planeta.

Dos veces al año, Körükçü desciende a la penumbra junto al primer visitante de la mañana y selecciona a ciegas diez muestras de la pared. Las mujeres elegidas reciben un viaje con todos los gastos pagos a Capadocia para aprender el arte del barro. El lugar funciona como un archivo poético donde la memoria sigue viva. Las notas manuscritas guardan detalles que el museo protege con protocolos de privacidad estrictos, adoptados ante la proliferación de la fotografía digital en alta resolución.

El Mütter Museum conserva láminas del cerebro de Einstein y 2.374 objetos extraídos de vías respiratorias de pacientes a lo largo de 75 años (Foto: Mütter Museum of the College of Physicians of Philadelphia / The Washington Post)

Mütter Museum de Filadelfia

Fundado en 1863 por el Colegio de Médicos de Filadelfia, el Mütter Museum fue concebido para la instrucción científica de la era victoriana y se consolidó como un monumento a la fragilidad humana. Entre sus estanterías de caoba y vitrinas de época descansan láminas histológicas con cortes transversales del cerebro de Albert Einstein, que permiten al visitante contemplar la materia física donde se fraguó la teoría de la relatividad.

Junto a esa reliquia figura la Colección Chevalier Jackson: un mueble cuyos cajones desplegables custodian 2.374 objetos reales —imperdibles abiertos, botones de nácar, monedas, diminutos juguetes de plomo y dentaduras— extraídos de las vías respiratorias y esófagos de pacientes a lo largo de 75 años, sin cirugía invasiva. El museo enfrenta hoy debates éticos sobre la exhibición de restos humanos, pero mantiene su postura y se define como un espacio de reverencia médica.

El Museo del

Museum of Bad Art de Massachusetts

En 1994, Scott Wilson, Jerry Reilly y Louise Reilly Sacco rescataron de un contenedor de basura una pintura titulada Lucy in the Field with Flowers y fundaron el Museum of Bad Art (MOBA). La institución celebra la pasión sincera de aquellos creadores cuya destreza técnica naufragó en el intento y admite solo el entusiasmo genuino que derivó en desastre estético. Su curaduría descarta el 90% de las donaciones por no ser “suficientemente malas” y rechaza cualquier intento de ironía impostada.

La pieza central de la colección es Eileen, una figura de rostro deformado recuperada de un camión de residuos, aclamada como la Gioconda del arte fallido. Su historia incluye la saga de robos más descabellada del mundo del arte: cuando la sustrajeron en 1996, el MOBA ofreció una recompensa de 6,50 dólares. Diez años después, el ladrón intentó pedir un rescate de 5.000 dólares, pero ante la negativa de la institución la devolvió sin cobrar un centavo al no encontrar comprador en el mercado negro. En otro robo posterior, el perpetrador olvidó dejar un teléfono de contacto en la nota de rescate. Las aseguradoras se niegan a tasar las obras del museo, declarando que evaluar económicamente lo “inherentemente feo” es un imposible jurídico.

El Museo de las Relaciones Rotas abrió en Zagreb en 2010 y recibe donaciones de todo el mundo: objetos de amores truncos que no encontraban otro lugar donde ir (Foto: Museum of Broken Relationships)

Museo de las Relaciones Rotas de Zagreb

En 2003, la cineasta Olinka Vištica y el escultor Dražen Grubišić terminaron su relación sentimental. En lugar de destruir los objetos que los unían, se preguntaron qué hacer con ellos: regalos, recuerdos y destellos de un amor trunco sin lugar donde ir. La respuesta fue un museo. En 2010, a 150 metros de la iglesia de San Marcos y a pasos del antiguo ayuntamiento de Zagreb, abrió el Museo de las Relaciones Rotas, ganador del Premio Kenneth Hudson al Museo Europeo más Innovador.

El edificio recibe donaciones de todo el mundo. Cada envío debe incluir un relato parcial de la historia, cumplir un formulario y respetar restricciones de tamaño, valor y fragilidad. La confidencialidad está garantizada. Entre vestidos de novia embotellados y cartas desgarradoras, dos piezas concentran la atención: un hacha de carpintero con la que una mujer en Berlín destrozó metódicamente un mueble por día del apartamento de su exnovia durante dos semanas, y el célebre Tostador de la Venganza, enviado desde Denver con una nota escueta:

“Cuando me mudé al otro lado del país, me llevé el tostador. Eso te enseñará. ¿Cómo vas a tostar algo ahora?”

Las pólizas del museo cubren solo el inmueble. El valor simbólico de esas cicatrices no tiene tasación posible.

El museo falológico de Reikiavik es el único en su tipo en el mundo: 280 especímenes preservados de mamíferos marinos y terrestres tratados con rigor científico (Foto: The Icelandic Phallological Museum)

Museo Falológico de Islandia

En 1997, Sigurður Hjartarson fundó el único museo taxonómico del mundo dedicado de forma científica a la falología. Lo que comenzó como una curiosidad personal derivó en una institución que reúne más de 280 especímenes preservados de casi todos los mamíferos marinos y terrestres de Islandia. La exhibición aborda la anatomía comparada con sobriedad académica y convierte uno de los mayores tabúes de la cultura occidental en objeto de estudio zoológico.

La historia del museo incluye una disputa singular: la carrera por donar la primera muestra humana a la colección. Un anciano islandés y un excéntrico ciudadano estadounidense compitieron durante años por ese privilegio. El islandés, Pall, falleció en 2011 a los 95 años y fue quien finalmente aportó su muestra al museo, preservada en formol.

Más de 500 esculturas de concreto descansan en el Mar Caribe y se van transformando con el paso del tiempo (Foto: Museo Subacuático del Arte)

Museo Subacuático de Arte de Cancún

En 2009, el Dr. Jaime González Cano, Roberto Díaz Abraham y el escultor Jason deCaires Taylor instalaron más de 500 esculturas de concreto neutro en las aguas del Mar Caribe, frente a Cancún. El Museo Subacuático de Arte (MUSA) está concebido para transformarse: los corales de fuego, las algas y las esponjas marinas colonizan los rostros de hormigón y alteran sus expresiones con el paso del tiempo y el movimiento de las mareas.

El riesgo que enfrenta el MUSA no lo cubren los seguros comerciales. Mover bloques de cuatro toneladas bajo el agua es inviable, y los huracanes caribeños exigen una restauración botánica submarina recurrente. El arte, aquí, puede ser devorado por la naturaleza. Esa es, precisamente, su condición de existencia.

Fuente: Infobae