
Después de seguir durante años los concursos de belleza, resulta imposible no reconocer un patrón. Sin importar quién sea coronada, siempre queda la sensación de que otra candidata merecía el título. Apenas se anuncia el nombre de la ganadora, las redes sociales se llenan de opiniones, comparaciones y debates sobre quién realmente merecía la corona. Para muchos, la favorita del público no siempre coincide con la decisión del jurado, y esa diferencia suele convertirse en el verdadero tema de conversación de la noche.
Pero ¿qué ocurre detrás de una elección que para el espectador se resume en unas pocas horas de transmisión? ¿Por qué una candidata que parecía imbatible puede quedarse a las puertas de la corona, mientras otra termina representando al país en Miss Universo?
La respuesta comienza mucho antes de que las luces del escenario se enciendan. Elegir a una Miss Universo República Dominicana no significa únicamente reconocer a la mujer que tuvo la mejor pasarela, el vestido más memorable o la respuesta más aplaudida. Significa identificar a la candidata que mejor responde al perfil que busca la organización internacional y que, durante semanas de preparación, demostró poseer las cualidades necesarias para representar a República Dominicana ante el universo.
Con el propósito de comprender qué factores realmente influyen en esa decisión, conversamos con tres voces que conocen profundamente el mundo de los certámenes. Leonel Lirio, uno de los diseñadores dominicanos más influyentes y con una extensa trayectoria vistiendo reinas de belleza; Sócrates McKinney, creador de Dominicana Moda y referente en la evolución de la moda y los concursos en el país; y Jusef Sánchez, diseñador de moda e integrante del jurado de Miss Universo República Dominicana 2026. Desde perspectivas diferentes, los tres coinciden en una misma idea: una corona no se gana únicamente durante la noche final, sino a lo largo de un proceso.
La evolución también cambió la forma de elegir a una reina
Hablar de la historia de Miss Universo República Dominicana es, inevitablemente, hablar de Leonel Lirio. Durante más de tres décadas ha estado ligado al Concurso Nacional de Belleza, primero como apasionado seguidor y luego colaborando con las distintas direcciones que han marcado su historia. El diseñador recuerda que el histórico triunfo de Amelia Vega en Miss Universo 2003 fue el resultado del trabajo liderado por Belkys Reyes —actual editora de ¡HOLA! República Dominicana
— junto a un equipo del que él también formó parte. Del mismo modo, reconoce el trabajo que Magali Febles ha realizado al frente de la organización durante los últimos 22 años, convirtiéndose en la directora con mayor cantidad de finalistas y resultados destacados para el país.
Desde esa experiencia, Lirio entiende que los certámenes han evolucionado al mismo ritmo que la sociedad y que esa transformación también ha cambiado la manera de elegir a una reina. Si antes la popularidad podía influir con mayor fuerza, hoy la selección responde a un análisis mucho más completo.
La telegenia, el carisma, el llamado “ángel”, la expresión corporal y la capacidad de construir un discurso escénico siguen siendo cualidades esenciales, pero ahora comparten protagonismo con la preparación intelectual, la cultura general y la sensibilidad para convertirse en una vocera de causas sociales.
El diseñador también observa un cambio en las motivaciones de las nuevas generaciones. Cada vez son más las jóvenes que encuentran en los concursos de belleza una plataforma para darse a conocer, construir una carrera y abrirse paso en distintas industrias. Esa visión explica, en parte, por qué el certamen continúa despertando tanto interés y reúne año tras año a decenas de aspirantes.
“Los cambios son cada vez más notorios en la forma, pero en el fondo la intención sigue siendo la misma: encontrar un espacio desde el cual desarrollarse y proyectar su futuro”, concluye.
No todas las coronas buscan a la misma mujer
Esa transformación también ha alcanzado a las franquicias internacionales. Para Sócrates McKinney, uno de los mayores errores es creer que todos los concursos de belleza buscan exactamente el mismo perfil de candidata, cuando en realidad cada uno responde a una identidad y unos valores muy definidos.
“Las franquicias internacionales han ido variando mucho últimamente, especialmente cuando son vendidas y cambian de dueños. El perfil de una candidata para Miss Mundo no será el mismo que para una candidata que iría a Miss Tierra, por ejemplo. La selección de esa representante debe hacerse enfocada en cumplir con los valores de marca de ese concurso.”
Aunque cada organización establece sus propios criterios, McKinney considera que existen cualidades que permanecen inalterables. La belleza entendida desde una perspectiva amplia e inclusiva, el carisma para destacar entre decenas de participantes, una sólida preparación intelectual, la disciplina para afrontar un intenso proceso de entrenamiento y el compromiso con un objetivo que exige constancia son atributos que siguen marcando la diferencia.
Más que una suma de cualidades, ese conjunto de competencias define el perfil integral que hoy demandan los grandes certámenes internacionales, donde la imagen continúa siendo importante, pero comparte protagonismo con la capacidad de comunicar, conectar e inspirar.
La decisión comienza mucho antes de la noche final
Si Leonel Lirio ofrece la mirada histórica y Sócrates McKinney explica la evolución del perfil que buscan las franquicias, Jusef Sánchez aporta la perspectiva de quien tuvo la responsabilidad de evaluar a las candidatas durante esta edición. Como miembro del jurado de Miss Universo República Dominicana 2026, vivió de cerca un proceso que comenzó mucho antes de la gala y que le permitió conocer aspectos imposibles de apreciar desde una transmisión televisiva.
“Una Miss Universo República Dominicana no gana solo por una pasarela impecable o una imagen impactante. Gana quien logra transmitir autenticidad, inteligencia y propósito. La verdadera reina es aquella que, además de ser fuerte en el escenario, conecta con las personas desde su corazón, inspira con sus ideas y representa al país con empatía, carácter y visión.”
Su reflexión resume la esencia de los concursos de belleza en la actualidad. La mujer que recibe la corona no solo debe desenvolverse con seguridad bajo los reflectores; también necesita demostrar liderazgo, autenticidad y la capacidad de representar al país durante todo un año en escenarios nacionales e internacionales.
La diferencia entre la percepción del público y la decisión del jurado seguirá formando parte de la esencia de los concursos de belleza. Mientras los espectadores construyen su opinión a partir de una noche de competencia, quienes tienen la responsabilidad de entregar la corona evalúan semanas de preparación, disciplina, crecimiento y evolución.
Quizá esa sea la gran lección que dejan los concursos de belleza en la actualidad. La mujer que recibe la corona no siempre es la que conquistó el aplauso más fuerte, sino la que convenció al jurado de que estaba preparada para sostener el peso de esa corona cuando el escenario quede vacío y los reflectores se apaguen.
