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Minimalismo: de la obsesión por comprar a una vida con propósito

Minimalismo: de la obsesión por comprar a una vida con propósito

“Estaba viviendo el sueño americano y me di cuenta de que no era mi sueño. Observé todas las cosas de mi vida cuando mi madre falleció y mi matrimonio terminó en el mismo mes. Comencé a cuestionarme qué era realmente importante y qué aportaba valor a mi vida. Entendí que muchas de las compras que había hecho para ser feliz no estaban cumpliendo su propósito”, recordó Joshua Fields Millburn en el documental Los minimalistas: Less is Now.

Junto a su amigo Ryan Nicodemus, ambos cuestionan los hábitos de consumo de la sociedad estadounidense y relatan cómo, tras alcanzar el éxito material, hallaron sentido en una vida más simple, desprendiéndose de lo superfluo: objetos, compras impulsivas y la constante necesidad de novedad.

Fields Millburn y Nicodemus son figuras clave de este movimiento global que prefiere tener menos pero de calidad, atender deseos propios, priorizar experiencias sobre bienes y limitar la exposición a redes sociales que fomentan el consumo. El menos es más también implica reducir el desperdicio de tiempo en plataformas que, creadas para compartir con amigos, hoy bombardean con productos disponibles en horas.

El minimalismo no es anticapitalismo; es consumo consciente e inteligente, un retorno a lo esencial.

El documental, dirigido por Matt D’Avella, fue publicado en YouTube hace tres años tras siete años en Netflix y acumula 80 millones de reproducciones. Los creadores han publicado varios libros best-sellers y han sido invitados por Harvard, Apple y Google para dar conferencias. Con más de 100 millones de descargas, The Minimalists Podcast es uno de los más populares. También ofrecen charlas en librerías, conectando con quienes buscan una vida simple. Ambos dejaron sus trajes de ejecutivos para promover “vivir con menos” sin recetas fijas, solo ingredientes.

Durante el auge de su popularidad, en los países desarrollados florecían las tiendas fast fashion, con novedades semanales. En 2017, el japonés Fumio Sasaki captó la atención con Goodbye, things: cómo encontrar la felicidad con el arte de lo esencial. Poco antes, Marie Kondo enseñó en La magia del orden (2011) a organizar espacios y despedirse de objetos que no generan felicidad.

Una portada de uno de sus libros: Minimalism, vive una vida con sentido

La dupla no llegó al minimalismo por tendencia; la insatisfacción fue el motor. Un amigo inspiró al otro. Ryan Nicodemus contó que ambos crecieron en la pobreza y que, al alcanzar “todo lo que supuestamente debía tener”, se sintió desdichado, con un vacío “que intentaba llenar con cosas, muchas cosas”. Añadió: “No estaba viviendo en absoluto”. Un momento clave fue cuando enseñó a su equipo a vender un celular a un niño de cinco años. ¿Qué estoy haciendo?, pensó.

Perdido, Ryan observó que su amigo Joshua estaba inusualmente feliz. Pese a trayectorias similares en la misma corporación, Joshua irradiaba alegría. Ryan lo invitó a almorzar y preguntó: “Por qué diablos estás tan feliz”. Joshua habló durante 20 minutos sobre minimalismo.

La revelación de Joshua Fields Millburn llegó tras la muerte de su madre y el fin de su matrimonio. A los 27 años, mientras gestionaba 150 tiendas, recibió un mensaje de su madre en el contestador: “cariño soy yo, ¿me devolverías la llamada?”. Le diagnosticaron cáncer de pulmón en etapa 4. Joshua la acompañó en cuidados paliativos, llorando por primera vez en su vida adulta, pidiendo perdón sin saber por qué. Tras su muerte, deseó haber pasado más tiempo con ella.

El minimalista que enseña a ahorrar

El estadounidense Gabe Bult crea videos en español sobre minimalismo, hábitos transformadores y productividad. Su contenido aborda la vida intencional, libertad financiera y simplificación. En sus videos, junto a su esposa e hija, comparte métodos para vivir mejor.

Gabe Bult enseña sobre libertad financiera y ahorrar mucho dinero

Gabe, quien admite haber sido extremo al inicio hasta volverse “tacaño”, comparte listas de gastos que evita y reflexiona sobre el encarecimiento de la vida en su país: la comida rápida ya no es barata, y el café con ingredientes cuesta unos 9 dólares. Prefiere prepararlo en casa. Cena con su familia en restaurantes pocas veces al año porque “el precio es una locura”. Considera que las bebidas inflan la cuenta: “Esos extras son de donde sacan mucho de su dinero. Simplemente no vale la pena”. Critica la obsolescencia programada de electrodomésticos que antes duraban toda la vida. Realiza trabajos domésticos él mismo; cambió un inodoro para evitar pagar a un plomero: “Me ahorré 300 dólares en media hora. No se imaginan lo fácil que es”. Gabe invierte, trabaja en lo que ama y es feliz a su manera.

Vivir simple

Paula, argentina, vivió en Valencia desde los 23 años y adoptó este estilo con su pareja en 2016. En su canal Paula Simple mostró cómo redujo su guardarropa al mínimo.

Paula apostó ir ligera de equipaje en su vida nómade

“El problema al inicio fue sentir que debía vivir con lo mínimo posible. Como amante de la ropa, fue difícil deshacerme de tantas cosas. Me quedé con una cosa de cada, colores neutros y todo sobrio, pero se volvió aburrido”, dijo. Al principio se excedió: “Me deshice casi del 90 por ciento de mi ropa”. Luego encontró su fórmula. Ahora tiene ropa que ama, usa y es cómoda. Tras separarse a los 37 años, se mudó a Bali con una maleta de 23 kilos. “Toda mi vida en una maleta me daba miedo, pero con el tiempo sentí libertad: poder irme cuando quiera, moverme con facilidad”. Tras un año en Bali, tuvo que comprar utensilios de cocina y sabe que, en su vida nómada, debe descartar lo que le gusta. Ya le pasó en España al vaciar un trastero. “Una parte ama la libertad, otra está cansada de despedirse, empezar de cero y soltarlo todo”, confiesa.

Paula Simple comparte este tipo de videos desde hace una década

De rebelión silenciosa a lujo discreto

El director del documental, Matt D’Avella, abraza este movimiento desde hace una década y reflexiona sobre cómo la filosofía fue absorbida por el mercado.

Matt D'Avella analiza el recorrido del movimiento al que adhiere

“La publicidad, los medios y la cultura nos vendieron que acumular cosas era el camino a la felicidad. El envío en dos días se normalizó, la moda rápida rotaba constantemente y Amazon ponía millones de productos a nuestro alcance. La crisis financiera de 2008 supuso un cambio radical. Me gradué en 2010 y recuerdo la sensación de incertidumbre. Muchos no encontrábamos trabajo y cuestionamos el éxito al margen del statu quo. Ahí resurgió el minimalismo: una rebelión silenciosa contra el exceso”, explicó.

Para D’Avella, el minimalismo fue una respuesta práctica al agobio para recuperar control y construir una vida con sentido. Sin embargo, para otros, se convirtió en otra forma de presumir estatus, diciendo sin logotipos visibles: ‘Soy mejor que vos’. El 1% más rico se apropió del minimalismo, lo volvió costoso, aspiracional y exclusivo, y lo desechó al cansarse. Es el lujo discreto que marca posición social entre entendidos.

El verdadero desafío es recuperar el significado auténtico: “El minimalismo es salirse del algoritmo, la carrera por el estatus y la comparación constante, para preguntarse qué es lo que realmente importa. Si confundís estética con filosofía, no escapás del consumismo; jugás el mismo juego con otro atuendo”.

¿Era descartar o volver a comprar?

La española Cris Contracorriente, creadora de contenido sobre decoración contra la tendencia de casas de catálogo, expresó decepción con Marie Kondo.

La youtuber española Cris Contracorriente tiene una mirada lúcida sobre cómo el mercado creó nuevas necesidades

“En 2011, Marie Kondo publicó un libro diciendo que tiráramos todo lo que nos hace infelices. Vaciamos armarios, cajones, tiramos libros, la vajilla de la abuela… una purga colectiva. En 2019, Marie Kondo abre su tienda online con 125 productos a precios entre 10 y 275 dólares. Ella, que te convenció de tirar la mitad de tu vida, ahora te abre las puertas de su tienda”, dijo Cris con incredulidad. No juzgó a Kondo, sino lo que ocurrió después de que muchos adoptaran el minimalismo.

Decoración minimalista (Imagen Ilustrativa Infobae)

Recordó que el método de la japonesa era el descarte, sin comprar nada: “Era sustracción, no adición”. Luego, el orden se transformó en estética: no bastaba el ropero funcional; la tendencia aesthetic incluyó cajas del mismo color, rótulos con tipografía uniforme… lograr la estética requería productos adecuados, es decir, volver a comprar. Cris lamenta la homogeneización de estilos por redes sociales, la falta de personalidad en casas y muebles sin historia.

Las preguntas clave de los minimalistas eran: ¿Esto es importante? ¿Realmente lo quiero? No era otra cosa.

Fuente: Infobae