
En toda carrera artística llega un momento en que repetir lo ya dominado deja de ser suficiente. Tras casi dos décadas trabajando entre bambalinas y escenarios, creando coreografías para nombres importantes de la música argentina, formando bailarines y apareciendo en televisión, Mati Napp sintió que necesitaba salir de su zona conocida y atreverse a narrar algo propio.
De esa inquietud nace Animal, su primera experiencia como director y creador integral de un espectáculo. La obra se estrena el 14 de agosto en Dumont 4040 y va más allá de una función tradicional: propone una experiencia inmersiva donde el público abandona su lugar pasivo y pasa a formar parte de lo que ocurre.
Actuación, música en vivo, danza, plataformas móviles y un recorrido escénico que busca derribar la frontera entre quien está arriba y quien mira. Pero la puesta en escena esconde una pregunta que atraviesa todo el montaje: ¿qué sucede con el instinto animal que todos llevamos dentro cuando dejamos atrás las normas, las apariencias y lo que aprendimos a ser?
“Animal surge con la necesidad de mostrar algo propio, de crear algo propio, de animarme a ir un poco más allá de lo que venía haciendo”, cuenta Napp en una entrevista exclusiva.
La historia de este creador de 38 años no arrancó en los grandes escenarios. Comenzó en el gimnasio de su familia, en el barrio de Bajo Belgrano, donde hace casi dos décadas daba sus primeras clases de hip hop. Fue el punto de partida de un largo recorrido, construido con formación, esfuerzo y horas de estudio. Viajó a Nueva York para prepararse en el mítico Broadway Dance Center y también se perfeccionó en Los Ángeles, en los estudios Movement Life y Millenium.

Esa formación se tradujo en una trayectoria que tocó algunos de los programas televisivos y musicales más recordados. Fue bailarín en Casi Ángeles, Patito Feo, High School Musical, Recreo en vos, Susana Giménez y ShowMatch, y también participó en la película High School Musical. Además, construyó su carrera como coreógrafo en múltiples plataformas.
El lugar que lo hizo cara conocida para el gran público fue ShowMatch. Allí, como coach de Bailando por un sueño, vivió una de sus etapas más importantes. En 2015 obtuvo el triunfo en el certamen, y en otras cuatro oportunidades llegó a la instancia final.
Mientras su nombre crecía asociado a grandes producciones, otra inquietud aparecía en paralelo: la necesidad de dejar de crear para otros y empezar a contar algo íntimo. “Siempre hubo en mí una inquietud por querer contar algo desde otro lugar”, explicó. Y agregó: “Es una parte mía que artísticamente nunca mostré y que aparece por primera vez en este proyecto. La gente conoce mucho de mí como coreógrafo, como docente, como bailarín, incluso conoce una determinada energía o una manera mía de crear, pero hay un universo más oscuro, más visceral, más crudo y también más sensible que nunca había mostrado”.
“Animal me está permitiendo mostrar esa parte. Crear Animal también fue permitirme a mí sacar un poco eso, sacar una parte mía que durante mucho tiempo tal vez tenía escondida o no había mostrado”, confiesa.

La elección del formato inmersivo no fue casual. Napp no quería un público pasivo, sino alguien que se sintiera dentro de la historia. “No quería que el público simplemente se sentara a mirar. Quería que estuviera adentro, que sintiera que las cosas suceden de cerca, que por momentos se sintiera observado, interpelado o parte de todo lo que está pasando”, explicó.
El paso de coreógrafo a director le significó enfrentarse a un terreno nuevo. “Uno de los desafíos más grandes fue entender que dirigir no es solamente tener una idea clara en mi cabeza, sino encontrar la manera de llevarla a la práctica y lograr que eso que me imaginé durante tanto tiempo aparezca en escena”, destacó.
En esa construcción, la palabra equipo aparece una y otra vez. La dramaturgia recae en Mariela Asensio, mientras que Napp se ocupa de la música, el movimiento, el espacio, la iluminación y el vestuario. “Mi desafío como director es poder encontrar qué tiene especial cada uno, sacar lo mejor de ellos y ponerlo al servicio del espectáculo”, sostuvo.

El armado del elenco fue uno de los momentos más difíciles. Para el papel protagónico, Napp pensó de inmediato en Alan Madanes, a quien conocía como actor. “Cuando escribía cada escena me imaginaba a Alan actuando, interpretando, contando, haciendo que Animal tenga verdad”, contó. “Un lujo tenerlo y estoy súper agradecido de que haya aceptado la propuesta”.
Con los bailarines, la búsqueda fue distinta. No buscaba cuerpos técnicamente perfectos, sino intérpretes con identidad propia. “No quería seis personas que se movieran igual ni que respondieran al mismo estereotipo del bailarín. Quería seis universos muy distintos”, explicó. En las audiciones, miraba más allá de la ejecución: “Me interesaba qué me pasaba cuando esa persona entraba al espacio, qué tenía para contar, cómo reaccionaba ante alguna consigna y qué aparecía cuando también dejaba de intentar hacer todo bien”, relata.

Esa idea conecta con el espíritu de Animal, que habla de lo que emerge cuando se pierde el control. Al mismo tiempo, Napp continúa ligado al mundo musical: trabaja como coreógrafo de artistas como Emilia, Cazzu y Duki, pero no siente que una faceta reemplace a la otra. “No es que estoy dejando de ser coreógrafo para convertirme en director, sino que estoy ampliando mi manera de crear”, resumió.
La diferencia está en la dimensión de lo que debe construir. Como coreógrafo, se enfoca en una performance o un momento puntual; con Animal, tiene que pensar en todo el universo. “Ahora tengo que pensar en qué quiero contar, qué le pasa al espectador, cómo convive en cada escena, cada movimiento, trabajar en la actuación, en el texto, en la música, en las luces, en cada decisión que va a formar parte de toda la experiencia”.

Después de años creando para otros, ahora construye una escena que habla de él. Sabe que muchos llegarán con expectativas previas, pero quiere romperlas. “Mucha gente puede llegar a Animal esperando encontrarse con algo determinado por conocer mis otros trabajos y creo que se va a encontrar con algo bastante diferente”, anticipó. Y aseguró: “Es un universo bastante distinto a lo que generalmente se conoce de mí o de los proyectos en los que he participado”. También se mostró entusiasmado: “Me entusiasma mucho que alguien pueda entrar con una expectativa y que, de alguna manera, Animal se la rompa o lo lleve a otro lugar”.
Napp espera provocar conversación. “Me encantaría que las personas, más allá de que les guste lo artístico, salgan del espectáculo con alguna pregunta, con una sensación, incluso con ganas de hablar sobre lo que vivieron”, dice. “Siento que eso va a ser para mí el impacto más importante”.

En este nuevo capítulo, emergen recuerdos ligados a Lali Espósito. La conoció en Casi Ángeles, y cuando ella lanzó su carrera solista volvió a confiar en él para su equipo de bailarines. “Tengo muy lindos recuerdos y sobre todo muchísimo agradecimiento”, contó. “Cuando se lanzó como solista me tuvo en cuenta para formar parte de su equipo de bailarines y para mí en ese momento fue algo súper importante”.
Con el tiempo, su vínculo profesional cambió. Napp también le dio clases y la acompañó desde otra perspectiva. “Es una persona que admiro muchísimo, tanto como artista como persona. Aprendí mucho estando al lado de ella, viendo cómo trabajaba, su compromiso, su manera de encarar las cosas y todo lo que fue construyendo”, dijo. Y agregó: “Siempre sentí de su parte mucho cariño, respeto y una hermosa energía”.

Observa desde lejos el presente de la cantante, sus shows multitudinarios y el cariño del público. “Me pone muy feliz verla viviendo todo lo que está viviendo, su crecimiento en los River, todo lo que logró, cómo la gente la ama”, dijo, y contó que se lo ha dicho personalmente: “Cada vez que la cruzo le digo lo mismo: que me encanta todo lo que le está pasando y que me pone muy feliz por ella”.
La carrera de Mati Napp combina talento, paciencia y una capacidad para entender cuándo es tiempo de cambiar de lugar. Comenzó enseñando hip hop en el gimnasio de su familia, pasó por la televisión, el cine, los videoclips y los grandes escenarios. En 2023 fue declarado Personalidad Destacada en el ámbito de la Cultura. Ahora, casi dos décadas después, decidió hacer algo mucho más íntimo: dejar de contar historias ajenas y animarse a contar la propia.
Animal es, en este sentido, mucho más que un espectáculo: es el resultado de una búsqueda personal. La posibilidad de que el coreógrafo se convierta en autor, de que el bailarín se anime a dirigir, de que quien pasó años creando movimientos para otros finalmente coloque su propio cuerpo artístico, emocional y creativo en el centro de la escena. Y de que, por una vez, también sea él quien se permita soltar aquello que durante tanto tiempo mantuvo bajo control: el instinto, la oscuridad, la sensibilidad, lo visceral. Ese lugar que todos conocemos, aunque a menudo prefiramos esconder. Ese lugar donde empieza Animal.
Fuente: Infobae
