
Wanda de los Santos Vallejo
Especial para elCaribe
La identidad cultural no es fija ni absoluta; se construye a partir de historias de lucha, desplazamiento, dolor y pertenencia que marcan a generaciones enteras. Esa compleja realidad se refleja con fuerza en Los inmigrantes, uno de los poemas más emblemáticos del escritor dominicano Norberto James Rawlings.
Nacido el 6 de febrero de 1945 en San Pedro de Macorís, James fue poeta, ensayista y educador. Su obra se distinguió por rescatar la presencia cocola dentro de la literatura dominicana y por dar voz a una comunidad históricamente marginada. Su poema Los inmigrantes, publicado por primera vez en 1969 e incluido en el poemario Sobre la marcha, constituye una de las piezas fundamentales de la poesía social y testimonial dominicana.
La infancia de Norberto James estuvo marcada por las duras condiciones de vida en las cercanías de un ingenio azucarero. Provenía de una familia cocola, descendiente de inmigrantes afrocaribeños de habla inglesa llegados desde las antiguas colonias británicas del Caribe para trabajar en la industria azucarera dominicana desde finales del siglo XIX. Aquellos inmigrantes eran considerados necesarios como mano de obra, pero rara vez aceptados plenamente por la sociedad dominicana. Vivían entre el rechazo, la discriminación y el desarraigo cultural.
Sin embargo, de aquellas privaciones surgió una sensibilidad literaria extraordinaria. James encontró en la lectura una forma de libertad y de afirmación personal. En 1972 salió del país de manera clandestina y se exilió en Cuba, donde estudió literatura gracias a una beca. Allí obtuvo la formación universitaria que probablemente en su propio país le habría resultado difícil alcanzar debido a los prejuicios sociales y raciales de la época.
En la actualidad, Norberto James Rawlings es reconocido como una de las voces más importantes de la poesía dominicana contemporánea, especialmente por su aporte a la representación de la identidad afrocaribeña y de los sectores históricamente invisibilizados.
Los inmigrantes narra la experiencia de los trabajadores antillanos llegados a la República Dominicana desde el Caribe inglés. A través de versos profundamente humanos y conmovedores, James retrata la pérdida de la infancia, el desarraigo y la imposibilidad de sentirse plenamente dueños de una tierra que ayudaron a construir.
No tuvieron tiempo
—de niños—
para asir entre sus dedos
los múltiples colores de las mariposas.
Atar en la mirada los paisajes del archipiélago.
Conocer el canto húmedo de los ríos.
No tuvieron tiempo de decir:
—Esta tierra es nuestra.
Juntaremos colores.
Haremos bandera.
La defenderemos.
A lo largo del poema se muestra la llegada de esos inmigrantes al país, su trabajo en los ingenios azucareros y el constante enfrentamiento con la discriminación y la exclusión social. No obstante, James no los presenta únicamente como víctimas, sino también como sujetos capaces de resistir, crear comunidad y dejar una huella profunda en la cultura dominicana.
El poeta aborda un tema esencial: la identidad cultural. Los inmigrantes aparecen como seres arrancados de su tierra natal, obligados a abandonar costumbres, lenguas y tradiciones. Ese desarraigo no es solamente geográfico; también es emocional y espiritual. En cada verso se percibe la nostalgia de quienes viven entre dos mundos y no pertenecen del todo a ninguno.
James se dirige a los cocolos con respeto, cercanía y amor. Recrea sus paisajes, sus músicas, sus bailes y sus formas de vida. Más allá de contar una historia, resalta la influencia cocola en la cultura dominicana: en la gastronomía, en la música, en el deporte, en el habla cotidiana y en múltiples expresiones culturales que hoy forman parte de nuestra identidad nacional.
El poema posee un lenguaje sencillo, pero cargado de símbolos y de imágenes profundamente líricas. Esa aparente sencillez es precisamente una de sus mayores virtudes, porque permite que el lector conecte emocionalmente con la experiencia humana que el texto transmite. Los inmigrantes no se siente como un simple ejercicio literario; se siente como una memoria viva que se resiste al olvido.
Uno de los momentos más conmovedores del poema ocurre cuando James decide nombrar individualmente a aquellos inmigrantes. Al hacerlo, rompe con la tradición de invisibilizar a los marginados y convierte el poema en un acto de reconocimiento y dignificación humana.
Óyeme viejo Willy cochero
fiel enamorado de la masonería.
Óyeme tú George Jones
ciclista infatigable.
John Thomas predicador.
Winston Brodie maestro.
Prudy Ferdinand trompetista.
Cyril Chalanger ferrocarrilero.
Aubrey James químico.
En ese instante, el poema adquiere una dimensión histórica y colectiva. Cada nombre representa una vida, una memoria y una contribución al país. James no escribe únicamente para recordar; escribe también para reclamar justicia simbólica.
En una sociedad donde todavía persisten prejuicios contra los inmigrantes y los descendientes de comunidades afroantillanas, Los inmigrantes mantiene una vigencia extraordinaria. El poema dialoga con el presente y nos obliga a reflexionar sobre las exclusiones que aún sobreviven en nuestras sociedades.
Hoy, cuando los discursos de odio y rechazo vuelven a ocupar espacios públicos, la poesía de Norberto James Rawlings nos recuerda una verdad esencial: olvidar a los inmigrantes es olvidar una parte de lo que somos. Su obra permanece como un testimonio de memoria, dignidad y resistencia cultural dentro de la literatura dominicana.l
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.
