
El Caribe rinde homenaje a juan marichal con esta serie de 16 entregas sobre, quizás, el juego más famoso de las Grandes Ligas
11° INNING
Continúa la tanda fuerte de Milwaukee. Aaron al bate. Ya se notan ciertos movimientos de calentamientos de nuevos posibles píchers. Marichal mira de reojo a Alvin Dark que parece más tenso y dispuesto a no perder el encuentro.
No es el momento para distraerse y se arremanga el sudador debajo de su camisa.
El frío de la Bahía empieza a atacar; el público se acurruca como puede en su butaca. El primer lanzamiento es un strike de película. Aaron sonrió reconociendo que había dejado pasar una preciosura; pero tenía orden de esperar el primero. El segundo fue un tiro parecido, un poco afuera y nuevamente Aaron ni la miró. El ampaya levantó el brazo izquierdo: mala. Uno y uno y la carrera del triunfo en los spikes de Aaron y su garrote.



Después de un fao, Marichal se paró en la lomita, respiró profundamente, Bailey le pidió el tiro inicial, Marichal sacudió la cabeza; ese tiro lo esperaba Aaron. Al final Marichal lanzó lo que quiso, un curvón que puso a Aaron en una posición difícil, por no decir ridícula. La pelota abrió al último momento y el bateador no pudo ni tocarla. Al querer retroceder el bate, ya era tarde. El ampaya de primera confirmó el strike y Marichal se anotó otro ponche. ¡Hasta el mucho ponche ajuma!
“Si Aaron se ponchó”, pensó Menke, “es muy poco lo que se pueda hacer contra este diablo”. La noche avanzaba. Mr. Brown se durmió en su butaca y ya tenía ubicado el motel donde se quedaría para no hacer el viaje tan tarde hacia Santa Rosa.
(T2) Menke conectó un flai altísimo por el left; McCovey la fildeó a la derecha, hacia delante hasta que con un pasito para atrás la atrapó.
(T3) Larker tenía menos esperanza que Menke con dos outs y con un cansancio que empezaba a sentirse. Con 2 y 2 conectó un rolin hacia la segunda al que Marichal no le llegó. Larker cayó vía 4-3 fácilmente para cerrar la primera parte del inning.
(T1) El mismo cansancio se extendía a ambos equipos. Aunque había una tensión presente para muchos, peloteros y fanáticos, había un aburrimiento ya que parecía como si solo los quéchers y los píchers estuviesen jugando.
Kuenn vino al bate y se dio cuenta de que la fatiga no tocaba a Spahn. El primer fuetazo fue una recta que hizo eco en el center y que el ampaya no dudó en cantar strike.
Kuenn levantó los brazos en señal de time out. No estaba captando bien el mandato de Dark, como si fuera necesario para enfrentar a Spahn. Este se sonrió y, de nuevo, le envió una bola de fuego que milagrosamente Kuenn chocó, pero sin suerte. La bola que salió de su bate llegó al siore y no tardó en ganarle la carrera de primera.
(T2) Mays tampoco se rendía. Jugaba cada inning como si fuese el primero. Spahn lo conocía muy bien y le tiró incómodo. Aunque los dos primeros lanzamientos fueron preciosos, el ampaya cantó bola. Fueron dos tiros idénticos al tercero que ahora era strike. Crandall gruñó como diciendo “¡Coño, pero los otros fueron iguales!”. Mays sonrió y se concentró de nuevo en el cajón de bateo. Mays sabía que Spahn venía con la recta adentro, con un movimiento rápido retrocedió unas pulgadas y le dio un vejigazo que salió de línea alta hacia el left field. Lee Maye tuvo que dar un salto para atraparla, el mismo salto que los fanáticos de San Francisco dieron. Mays casi llega a segunda. De regreso ya mostraba su afable sonrisa.
(T3) A McCovey no le quedaba otra alternativa que intentar el “palo ‘e la gata”. Con dos outs podía dejar en el terreno a los Bravos, solo que Spàhn no estaba muy deseoso de quedarse con la cara larga en el terreno, más larga de la que ya tenía.
Al primer lanzamiento McCovey dio un jonrón por el right pero de fao. Spahn se recuperó del susto y le envió una bola muy mala y otra más. McCovey se encorvó para acechar el próximo tiro que resultó una bola incómoda que apenas tocó. Murió de pícher a primera. ¡Once innings! En el cambio de inning se notaba en el público un gran movimiento, una parte se había ido a buscar hot dogs y otra ya se retiraba, que los juegos se hicieron para nueve entradas.
A pesar de que cada vez había más jugadores latinos y negros, la gente no los aceptaba como tales y seguían violando todas las leyes que hablaban de igual trato. No obstante, muchos negros aceptaban voluntariamente ser sometidos al servicio militar, como si ellos tuviesen algo que defender en esas guerras absurdas y criminales. Se supo que Joe Louis estaba en el “army” como si ya no era suficiente tener licencia para pegarles a los blancos en el boxeo y como si las penurias que vivió Jack Johnson fuesen olvidadas. La esposa de Johnson, Lucille, una mujer blanca, fue el motivo para que lo acusaran de lo peor cuando en realidad Johnson fue un ejemplo de buen ciudadano, de mejor deportista y excelente marido. No era la herencia de la esclavitud, era más bien la ignorancia a la que fueron condenados y que Martí sintetiza en su célebre frase “ser cultos para ser libres”. Es lo que liberó a Cassius Clay y a Curt Flood. La mayoría eran simples deportistas que aguantaron, como Jackie Robinson, todo el odio que los blancos acumularon, en muchos casos, patrocinado por sicópatas religiosos que imponían a sangre y fuego sus “creencias” y “ leyes”. (Escrito sin Inteligencia Artificial)
Tanda
Aaron al bate. Ya se notan ciertos movimientos de calentamientos de posibles nuevos píchers”
