
El papa León XIV continúa marcando distancia de los protocolos tradicionales y, durante su segundo acto del día, protagonizó un momento que quedará en la memoria de los asistentes. El pontífice acudió al evento ‘Tejer redes con el mundo de la empresa, la educación, la cultura y el deporte’, un espacio de diálogo que, según informó la Archidiócesis de Madrid, busca promover una sociedad “más humana, más justa y más fraternal”.

Las puertas del recinto se abrieron una hora y media antes del inicio del encuentro, que fue conducido por Lara Siscar y Carlos Franganillo. “¿Qué es lo que cada uno puede aportar?”, preguntó ella al público. A continuación, se desarrolló un espectáculo de ballet, seguido de unas sevillanas, en clara referencia a las tradiciones españolas. Fue entonces cuando León XIV tomó la palabra: “En este hermoso país es imposible no admirar la huella de creatividad que atraviesa su historia y da forma a su identidad”, señaló, en relación con las actuaciones.
La intervención del pontífice se produjo al final de la tarde, después de las palabras de Antonio Banderas, José María Coello de Portugal y las actuaciones de Sara Baras y Rozalén. Sin embargo, lo que más llamó la atención fue la llegada del papa: entró sin previo aviso mientras Franganillo y Siscar realizaban una entrevista social. La sorpresa invadió al público del Movistar Arena, que no dudó en vitorearlo y aplaudirlo de inmediato.
Recorrido inesperado y caluroso recibimiento
Lejos de quedarse en el escenario, León XIV decidió recorrer todo el patio de butacas, saludando a la mayor cantidad posible de fieles. Al regresar al escenario, el pontífice fue envuelto en una gran ovación. Tras la bienvenida oficial del arzobispo José Cobos, fue Antonio Banderas quien tomó la palabra para reflexionar sobre la fe y la cultura. “La Iglesia ha sido el mayor productor de arte de la humanidad”, afirmó el actor, mirando al papa. “La relación entre la Iglesia y el arte no ha sido solo fructífera, ha sido determinante”, agregó.
Banderas continuó: “En el corazón de ese impulso creativo, hay siglos de culturas (…) Jesucristo ha sido la figura más representada en la historia del arte, el gran protagonista de la historia de la vida”. Según su visión, “en un mundo que a veces se simplifica en exceso, el arte nos ayuda a recuperar la profundidad y el alma que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano y no al revés”. Además, sostuvo que “el arte ha sido y debe seguir siendo el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido”, y que debe ser “una alternativa a la violencia. Todas las violencias”.
Por su parte, José María Coello de Portugal, vicerrector de la Universidad Complutense de Madrid, centró su discurso en el ámbito educativo: “Consideramos que durante el siglo XXI debe seguir esa herramienta de justicia social donde cada joven pueda encontrar todos esos elementos para desarrollar sus capacidades humanas”. Advirtió que, aunque la educación es un “derecho humano renovado”, las herramientas digitales pueden “crear una brecha social”. Tras su intervención, la bailaora Sara Baras ofreció una hipnótica actuación, tras la cual el papa saludó a todo su equipo en el escenario.
Deporte y superación: el mensaje de las campeonas
Antes del cierre, Carolina Marín y Teresa Perales subieron juntas al escenario. La campeona olímpica de bádminton señaló que “el ejercicio del deporte no es un espectáculo de masas, sino un componente saludable para el cuerpo”. Frente a un mundo “obsesionado con el rendimiento y el éxito a toda costa”, Marín defendió “la energía limpia de jugar cuando se quiere jugar” y recordó “la ilusión que teníamos de niños en cualquier pista; lo que importa es la persona”.

Teresa Perales coincidió: “En la piscina, como en la vida, hay días amargos o el cuerpo no responde como nos gustaría”. Y añadió: “Aceptar nuestros momentos difíciles no nos hace débiles, nos hace humanos”. Ambas coincidieron en que el rival en el deporte es un aliado en la vida, porque “crecer con el otro siempre es mejor que contra el otro”. Perales destacó la “humildad en el éxito” y la importancia de “reconocer su esfuerzo también da valor a nuestras propias victorias”. Finalmente, Marín saludó al pontífice y le regaló una de sus raquetas de bádminton.
“¿Qué significa ser verdaderamente humano?”
En su esperada intervención, León XIV elogió la riqueza cultural de España y la creatividad que ha marcado su identidad. Planteó a los asistentes: “¿Qué herencia estamos dejando al futuro y qué tipo de comunidad estamos construyendo?”. Advirtió que, pese a la capacidad de innovar y comunicar, “parece que todavía necesitamos aprender a custodiar el alma de aquello que esto genera”. Defendió un diálogo permanente entre la Iglesia y la sociedad y lanzó la pregunta clave: “¿Qué significa ser verdaderamente humano?”. Afirmó que la Iglesia busca participar en ese debate desde su experiencia, y que el ser humano mantiene su aspiración al bien, la belleza y la verdad.
El pontífice comparó el esfuerzo por la convivencia con el arte de “tejer redes”, que exige encuentro, escucha, respeto y capacidad para construir consensos. Sobre la comunicación en la era digital, advirtió: “La comunicación nunca es neutral”, y recordó que las palabras y las imágenes pueden herir o generar esperanza. Dedicó parte de su discurso a una visión humanista: las universidades no deben vivir alejadas del mundo real ni renunciar a la búsqueda de la verdad, y las empresas no pueden tratar a los trabajadores como meros elementos económicos. Exigió que el progreso tecnológico tenga en cuenta a los mayores, a los pobres y a quienes carecen de voz.
León XIV también defendió el papel de la tradición cristiana en la construcción de la identidad europea y preguntó: “¿Sería Europa la misma sin la huella de la fe?”. Recordó la contribución de creyentes en hospitales y escuelas, y llamó la atención sobre los más excluidos. En el cierre, dedicó unas palabras al deporte, como escuela de valores que enseña respeto y superación. Invitó a los asistentes a convertirse en “hilos nuevos para tejer redes nuevas”, capaces de fortalecer la cultura y el diálogo social, en una llamada a la convivencia y el bien común.
Para finalizar, la cantante Rozalén interpretó ‘Y busqué’, una emotiva canción que le costó contener las lágrimas. El broche de oro lo puso el Conservatorio de Música de Arturo Soria, cerrando así un encuentro que combinó fe, arte y deporte en el corazón de Madrid.
Fuente: Infobae
