
Las Islas Kuriles, ubicadas en medio del océano Pacífico, son uno de esos lugares del mundo que sorprenden por sus condiciones extremas. Allí, la vida no es sencilla, pero tampoco imposible. Este archipiélago se caracteriza por un clima implacable, conexiones limitadas con tierra firme y el riesgo permanente de terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis. Sin embargo, su belleza natural, su rica herencia cultural y su entorno virgen lo convierten en un atractivo turístico de gran potencial.
En cuanto a superficie terrestre, las Kuriles equivalen aproximadamente a Israel o Eslovenia, y representan casi la mitad de Bélgica. No obstante, su población apenas supera los 20.000 habitantes. La mitad de ellos reside en tres localidades principales: Severo-Kurilsk, Kurilsk y Yuzhno-Kurilsk. Curiosamente, las dos primeras tienen rango de ciudad a pesar de albergar menos personas que la tercera, que figura oficialmente como “asentamiento de tipo urbano”. El resto de la población se distribuye en pequeñas aldeas y campamentos de pescadores, activos solo durante el verano.
La vida en las Kuriles transcurre con una densidad poblacional muy baja y una marcada estacionalidad. Las condiciones varían drásticamente a lo largo del año, especialmente durante los cortos y suaves veranos, cuando los pueblos pesqueros cobran vida y la población local experimenta un breve resurgimiento.
Paramushir: acceso restringido y el tsunami de 1952
El recorrido hacia el sur del archipiélago comienza en Severo-Kurilsk, situada en la isla de Paramushir. Solo se puede llegar por barco desde Petropavlovsk-Kamchatsky, ya que no existen vuelos regulares ni aeropuerto, aunque sí un helipuerto de uso eventual. El acceso está restringido y requiere permisos fronterizos previos; a la llegada, los visitantes deben registrarse ante las autoridades locales, quienes verifican la identidad de cada persona con rigor. Esta zona fronteriza mantiene un control estricto sobre quienes la visitan.
La historia de Severo-Kurilsk está marcada por una tragedia: en 1952, un tsunami arrasó la ciudad original y causó numerosas víctimas, un hecho que las autoridades soviéticas mantuvieron oculto durante décadas. Las ruinas del casco antiguo, con edificios destruidos y calles invadidas por la maleza, contrastan con la localidad actual, reconstruida más lejos de la costa. El nuevo Severo-Kurilsk dispone de servicios básicos como tiendas, escuelas y un centro de salud, aunque las condiciones de vida siguen siendo difíciles, especialmente en invierno, cuando el clima extremo obliga a los residentes a limpiar la nieve incluso dentro de sus viviendas.
La economía local se basa casi exclusivamente en la pesca, actividad que domina la vida en toda la cadena de las Kuriles. El turismo es muy limitado debido a las malas condiciones meteorológicas y la escasa infraestructura. A pesar de las dificultades, los habitantes mantienen un fuerte sentido de comunidad y apego al lugar. La isla, de origen volcánico, cuenta con una planta eólica y carreteras sencillas, mientras el volcán Ebeco y las islas vecinas permanecen prácticamente inexploradas por visitantes.
Iturup: la tercera isla más grande del archipiélago

Kurilsk, ubicada en la isla de Iturup —la tercera de mayor tamaño en las Kuriles—, se encuentra entre Severo-Kurilsk al norte y Yuzhno-Kurilsk al sur. Llegar a Iturup significa encontrar un ambiente tranquilo y, para los visitantes, la sorpresa de hallar servicios básicos tras días de aislamiento. El acceso a productos sencillos como la cerveza marca el contraste con la vida en las islas más remotas.
La economía de Iturup gira en torno a la pesca, aunque también destaca la presencia de depósitos de renio, un metal poco común. El volcán Kudryavy libera de forma natural una cantidad de renio superior a la producción anual mundial, aunque este recurso aún no se explota industrialmente en la isla, a pesar de su alto valor en el mercado internacional. Las construcciones en Kurilsk varían desde viviendas deterioradas en la periferia hasta un centro urbano recientemente renovado, con calles y aceras en buen estado.
A pesar de contar con solo 7.500 habitantes, la isla dispone de dos aeropuertos, uno de ellos inaugurado recientemente con categoría internacional. El turismo es limitado, pero existen atractivos naturales como las cataratas de agua caliente. Tras una breve visita, los viajeros suelen continuar hacia otros destinos del archipiélago, como Kunashir y Yuzhno-Kurilsk.
Kunashir: la capital administrativa sin rango oficial de ciudad
Kunashir, donde se encuentra Yuzhno-Kurilsk, es la única isla del archipiélago en la que los visitantes permanecieron más de una noche, aunque la localidad no tiene rango oficial de ciudad pese a ser la capital administrativa. La economía local depende principalmente de la pesca, complementada por la presencia de funcionarios, guardias fronterizos y una base militar. El turismo es mínimo, con solo unos cientos de visitantes cada año, y los residentes prefieren mantener el acceso a los parajes naturales restringido a pequeños grupos.
La infraestructura de Yuzhno-Kurilsk se encuentra en proceso de modernización, con la construcción de una central eléctrica geotermal, una iglesia ortodoxa y nuevas viviendas. No obstante, la vida cotidiana mantiene rasgos tradicionales: es habitual ver vacas pastando libremente en las calles, una imagen más asociada a zonas rurales que a centros urbanos.
Durante la estancia, los visitantes pueden encontrar limitadas opciones gastronómicas en el centro de la localidad, pero el café del hotel destaca por su oferta de mariscos frescos y caviar local. Este tipo de experiencias resalta tanto la sencillez como la autenticidad de la vida en Kunashir, donde la hospitalidad y los productos del mar compensan la escasa oferta turística.
Fuente: Infobae
