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Noticias Nacionales

La muerte va en yipeta

8 de marzo de 2023

El espeluznante doble asesinato tuvo lugar entre la tarde del 23 de enero y la espeluznante madrugada del 24 de enero, cuando los cónyuges de los vecinos de La Guayga, Luis Miguel Jacques y Elisabeth Almarante, fueron asesinados por separado.

Esto según un documento presentado por el Ministerio Público. La acusación confirmó que la pareja fue asesinada por cinco delincuentes: Dylan Alberto Ortiz, pareja de Luis Miguel, ciudadano estadounidense; José Alfredo Ventura Tupete; Leonardo Méndez Mojica (“Nardo”), Eddy Manuel Álvarez Ramírez (“Moreno” y/ o “Niño”) y su hermano José Miguel Álvarez Ramírez (“Bebé”). Durante ese concierto sociópata, solo dos personas terminaron en la cárcel: Dylan Alberto y Ventura Tupete.

Joven emprendedor y decidido Luis Miguel Jáquez dirige el negocio (puesto de salchichas, farmacia) en sociedad. Prosperó rápidamente. Se mudó con Elizabeth, una joven exitosa y educadora muy conocida en el barrio. Con ellos viven los dos hijos de su ex mujer.

La madre de Luis Miguel también vivía en La Guayga. Iría a casa, buscaría comida y continuaría con sus actividades laborales. Casi nunca hablan de sus negocios y asuntos personales. La mujer que conoció al presunto asesino ahora exige justicia y confía en el trabajo que se haga para esclarecer la masacre.

La muerte va en yipeta

Una alquilada yipeta Hyundai Tucson, gris, año 2020, fue convertida en vehículo de la muerte: en ella movieron a las víctimas. En Boca Chica asesinaron a Luis Miguel.

Allí llegó él con sus verdugos. Eran como las 5 de la tarde cuando entraron a la habitación 2 del hotel Cayao, donde lo matarían. El asesinato sucedió tras horas de agonía y espanto. Fue escalofriante. Para detallar lo ocurrido y crear el expediente, la Fiscalía se basó en el testimonio de Ventura Tupete. Éste era el dueño del Cayao y, quizás porque no estuviera dentro de la habitación, no pudo ofrecer las minucias del brutal asesinato. Sin embargo, después de lo sucedido, encontró las huellas del crimen: manchas de horror, paredes ensangrentadas, los instrumentos macabros usados para la ejecución.

Sabiendo del crimen cometido allí, mandó a pintar y cubrir las paredes para tratar de ocultar evidencias y de encubrir el asesinato. Esta maniobra se reveló inútil: las autoridades escudriñaron las paredes y toda la habitación, reviviendo así la escena del crimen.

El suplicio

El ángel de la muerte alzaba sus alas por la habitación No. 2. A las 7 de la noche, dos horas después de entrar, salieron de allí Dylan Alberto y «Nardo». José Miguel Álvarez («Bebé»), que llevaba unas semanas viviendo en la habitación No. 1, volvió a entrar en la 2, donde permanecían su hermano y Luis Miguel. A esta altura habría empezado el suplicio, con vejaciones aplicadas con cintas pegantes y fundas negras que más adelante serían halladas en el aposento.

A la medianoche, Dylan Alberto y «Nardo» volvieron a penetrar en la macabra habitación. Esta vez lo hicieron con maldad, decididos a completar su obra siniestra. Recibiendo órdenes de «Nardo», y en presencia de sus cómplices, el despiadado «Bebé» asesinó a Luis Miguel.

Entonces, ¿cómo deshacerse del cadáver?, ¿dónde esconderlo? Dylan Alberto, «Bebé» y «Nardo» pusieron manos a la obra. Agarraron el cadáver caliente como estaba, y lo metieron en la yipeta. Con el muerto encima atravesaron la ciudad hasta llegar a la casa de Luis Miguel, en La Guáyiga. De allí raptaron a Elizabeth. Para llamar su atención le hablaron de su esposo, a quien esperaba en la casa, junto a los niños dormidos. Ella no sabía aún que su cadáver se uniría al de su esposo, para ser uno en la muerte como lo habían sido en la vida.

Se la llevaron, arrancaron con ella. La ejecutaron a sangre fría, con la misma impiedad con que habían asesinado a su esposo. Ahora eran dos, ¿cómo desechar esos despojos mortales? ¿Cómo esconder al par de esposos asesinados?

Fueron a la calle Manuel de Jesús Galván, en los alrededores de la Escuela Básica Narciso González, en el sector de La Esperanza, en Los Alcarrizos. Un pozo séptico recibió a los cadáveres. Los asesinos se esfumaron a esa hora sombría de la madrugada.

El destino de Dylan Alberto estaba fuera y estaba adentro. Como ciudadano estadounidense, no tuvo reparo alguno y pudo volar a Estados Unidos. Pero volvió más de un mes después y le echaron manos en el mismo aeropuerto. Ventura Tupete guarda un año de prisión preventiva. Los otros tres -«Nardo» y los hermanos Álvarez Ramírez- andan huyendo como fugitivos despiadados, con sus manos manchadas de sangre.