
En un reciente episodio del podcast Good Inside, la psicóloga Becky Kennedy invitó a la periodista Joanna Stern para debatir sobre el impacto de la inteligencia artificial en la crianza y el desarrollo emocional de la infancia. Stern compartió su experiencia tras un año utilizando IA en su hogar, y expuso sus inquietudes sobre los cambios en los vínculos afectivos y la gestión de las emociones en los niños.
La presencia masiva de chatbots y dispositivos inteligentes ha abierto interrogantes sobre cómo influyen en habilidades esenciales como la paciencia y la tolerancia a la frustración. Tanto Kennedy como Stern advirtieron que la inmediatez de las respuestas que ofrece la inteligencia artificial podría estar obstaculizando el aprendizaje de destrezas cruciales para desenvolverse en el mundo real.
La inteligencia artificial en el hogar y en los juguetes
Durante la conversación, Kennedy preguntó sobre la penetración de la IA en los entornos familiares y en los juguetes infantiles. “La inteligencia artificial está en todas partes. Está en nuestros teléfonos. Nuestros hijos podrían estar usándola para hacer sus tareas. Está en el altavoz de la cocina, y quizá incluso ayudó a resolver una discusión entre hermanos sobre un insecto exótico”, enfatizó la conductora.

Stern relató su experiencia: “Los fabricantes ahora han puesto chatbots que nunca dejan de responder dentro de los juguetes, incluso en peluches, así que los niños pueden conversar con ellos de forma permanente”. Explicó que al encender el dispositivo y conectarlo a la nube mediante el teléfono, el niño simplemente dialoga y el juguete responde siempre.
La personalización llega a tales niveles que, según Stern, “puedes introducir el nombre de tu hijo en la app, así que es muy personalizado. El peluche dice: ‘Hola, Alex. ¿Cómo fue tu tarde?’”. Aunque estas funciones parecen amigables, generan nuevos dilemas en la crianza.
Kennedy cuestionó si es saludable que los menores tengan siempre a su disposición un interlocutor —ya sea persona, objeto o algoritmo— para ser escuchados y validados. “Creo que me alegraría saber que mi hijo busca desahogo, pero a la vez me entristecería si esa conversación no ocurre con un humano, sino con la IA”, respondió Stern.

Fricción, desarrollo emocional y chatbots de compañía
En el diálogo, Stern subrayó la importancia de la fricción en las relaciones reales y señaló: “Debajo de este chatbot de inteligencia artificial generativa hay un modelo que solo dice lo que piensa que quieres oír. No hay fricción. Solo charla”.
Kennedy profundizó en esta idea y explicó: “Lo que realmente queda registrado en el cuerpo de un niño mientras su cerebro madura no es el resultado sino el proceso. ¿Cuánta fricción hubo? ¿Cuánto debió esperar por la respuesta de su interlocutor?”.
Stern también lamentó la posibilidad de ver a su hijo conversando con una máquina: “Pienso que me entristecería escucharlo hacer eso con una IA. Esas charlas son para tener con una persona”.
Ambas coincidieron en que los adultos enfrentan la tecnología desde la experiencia, mientras que los niños crecen bajo nuevas condiciones. “Nosotros tenemos la capacidad cognitiva de haberlo vivido. Pasamos 40 años aprendiendo a manejar esas cosas. Soy clara: no estoy en contra de usar la IA con los niños. Debemos enseñarles a ser humanos, no robots”, afirmó Stern.

En cuanto a tecnologías previas, destacó una diferencia fundamental: “Ahora la tecnología ‘piensa’ por nosotros e incluso transmite emociones, cambiando la profundidad del aprendizaje y la creatividad”.
En Good Inside se alertó sobre el peligro de eliminar toda fricción. “La tecnología siempre ha reducido la fricción de la vida y la ha hecho más cómoda. Pero ahora, la ausencia total de fricción podría dejar a los niños poco preparados para un mundo imperfecto”, coincidieron.
Kennedy advirtió sobre la validación constante de los chatbots: “Lo importante para los niños no es que todas sus ideas sean aprobadas sin reservas. Eso construye narcisismo, no confianza”.
“Me preocupa que mis hijos terminen en relaciones así. No a los chatbots de compañía. Punto final. No deberían programarse para sonar tan humanos ni mantener diálogos tan personales con la infancia”, enfatizó Stern.

Propuestas para regular la IA en la crianza
Hacia el final del podcast, Joanna Stern fue contundente: “Si pudiera crear una ley mañana para las compañías tecnológicas o las escuelas, sería: no a los chatbots de compañía. Punto final”.
Becky Kennedy coincidió en que lo prioritario debe ser “proteger la experiencia emocional genuina de los niños y evitar que la IA reemplace la interacción humana en la crianza”.
“Me inquieta el ritmo de los cambios. Incluso el editor de mi libro tuvo que frenarme; quería seguir actualizándolo porque la IA avanza cada día”, agregó Stern.
A pesar de las preocupaciones, Stern señaló: “Empieza a haber una reacción social al avance de estas tecnologías. Esa crítica, aunque a veces sea extrema, es necesaria porque nos obliga a pensar cómo acogemos la IA en nuestras vidas”. Y reconoció que el debate público es un paso para decidir el lugar que debe ocupar la inteligencia artificial en la vida cotidiana.
Fuente: Infobae
