
La ecuación del 2028 es de tres fuerzas políticas. Se puede afirmar que son tres opciones partidarias. Aunque polaricen dos (PRM-FP), hay un tercer partido, el PLD que sus números electorales son de dos dígitos. En un escenario de tres partidos con más de dos dígitos, la alianza de dos, sepulta a uno. En un escenario así, el todo contra todos, beneficia al partido de gobierno.
Esa fue la enseñanza de las experiencias de tres elecciones presidenciales en la década de los noventa. En los comicios de 1990 y 1994, un todo contra todos, benefició al PRSC y Balaguer, que ganaron con mayoría simple ambas votaciones. Para entonces, como ahora, el PLD era la tercera fuerza política. Se benefició en 1990 de la división del PRD y polarizó con el PRSC. Perdió y alegó fraude. En 1994, quedó en tercer lugar, 13%.
De hecho, el PLD presidió la Cámara de Diputados en el periodo 1990-1994, con Norge Botello, beneficiado por la rivalidad PRD-PRSC. La preferencia del PRSC con el PLD frente al PRD, se vio más clara en el periodo siguiente 1994-1996. A pesar de que el PLD era la tercera fuerza en la Cámara de Diputados, el PRSC le cedió la presidencia y recayó en Danilo Medina.
En el alegado fraude del PRSC contra Bosch y el PLD en 1990, el PRD prefirió asumir una posición que benefició al partido rojo. Lo propio hizo el PLD en 1994, que ante la crisis por un alegado fraude, negoció su tercer lugar para beneficiar al PRSC.
En la historia electoral más reciente, el PRM ha jugado bien sus cartas en la división del PLD. Antes de la separación formal (Leonel-Danilo), aprovechó las diferencias para jugar las cartas a su favor. Así permitió la aprobación de la ley de Partidos que dio paso a las primarias abiertas, rechazada tajantemente por el sector de Leonel y patrocinadas por el danilismo.
Luego de la división formal, el PRM hizo acuerdos con los leonelistas para ganar el poder. Para el 2028, el PRM quiere retener el poder y el PLD, como hizo en 1994, usará su posición en contra.
