
Imagina vivir en una isla privada, alejado de todo, si tienes medio millón de euros. Eso es lo que ofrece la isla escocesa de Mullagrach, que sale a subasta la próxima semana. Para llegar, necesitas un barco (desde Ullapool o Old Dornie) o un helicóptero. La propiedad abarca 36 hectáreas e incluye una cabaña amueblada.
Mullagrach se ubica frente a la costa noroeste de Escocia, siendo la isla más septentrional del archipiélago de las Summer Isles (Islas de Verano). Es un enclave casi desconocido, ideal para quienes buscan una propiedad fuera de la red. Según la inmobiliaria Savills: “En la isla se encuentra una cabaña de alta calidad y bajo impacto ambiental, diseñada para resistir las inclemencias del tiempo, con un techo curvo revestido de brezo que se integra armoniosamente en el paisaje”.

La subasta de Savills está prevista para el 9 de junio con un precio de salida de 350.000 libras (unos 405.000 euros). Curiosamente, esta cifra es inferior al precio medio de una vivienda en Madrid. La cabaña viene totalmente amueblada, con cocina, comedor, estufa de leña y dos camas. Cuenta con paneles solares y un inodoro de compostaje exterior. No se especifica si es para vivienda o alquiler, pero Savills señala que está lista “para estancias de una noche o más” y que el agua potable es embotellada.
¿Qué ofrece la isla de Mullagrach?
Más allá del aislamiento, se pueden recorrer playas, acantilados, cuevas y calas. En primavera y verano, destaca la floración de hierbas y flores silvestres. El entorno natural está protegido: forma parte del primer geoparque de la Unesco en Escocia. En sus aguas se avistan focas, delfines, nutrias, ánsares comunes y, ocasionalmente, rorcuales aliblancos.

Al sur y este, con vistas a las montañas de Skye y Torridon, las aguas interiores son ricas en vieiras, langostinos, langostas y cangrejos, además de caballa, abadejo y lubina. Desde el embarcadero es posible capturar langostas y cangrejos con nasas.
La fauna incluye págalos grandes, cormoranes moñudos, fulmares, gansos comunes y nutrias. La ausencia de pastoreo ovino por más de tres décadas ha favorecido una biodiversidad notable. En el noreste aún se conservan las ruinas de una antigua cabaña de pastoreo de verano.
La vegetación autóctona cubre una extensión considerable: sauces, serbales, abedules, hierbas, brezos, helechos y líquenes, junto a flores silvestres costeras y de páramo como claveles marinos, orquídeas, prímulas, jacintos, escabiosas y violetas silvestres, según el anuncio de Savills.
Fuente: Infobae
