
Un giro histórico está transformando la forma en que los gobernantes europeos enfrentan la guerra en Ucrania. Después de más de cuatro años de hostilidades, los reportes de inteligencia y organismos internacionales coinciden en un panorama claro: Rusia se dirige hacia una derrota estratégica inevitable y enfrenta una crisis militar y económica insostenible. Esta realidad está llevando a las capitales de la Unión Europea a diseñar estrategias de contención propias, mientras refuerzan sus defensas ante posibles represalias del Kremlin.
La idea de que el conflicto ya no es un empate sino una degradación constante del poder ruso se ha fortalecido tras los últimos estudios de seguridad en Europa. Este cambio coincide con una reducción en la dependencia del respaldo estadounidense, ya que Estados Unidos ha concentrado su atención en Oriente Medio durante los últimos dieciocho meses.
Con un enfoque doble —prepararse para el declive de la campaña militar rusa y fortalecer sus propias instituciones—, Europa aspira a asumir un liderazgo que no tenía en casi un siglo, tomando el control directo de la seguridad en su frontera este.
Retroceso en el frente y desgaste económico

Según los informes del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), los ataques de rango intermedio de Ucrania y el uso de drones avanzados han reducido drásticamente la movilidad de las fuerzas rusas. Los datos muestran que el avance diario ruso pasó de 13,2 kilómetros cuadrados por día en 2025 a menos de 5 kilómetros cuadrados diarios en lo que va de 2026.
La crisis de personal en Rusia se agrava. Los servicios de inteligencia occidentales indican que las bajas mensuales rusas superan sistemáticamente el reclutamiento desde diciembre pasado, generando un déficit que el Kremlin no puede cerrar. Según el Estado Mayor ucraniano, Rusia ha sufrido más de 160.000 muertos o heridos graves en 2026. El reclutamiento cayó cerca del 20% en el primer trimestre y, en mayo, Ucrania registró una ganancia neta de territorio por segundo mes consecutivo.
El frente de batalla también impacta en la economía rusa. El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) publicó en mayo un informe que califica la guerra como económicamente insostenible, señalando la escasez de mano de obra como principal limitante. Michael Kofman, del Carnegie Endowment, afirmó que Ucrania está “objetivamente en mejor posición” y que el tiempo ya no favorece a Rusia.

Este desgaste militar y económico ha generado una nueva confianza geopolítica en Europa. El Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO) publicó un balance donde señala que la acumulación de reveses en las políticas rusa está cambiando el patrón de la guerra.
“la acumulación de reveses en las políticas económica, de defensa y exterior de Rusia esta primavera está cambiando el patrón de la guerra hacia la perspectiva real de una derrota”
Según el PRIO, esta evolución ha permitido a las potencias europeas —lideradas por París, Berlín y Londres— diseñar iniciativas de seguridad propias, como el marco del “Plan de Londres”, para gestionar los riesgos regionales, distanciándose de los intentos de negociación directa entre Rusia y Estados Unidos tras la cumbre de Alaska.
Para sostener esta autonomía, la Unión Europea formalizó un paquete de asistencia de 90.000 millones de euros, asegurando el financiamiento de Ucrania y destinando dos tercios de los fondos a armamento avanzado para garantizar su sostenibilidad a largo plazo.
En paralelo, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, ordenó abrir un canal diplomático con Moscú y su jefe de gabinete mantuvo conversaciones con un asesor de Putin. Costa afirmó que la UE no busca mediar, sino transmitir su propia posición. Con el respaldo del presidente ucraniano Volodimir Zelensky, Bruselas busca asegurar que cualquier contacto con Moscú se haga desde una posición de fuerza europea.
El Escudo Democrático frente a la guerra híbrida

Sin embargo, mientras las opciones militares del Kremlin se reducen, las autoridades europeas advierten que la presión se trasladará a la “zona gris” con tácticas asimétricas. Este martes, la Comisión Especial sobre el Escudo Europeo de la Democracia del Parlamento Europeo aprobó un informe que califica formalmente a Rusia como la “principal amenaza externa para la integridad democrática de Europa”.
El documento, adoptado por 20 votos a favor y 9 en contra, exige un cambio radical hacia un marco de “disuasión activa” contra campañas de interferencia extranjera, manipulación informativa y ciberataques que buscan fracturar la cohesión social del bloque.
El eurodiputado sueco Tomas Tobé, vicepresidente del Grupo del Partido Popular Europeo (PPE) y ponente del informe, advirtió tras la votación en Bruselas que “ningún Estado miembro puede hacer frente a esta amenaza de manera eficaz por sí solo”. Tobé urgió a implementar reformas para “refuerzo de las capacidades operativas, una mayor rendición de cuentas y una mejor preparación” colectiva.
Las recomendaciones también advierten contra los peligros de normalizar los lazos con Moscú ignorando sus objetivos imperiales, y extienden las alertas a la infraestructura tecnológica global. El informe subraya la necesidad de reducir la dependencia de software y componentes de terceros países de alto riesgo, apuntando específicamente a China ante posibles vulnerabilidades que permitan la transmisión de datos sensibles o el control remoto de redes estratégicas.
Fuente: Infobae
