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Estudio revela que la tentación, no el estrés, dispara el uso excesivo de internet

Estudio revela que la tentación, no el estrés, dispara el uso excesivo de internet

Cuando las personas atraviesan momentos de estrés o mal humor, suelen incrementar el tiempo frente a la pantalla. Sin embargo, lejos de aliviar esas emociones, el uso excesivo de internet tiende a intensificarlas. Durante años, los especialistas en salud mental han alertado sobre este círculo vicioso en sus planteamientos teóricos.

Ahora, un estudio de la Universidad de Duisburg-Essen (UDE) con 900 adultos alemanes encontró evidencia en la vida cotidiana: la tentación de conectarse es el factor que transforma el malestar en horas adicionales frente al monitor.

Publicado en la revista PLOS One, el trabajo se propuso determinar si el estrés, el estado de ánimo y la tentación podían predecir el tiempo que cada persona pasa en línea, así como las consecuencias de esa navegación: placer, alivio o abandono de otras responsabilidades.

El uso problemático de internet (UPI) se define por el empleo excesivo de aplicaciones digitales —como videojuegos, apuestas, pornografía, redes sociales y compras en línea— hasta el punto de generar deterioro funcional o malestar significativo.

El estudio publicado en PLOS One evaluó si el estrés, el humor y la tentación anticipan el uso de internet y sus consecuencias cotidianas (Imagen Ilustrativa Infobae)

No se trata de pasar varias horas al día frente a una pantalla por motivos laborales o educativos, sino de un patrón donde la actividad en línea desplaza otras esferas de la vida: relaciones personales, trabajo, estudio, descanso.

El fenómeno tiene alcance mundial. Una revisión publicada en el Journal of Behavioral Addictions, con participación de sociedades de adicciones de 38 países, identificó las formas más comunes de uso problemático: el juego en línea fue reportado como problema en el 94,8% de los países encuestados, las redes sociales en el 84,2% y la pornografía en el 68,3%.

La tentación como motor, no el estrés

Durante 14 días, los 900 voluntarios llenaron cuestionarios cada noche: registraron su humor, su nivel de estrés, el impulso de conectarse, el tiempo total en internet y las consecuencias —placer obtenido y obligaciones postergadas. Una entrevista diagnóstica inicial clasificó a cada participante según la gravedad de su conducta: patológica, de riesgo o no problemática.

Los resultados mostraron que a mayor gravedad del UPI, peor era el estado de ánimo, mayor el estrés, más tiempo se pasaba en línea y más se descuidaban otras áreas de la vida. Pero el hallazgo clave apuntó a otro elemento: no era el estrés ni el mal humor lo que impulsaba directamente el uso, sino la tentación.

Este concepto funciona como un disparador interno: un impulso momentáneo que surge ante un estado emocional negativo y actúa como puente entre ese malestar y la conducta de conexión.

Andreas Oelker, investigador del Departamento de Psicología General, Cognición y Centro de Investigación de Adicciones Conductuales de la UDE y primer autor del estudio, lo resumió en el comunicado institucional: “Más que el estrés real o el estado de ánimo por sí solos, es el impulso momentáneo de conectarse el que determina si las personas se involucran en actividades en línea y experimentan tanto consecuencias gratificantes como perjudiciales”.

Por ejemplo, es lo que ocurre cuando alguien agobiado abre Instagram “un momento” y termina media hora después: la distracción funcionó, y eso garantiza que el ciclo se repita.

Una vez que la persona cede a ese impulso, el placer y el alivio obtenidos funcionan como reforzadores que hacen más probable la repetición del ciclo. Según se detalla en el trabajo, la gratificación y la compensación emocional consolidan el hábito, mientras que la tentación actúa como el factor de mayor peso en todo el proceso.

Los autores plantearon que la prevención y el tratamiento del uso problemático de internet pueden ser más efectivos si ayudan a reconocer y gestionar la tentación de conectarse (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los aspectos metodológicos de este trabajo es el enfoque utilizado: la evaluación ambulatoria —del latín ambulare, moverse, caminar—. En términos simples, significa que los datos no se recogieron en un laboratorio o en una única sesión clínica, sino en la vida real de cada participante, a través de cuestionarios diarios respondidos en su entorno habitual.

Este tipo de metodología permite capturar fluctuaciones cotidianas que un estudio de corte transversal —es decir, una sola medición en un momento dado— no podría detectar.

Implicancias para la prevención y el tratamiento

Los modelos teóricos que el equipo puso a prueba asumen que el malestar emocional genera el deseo de recurrir a ciertas aplicaciones esperando obtener placer o alivio. El trabajo de la UDE no solo confirmó esas hipótesis en un entorno real, sino que permitió precisar cuál es el eslabón más fuerte de esa cadena: no el malestar en sí, sino el impulso que desencadena.

Ese hallazgo tiene implicancias directas para el diseño de intervenciones. “Nuestros hallazgos sugieren que ayudar a las personas a reconocer y gestionar los momentos de tentación puede ser más efectivo que centrarse únicamente en el estrés o el estado de ánimo”, afirmó Oelker en el comunicado institucional.

Los resultados señalaron que a mayor gravedad del uso problemático de internet, peor estado de ánimo, más estrés, más tiempo en línea y más obligaciones postergadas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las terapias orientadas a entrenar a los pacientes para identificar ese impulso antes de que se concrete en conducta podrían, según los autores, superar en eficacia a los enfoques centrados en reducir el malestar de base.

El alcance del problema que este tipo de investigaciones busca abordar es global. Un trabajo publicado en diciembre de 2025 en la revista Public Health, con datos de 12.449 jóvenes de entre 15 y 24 años en 26 países, estimó una prevalencia de adicción a internet del 38,4%, con variaciones que van del 24% en Camerún al 62,4% en Vietnam. Entre los factores de riesgo identificados figuran los síntomas internalizantes, la alta emocionalidad negativa y el bajo control parental.

El estudio de la UDE constituye una de las primeras verificaciones empíricas en contexto cotidiano de los modelos dominantes sobre las adicciones conductuales digitales.

Fuente: Infobae