Saltar al contenido Saltar al contenido

¿Está el país preparado para una mujer presidente?

¿Está el país preparado para una mujer presidente?

La pregunta surgió en una conversación sobre política en la cafetería del supermercado Nacional. Mi respuesta fue, sin pensarlo dos veces: sí. No encontré un argumento serio para decir lo contrario. El problema nunca ha sido la preparación de las mujeres. El problema ha estado en una cultura política que durante demasiado tiempo entendió el poder como un espacio reservado para los hombres. Esa idea sobrevive en algunos partidos, pero cada vez tiene menos respaldo en la sociedad.

Las mujeres dominicanas llevan décadas demostrando capacidad para dirigir instituciones públicas y privadas. Han sido vicepresidenta de la República, han administrado empresas, universidades, ministerios, alcaldías y organizaciones sociales. Han tomado decisiones complejas, manejado recursos públicos con responsabilidad y han enfrentado crisis con resultados positivos. La experiencia existe. Lo que falta es que los partidos políticos y los electores den el paso definitivo eligiendo en elecciones internas a una mujer como candidata presidencial. Entonces la competencia dependerá del voto ciudadano y no de prejuicios heredados.

En el Partido Revolucionario Moderno se destacan dos dirigentes con condiciones para ser elegidas por sus méritos. Raquel Peña ha desempeñado la vicepresidencia con discreción, disciplina, sentido institucional y seriedad en el manejo de los fondos públicos. Ha preferido el trabajo constante al protagonismo. Carolina Mejía ha fortalecido su liderazgo, mejorado su comunicación política y recorre el país con una presencia cada vez más visible. Ambas mujeres representan estilos diferentes, pero ninguna puede ser descartada por falta de formación académica o experiencia estatal.

En el Partido de la Liberación Dominicana ocurrió algo distinto. Margarita Cedeño acumuló experiencia de gobierno y demostró que podía aspirar con posibilidades reales. Sin embargo, las disputas internas terminaron favoreciendo otros intereses y la organización dejó pasar una candidatura que pudo cambiar su historia reciente. Aquella decisión redujo una oportunidad importante para presentar una alternativa diferente y consolidar un liderazgo femenino con respaldo nacional.

En la Fuerza del Pueblo el escenario tampoco muestra una competencia femenina consolidada. El liderazgo de Leonel Fernández continúa ocupando el centro de la organización y ninguna mujer disputa con fuerza la candidatura presidencial. Esa realidad confirma que el relevo político todavía depende, en gran medida, de figuras tradicionales y de decisiones concentradas en una misma dirección.

La discusión debería abandonar el debate sobre el género y concentrarse en la calidad del liderazgo. Un gobernante incompetente perjudica al país sin importar su sexo y una gobernante competente merece ser evaluada por sus resultados. Lo importante es la capacidad para administrar el Estado, formar equipos, generar confianza, respetar las instituciones y presentar un proyecto creíble para responder a los principales problemas nacionales. Creo que la República Dominicana está preparada, quizá más de lo que algunos dirigentes imaginan. México, Chile, Costa Rica y otros países demostraron que una mujer puede conducir el Estado con responsabilidad y resultados positivos.

Hoy surgen figuras con posibilidades reales. Da la impresión de que las mujeres con mayor preparación política se encuentran en el PRM y en el PLD, aunque serán esas organizaciones las que decidirán sus candidaturas. Después hablarán los ciudadanos. Ese será el momento de elegir por capacidad, experiencia, honestidad, equilibrio, conocimiento y liderazgo, pensando únicamente en el futuro de la República Dominicana. El país necesita abrir esa oportunidad con responsabilidad, confianza democrática y respeto absoluto al voto libre.

Demuéstrame que estoy equivocado…