
Redacción. Muchas de las enfermedades que causan mayor carga de mortalidad y discapacidad en el mundo tienen una característica en común: pueden desarrollarse durante años sin provocar síntomas evidentes. La hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, la enfermedad renal crónica, el glaucoma e incluso algunos tipos de cáncer suelen detectarse cuando ya han producido daños importantes, por lo que los especialistas insisten en la importancia de los chequeos médicos periódicos y de prestar atención a señales que, aunque parezcan leves, pueden ser una advertencia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las enfermedades no transmisibles son responsables de la mayoría de las muertes en el mundo y que el diagnóstico temprano es una de las herramientas más eficaces para reducir sus complicaciones.
Hipertensión: el «asesino silencioso»
La hipertensión arterial es una de las enfermedades que con mayor frecuencia pasa desapercibida. Según la OMS, millones de personas viven con presión arterial elevada sin saberlo, ya que la mayoría no presenta síntomas hasta que aparecen complicaciones como infartos, accidentes cerebrovasculares o daño renal.
Cuando la presión arterial alcanza niveles muy elevados pueden aparecer dolor intenso de cabeza, visión borrosa, dolor en el pecho, dificultad para respirar o sangrado nasal. Sin embargo, estos síntomas suelen presentarse en etapas avanzadas o durante una emergencia hipertensiva.
Por ello, los organismos de salud recomiendan medir la presión arterial de forma periódica, incluso en personas que se sienten completamente sanas.
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Diabetes tipo 2: años sin manifestaciones evidentes
La diabetes tipo 2 también puede evolucionar lentamente. La OMS advierte que sus síntomas suelen ser leves al inicio y que pueden pasar varios años antes de que la enfermedad sea detectada.
Entre las señales que pueden aparecer se encuentran sed excesiva, necesidad frecuente de orinar, cansancio persistente, visión borrosa y pérdida de peso involuntaria. Sin tratamiento, la enfermedad puede afectar los vasos sanguíneos, los nervios, los ojos, el corazón y los riñones.
Más del 95 % de los casos de diabetes corresponden al tipo 2, una enfermedad cuyo riesgo aumenta con el sobrepeso, el sedentarismo y los antecedentes familiares, aunque puede prevenirse o retrasarse con hábitos saludables.
Enfermedad renal: un daño que suele descubrirse tarde
La enfermedad renal crónica es otra afección que puede permanecer silenciosa durante mucho tiempo. De acuerdo con la OMS, muchas personas desconocen que la padecen porque las primeras etapas rara vez producen síntomas perceptibles.
Los especialistas explican que el daño renal puede detectarse mediante análisis sencillos de sangre y orina, especialmente en personas con diabetes, hipertensión o factores de riesgo cardiovasculares.
Cuando la enfermedad progresa pueden aparecer hinchazón en piernas o tobillos, fatiga, alteraciones urinarias, náuseas o dificultad para concentrarse, aunque estas manifestaciones suelen presentarse cuando la función de los riñones ya está considerablemente comprometida.
Glaucoma: la pérdida de visión puede ser irreversible
El glaucoma es una de las principales causas de ceguera irreversible en el mundo. Su principal dificultad es que, en la mayoría de los casos, el daño al nervio óptico avanza sin dolor ni alteraciones visuales perceptibles en las etapas iniciales.
A medida que progresa, la persona puede comenzar a perder visión periférica de manera gradual, un cambio que muchas veces pasa inadvertido hasta que el daño es importante. Por esta razón, los oftalmólogos recomiendan revisiones oculares periódicas, especialmente después de los 40 años o en personas con antecedentes familiares o factores de riesgo.
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Algunos tipos de cáncer también pueden pasar inadvertidos
Los especialistas advierten que varios tipos de cáncer pueden desarrollarse durante meses o incluso años sin síntomas específicos. Entre ellos figuran el cáncer colorrectal, el de riñón, el de ovario y algunos cánceres de pulmón o de próstata en sus etapas iniciales.
Cuando aparecen señales de alerta pueden incluir pérdida de peso sin causa aparente, fatiga persistente, sangrado inusual, cambios en hábitos intestinales o urinarios, tos prolongada, aparición de bultos o cambios en lunares. Sin embargo, estos síntomas no siempre significan cáncer, por lo que deben ser evaluados por un profesional de la salud.
Los expertos coinciden en que los programas de detección temprana y las consultas médicas ante cualquier cambio persistente aumentan las posibilidades de un tratamiento oportuno y mejores resultados.
La importancia de los chequeos preventivos
Aunque muchas enfermedades pueden evolucionar sin causar molestias durante años, los especialistas coinciden en que los controles médicos periódicos permiten detectarlas antes de que provoquen daños irreversibles.
Medir la presión arterial, realizar análisis de glucosa y función renal cuando corresponda, acudir a revisiones oftalmológicas y participar en los programas de detección de cáncer según la edad y los factores de riesgo son algunas de las estrategias que recomiendan los organismos internacionales para favorecer un diagnóstico temprano y reducir las complicaciones.
