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El mapa emocional de la Temporada Sinfónica 2026

El mapa emocional de la Temporada Sinfónica 2026

La Temporada Sinfónica 2026, anunciada esta semana por la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), propone algo más ambicioso que cinco conciertos: traza un recorrido desde la tensión y la imaginación hasta una idea de resurrección colectiva, configurando una dramaturgia musical casi operática que, claramente, resume nuestros tiempos modernos y convierte el 85 aniversario de la institución en una reflexión sobre la madurez cultural de República Dominicana.

La temporada comenzará el 12 de agosto, en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, y concluirá el 4 de noviembre con una gala que, además, celebra los 40 años de la Fundación Sinfonía. Entre ambas fechas se ha construido un itinerario artístico de enorme peso, dirigido por José Antonio Molina, Jaime Morales y Santy Rodríguez y con la participación solista de Adriana Garcell y Scarlett Martínez. Es una programación que mira hacia el gran repertorio universal, pero que también permite leer el presente desde la música.

Tras el impacto reciente de Carmina Burana, José Antonio Molina adelanta que aquella experiencia fue apenas “una probadita, un teaser de lo que se avecina en nuestra Temporada Sinfónica 2026”, una edición que, a su juicio, estará marcada por obras “icónicas y monumentales” del repertorio sinfónico. La palabra teaser puede parecer inesperada en boca de un director de orquesta, aunque describe con precisión la lógica de esta temporada: crear expectativa, construir relato y convocar una audiencia alrededor de una experiencia compartida.

Música para un mundo que aprieta

La gala inaugural reúne dos sinfonías escritas para tiempos de tensión. La Séptima de Antonín Dvořák contiene una energía sombría, una lucha interior que desborda sus cuatro movimientos. Dvořák era un compositor profundamente conectado con la identidad de su pueblo, y esa sinfonía conserva algo de urgencia histórica, como si una nación entera estuviera intentando afirmarse a través del sonido.

Después llegará la Quinta Sinfonía de Dmitri Shostakovich, una de las obras más complejas y poderosas del siglo XX. Shostakovich la compuso bajo el peso del estalinismo, en un contexto donde una obra podía ser celebrada, vigilada o condenada según el clima político. En tiempos en que vivimos de incertidumbre, ruido político, ansiedad económica y sobreexposición informativa, ambas obras adquieren una vigencia incómoda. No ofrecen soluciones, aunque plantean una pregunta esencial: ¿qué queda de la libertad interior cuando el mundo exterior impone sus reglas?

El segundo concierto, dirigido por Jaime Morales, cambiará el paisaje sin abandonar la intensidad. El aprendiz de brujo, de Paul Dukas, permite entrar por una puerta popular y cinematográfica. Muchos escucharán allí ecos de la célebre secuencia de Fantasía de Disney, pero detrás de las escobas animadas hay una lección sobre el poder de la imaginación y sus consecuencias representado en un joven aprendiz que cree dominar una fuerza que todavía no comprende. La metáfora sigue siendo actual en una época fascinada por herramientas capaces de alterar la vida cotidiana en cuestión de segundos.

Junto a ella, el Concierto para violonchelo de Saint-Saëns y la Élégie de Fauré abrirán un espacio de intimidad a través de Adriana Garcell, integrante de la propia OSN. Su presencia recuerda que una institución musical no se sostiene solo con grandes nombres internacionales, sino con músicos que construyen, desde dentro, una tradición de excelencia. Luego, Rimski-Kórsakov y Manuel de Falla llevarán la noche hacia el color, el ritmo y el teatro. Virtuosismo orquestal convertido en paisaje, danza y escena.

El país también suena

El tercer concierto concentra uno de los gestos más significativos de la temporada. Bajo la dirección de Santy Rodríguez, director asistente de la OSN, el programa incluirá Vuela, Sarambo, vuela… segundo movimiento del Cuarteto Caribeño de José Antonio Molina. La obra estará acompañada por el Concierto para violín de Mendelssohn, interpretado por Scarlett Martínez, y la Segunda Sinfonía de Serguéi Rachmaninoff.

Ese diálogo merece atención. Mendelssohn representa una forma de lirismo que exige claridad, elegancia y una técnica de enorme precisión. Rachmaninoff, en cambio, abre una arquitectura emocional más expansiva, donde la melodía parece respirar con la amplitud de una confesión. Entre ambos aparece Molina y, con él, una sensibilidad caribeña que no necesita pedir permiso para habitar la gran sala sinfónica.

Posteriormente, en octubre llegará Wagner, con un programa todavía por anunciar pero que solo la inclusión del compositor añade una capa de dramatismo y ambición. Wagner es el arquitecto musical de mundos completos, con deseos, conflictos, héroes, sombras y mitologías. Buena parte del lenguaje emocional del cine épico nació allí, mucho antes de que las pantallas convirtieran lo sinfónico en sinónimo de aventura, peligro o destino.

Finalmente, la clausura, el 4 de noviembre, será una gala de aniversarios. La OSN celebrará 85 años y Fundación Sinfonía, 40. Para esa noche se ha reservado la Segunda Sinfonía de Mahler, una obra que requiere gran orquesta, coro, solistas y una capacidad extraordinaria para sostener el arco de una experiencia que va de la inquietud a la afirmación final.

Mahler no compuso una pieza cómoda. La “Resurrección” es una obra sobre la fragilidad humana y la necesidad de encontrar sentido después del derrumbe. Su final propone una esperanza trabajada y que honra la memoria. Por eso resulta tan adecuada para una institución que alcanza 85 años, pues una orquesta que sobrevive durante décadas conoce algo de esa lucha: presupuestos, cambios generacionales, exigencias artísticas, formación de públicos y la renovación de su lugar en la sociedad.

Así, la OSN llega a sus 85 años con una temporada que va de la presión a la resurrección. Tal vez esa sea la mejor forma de entenderla: como una invitación a escuchar cómo una nación puede reconocerse en el sonido de una orquesta.

Puedes consultar el programa y costo de las boletas en @osn_rd, @fundaciónsinfonía, @teatronacionalrd y @bellasartesrd.