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Edward H. Gibson: el hombre sin dolor que inspiró un libro revelador

Edward H. Gibson: el hombre sin dolor que inspiró un libro revelador

El 9 de febrero de 1932, en la New York Academy of Medicine, el doctor George Van Ness Dearborn presentó a un paciente de 54 años llamado Edward H. Gibson. Según el informe médico, este hombre nunca había experimentado dolor físico desde su nacimiento. Se trataba de un caso de analgesia total congénita, bautizado como A Case of Congenital General Pure Analgesia en una conferencia cuya transcripción fue publicada en junio de ese mismo año en el Journal of Nervous and Mental Disease. Dicho documento es considerado el primer registro fiable de esta condición.

Ese documento se convirtió en la única fuente para el libro Podría comer piedras. Vida y crucifixión de Edward H. Gibson, escrito por el autor Andrés Barba – nacido en Madrid pero residente en Argentina. La premisa del libro es tan fértil como restrictiva: “todo cuanto sabemos” sobre Gibson proviene de aquella presentación médica. Sobre esa base, Barba construye una biografía fragmentaria, repleta de zonas grises, donde los vacíos del archivo se convierten en parte del método narrativo.

Barba transforma la falta de información en un recurso estilístico. Allí donde el informe clínico solo ofrece una lista de datos, cicatrices y anotaciones, el libro ordena una vida probable y llena los “huecos en blanco” mediante suposiciones biográficas. Todo bajo la premisa de que el caso de Gibson es demasiado incoherente como para encajar sin fricción en una estructura rígida.

Uno de los pasajes centrales del libro establece el marco de lectura: un hombre que jamás sintió dolor físico, pero que acumuló incontables marcas. En su enumeración, Dearborn dejó constancia de cicatrices en el rostro y el cuerpo, nariz fracturada, ausencia del dedo índice izquierdo, una gran cicatriz en la palma de la mano y cojera en la pierna derecha. Estos rastros permitieron deducir una biografía marcada por los golpes.

Andrés Barba (Johanna Marghella)

La conferencia se llevó a cabo ante “varias decenas de médicos” y con el propio Gibson presente. La transcripción, publicada meses más tarde, funcionó como certificado de origen: el primer documento fiable de un caso de analgesia total congénita.

En esa sala, Dearborn describió al paciente con la frase “cándido y sincero”. El libro interpreta esa expresión como un recurso retórico para ganarse la benevolencia de los presentes, partiendo de la idea de que la credibilidad se construye sobre la empatía.

El contexto también estuvo marcado por la reputación del médico entre sus colegas. Según Barba, a Dearborn se le conocía por su fervor hacia los test de Rorschach, que “casi todos los asistentes” consideraban “el mayor timo de la neuropsicología moderna”, así como por su libro The Influence of Joy, descrito como un tratado sobre el poder curativo de la alegría.

El detalle documental también alcanzó el plano visual. Del doctor Dearborn se conserva “la única fotografía que tenemos”, con una descripción física detallada. En cambio, del paciente Gibson, el médico se negó a proporcionar una imagen y solo indicó que sus “rasgos (menores) no son significativos” para el objetivo clínico.

New York Academy of Medicine

Edward H. Gibson fue el paciente exhibido por el doctor Dearborn como un caso de analgesia total congénita. El testimonio que sirvió de base fue la conferencia del 9 de febrero de 1932 en la New York Academy of Medicine y su posterior transcripción. Allí se afirmó que el hombre, de 54 años, jamás había experimentado dolor físico. Los datos biográficos que el médico proporcionó fueron “escuetos”: Gibson nació en Praga en 1878, emigró a Estados Unidos con un año de edad junto a sus padres y fue escolarizado en una ciudad de Pensilvania.

Dearborn también listó los oficios de Gibson como si fueran una clave de lectura: trabajó como chófer, muchacho de los recados, vendedor de entradas en un teatro y músico clarinetista en la United States Marine Band. Todas eran ocupaciones que requerían “cierta confianza”, directa o indirectamente.

Barba también planteó dudas sobre la verosimilitud del relato, incluso sobre el nombre. Señaló que “Edward H. Gibson” sonaba “menos creíble” para alguien nacido en Praga en 1878, y sugirió la posibilidad de que tuviera ascendencia gitana o judía asquenazí.

 El doctor George Van Ness Dearborn presentó el caso de Edward H. Gibson en la New York Academy of Medicine el 9 de febrero de 1932 (Imagen Ilustrativa Infobae)

A partir de ese único registro clínico, Barba completa una biografía mediante suposiciones: imagina a Gibson como un niño “sin llanto”, lo retrata como un ser raro e incomprendido, y lo lleva a descubrir su condición de freak. En ese punto, el libro lo sitúa dentro del mundo del vodevil, descrito como la conversión de la vergüenza en orgullo y luego en dinero.

El texto establece una comparación literaria con El artista del hambre de Kafka, asociado a la idea de convertir una privación en espectáculo hasta que el público se olvida. Bajo esa lógica, el “número estrella” de Gibson sería su crucifixión, con clavos dorados, aunque el propio relato señala que “ni eso le salió bien”.

El proyecto se plantea como un estudio sobre el dolor, su dimensión simbólica y las discrepancias entre la experiencia y la representación. La escena de la crucifixión pública se presenta como un gesto “desesperado o irónico” de alguien que, relegado a la categoría de fenómeno, buscaba sublimarse ante la multitud.

Fuente: Infobae