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Discurso del presidente del CONEP, Sr. Celso Juan Marranzini, en el 63 aniversario del CONEP y el Día Nacional de la Empresa Privada

Discurso del presidente del CONEP, Sr. Celso Juan Marranzini, en el 63 aniversario del CONEP y el Día Nacional de la Empresa Privada

Hace 63 años nació el Consejo Nacional de la Empresa Privada en una República Dominicana muy distinta a la de hoy. En ese entonces, era un país con enormes limitaciones, pero también con una profunda voluntad de avanzar.

Desde entonces, el CONEP ha acompañado la transformación económica, institucional y social de nuestra nación.

Pero hoy no solo celebramos una trayectoria institucional. Celebramos también la capacidad de la República Dominicana de construir progreso, estabilidad y oportunidades a partir del trabajo de millones de dominicanos.

Y quiero comenzar desmontando un mito que todavía persiste.

A veces se habla del sector privado como si fuera algo distante, limitado a unos pocos o reservado para grandes empresas. Pero el sector privado no tiene una sola cara. Tiene miles de rostros dominicanos. Porque el sector privado no es un grupo aislado de la sociedad.

El sector privado es la sociedad dominicana trabajando, emprendiendo, innovando y creando futuro. Es la mujer que abrió un pequeño negocio para sostener a su familia. Es el joven que desarrolla software y exporta servicios desde una computadora. Es el agricultor, el industrial, el comerciante, el emprendedor y el profesional independiente.

Porque el sector privado SOMOS TODOS aquellos que producimos, invertimos, innovamos, generamos empleos y desarrollamos oportunidades para el país. Juntos generamos el 85 % del PIB, 90 % de las inversiones y 86 % de los empleos de la Republica Dominicana.

La libre empresa es el derecho de cualquier ciudadano a transformar esfuerzo en progreso y trabajo en patrimonio.

Y precisamente para defender esa libertad nació el CONEP hace 63 años: para promover una sociedad democrática, abierta, institucional y capaz de generar oportunidades para todos.

Señoras y señores,

Hoy celebramos este aniversario en un momento muy importante para el mundo. Vivimos una etapa de profundas transformaciones económicas y geopolíticas.  La seguridad económica ha pasado a formar parte de la seguridad nacional. Las cadenas globales de suministro se están reorganizando.  Y tecnologías como la inteligencia artificial están redefiniendo la competitividad global.

Por eso nos honra contar hoy con la presencia de Ian Bremmer, cuyas reflexiones sobre este nuevo escenario internacional serán especialmente oportunas. Pero antes de mirar hacia afuera, conviene reconocer lo que la República Dominicana ha sido capaz de consolidar desde dentro.

Lo vemos en nuestra manufactura, en exportaciones cada vez más diversificadas, en una infraestructura logística que nos conecta con el mundo, en una matriz energética más moderna y en niveles históricos de inversión extranjera que reflejan la confianza internacional en nuestro país.

Lo vemos en un turismo que continúa rompiendo récords y consolida al país como uno de los principales destinos de la región. Lo vemos también en el empuje de nuestras mipymes, que representan la inmensa mayoría de las unidades productivas nacionales y generan más del 60 % del empleo.

Detrás de todo esto hay familias, riesgos asumidos, empleos creados y millones de dominicanos que todos los días empujan este país hacia adelante.

Y al observar esos avances, debemos reconocer que mientras America Latina enfrenta una trampa de bajo crecimiento, marcada por el estancamiento de la productividad, el mundo sigue mirando a la República Dominicana de manera distinta.

El Harvard Growth Lab, a través del Atlas of Economic Complexity, proyecta hoy al país entre las economías con mayor crecimiento del PIB per cápita hacia la próxima década, siendo la única nación de América Latina y el Caribe dentro de ese grupo.

Eso no ocurre por casualidad. Ocurre porque el país ha logrado construir estabilidad, diversificación económica, capacidad productiva y confianza. Pero también porque estamos frente a una oportunidad histórica.

Nuestra cercanía geográfica, económica e institucional con los Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, representa una ventaja estratégica extraordinaria en esta nueva etapa global.

Reconocemos los esfuerzos que ha venido realizando el gobierno del presidente Luis Abinader para seguir fortaleciendo esa relación estratégica con los Estados Unidos.

Debemos profundizar aún más esa integración económica, ampliar nuestro acceso a mercados, atraer nuevas inversiones y consolidarnos como una plataforma regional de manufactura avanzada, logística, tecnología y servicios.

El nearshoring, la transformación de las cadenas de suministro y la necesidad global de mayor resiliencia productiva abren mayores oportunidades reales para sectores como dispositivos médicos, manufactura especializada, servicios tecnológicos y, eventualmente, industrias de mayor sofisticación como los semiconductores.

Pero alcanzar ese potencial exige actuar con visión de largo plazo. Necesitamos formar más talento en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. La discusión sobre la ley de Educación representa una oportunidad histórica para modernizar nuestro sistema educativo y convertirlo en uno de los pilares estratégicos del desarrollo nacional.

Necesitamos cerrar las brechas entre lo que demandan nuestros sectores productivos y lo que genera nuestro sistema educativo.

Necesitamos enfrentar desafíos estructurales que todavía limitan nuestra competitividad, desde la informalidad hasta las deficiencias del sistema eléctrico y el orden y ordenamiento territorial en nuestras ciudades, polos turísticos y centros industriales.

Porque el desarrollo no depende únicamente de las empresas. También depende de la calidad institucional, de la capacidad de planificación y de cómo organizamos el país donde las personas viven, trabajan y producen.

Y justamente por eso, iniciativas como la Estrategia Nacional de Desarrollo y Meta RD 2036 adquieren tanta relevancia. Debemos seguir construyendo una visión compartida estratégica sobre el futuro del país. Y ahí está probablemente la discusión más importante de nuestro tiempo.

Los países que logran dar el salto al desarrollo son aquellos capaces de consolidar prioridades nacionales que sobreviven gobiernos, coyunturas y ciclos políticos.

Ese es probablemente uno de los grandes retos de nuestra generación. Construir consensos suficientemente sólidos para que la República Dominicana pueda romper definitivamente la trampa del bajo crecimiento y convertirse en una de las economías más dinámicas, modernas y prósperas de América Latina.

Señoras y señores,

Nuestro mayor activo no está solamente en nuestras playas, minas, puertos o industrias. Está en nuestra gente. En una población joven, trabajadora, resiliente y profundamente emprendedora.

Por eso hoy no solo celebramos el aniversario de esta institución. Celebramos una idea. La idea de que los dominicanos somos capaces de convertir este país en uno más moderno, más competitivo y más próspero.

Y de que la libre empresa, el trabajo digno y la confianza siguen siendo herramientas fundamentales de movilidad social, estabilidad y libertad.

Como sector privado, reafirmamos nuestro compromiso de seguir invirtiendo, generando empleos formales y apostando por la República Dominicana.

Pero, sobre todo, reafirmamos nuestro compromiso con el país como proyecto colectivo. Las sociedades avanzan cuando son capaces de coincidir en lo esencial, incluso en medio de sus diferencias.

Porque al final, el desarrollo de una nación no depende solamente de sus recursos. Depende de su capacidad de construir confianza, visión compartida y futuro. Y yo estoy convencido de que la República Dominicana puede lograrlo.

Muchas gracias.