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Desde pequeña sabía lo que quería ser

Desde pequeña sabía lo que quería ser

Nació el 6 de noviembre de 1996 en Santiago de los Caballeros, aunque creció en Puerto Plata. Bernaliza se define como una escritora apasionada y poeta de corazón, que busca explorar y expresar los matices de la vida a través de su arte, considera que todas las personas tienen una historia que contar y muchas veces la salvación proviene de la cotidianidad, de las personas que van y que vienen. En su caso particular, considera que la salvó el poder expresarse y narrar historias en las que Dios siempre estuvo presente. Licenciada en Comunicación Corporativa por la PUCMM y con una maestría en Escritura Creativa del Grupo Esneca en España, Bernaliza es también una gestora cultural y facilitadora de talleres creativos y terapéuticos. Es autora del volumen de poemas y prosas poéticas titulado Mientras soy mía: El hogar soy yo.

¿Dónde cursaste tus estudios primarios?
Empecé mis estudios en el Colegio Bautista y, desde cuarto de básica hasta finalizar el bachillerato, estudié en el Colegio Santa Rosa de Lima. Posteriormente, cursé la carrera de Comunicación Corporativa en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

¿Por qué elegiste la carrera que estudiaste?
En ese momento de mi vida, buscaba una carrera que integrara el arte o la salud mental. Me debatía entre psiquiatría y arquitectura, pero en el camino descubrí Comunicación Corporativa y la sentí como una excusa perfecta para ser escritora.

Me ofrecía herramientas más allá de la literatura: entender a las personas, los mensajes, las emociones y la forma en que nos comunicamos. Fue una decisión muy alineada con lo que intuía que quería construir.

¿Cómo fueron tus años de universidad?
Fueron años intensos, hermosos y de muchísimo aprendizaje. La universidad fue una gran maestra, más allá de lo académico.

Fue la primera vez que estuve verdaderamente a solas conmigo, y ahí pude reconocer mis debilidades, mis virtudes y todo lo que necesitaba trabajar y potenciar.

La PUCMM fue un regalo para mí, especialmente porque atravesaba un proceso de depresión. Encontré una red de apoyo, profesionales y espacios que me permitieron transitar ese camino con acompañamiento, seguridad y amor.

¿Qué significó para ti tu primera experiencia laboral?
He tenido la bendición de dedicarme a lo que amo desde muy joven: servir a través del arte, la escritura y los espacios de encuentro.

Mi primera experiencia laboral fue una oportunidad de unir propósito y vocación: llevar esperanza a través de mis letras, talleres y proyectos.

También fue un reto, porque como artista muchas veces carecemos de estructura. Aprender sobre disciplina, puntualidad, entregas y organización fue clave para poder sostener lo que amo de manera profesional.

¿Cuáles fueron los libros o autores que más influyeron en tu manera de pensar?
Recuerdo que a los 15 años mi abuelo me regaló Una vida con propósito. Ese libro marcó un antes y un después en mi vida.

Fue una respuesta a muchas preguntas internas: me ayudó a comprender mi valor, mi identidad y el propósito de servir.

A partir de ahí, mi mensaje se volvió más claro. Incluso escribí un ensayo inspirado en esa transformación, que fue reconocido en Puerto Plata.

He leído muchos libros, pero ese llegó como un bálsamo en el momento exacto.

¿Cómo nace tu vocación literaria?
Desde muy pequeña me concebía como escritora. Sabía lo que quería ser.
Escribía cartas constantemente a las personas que amo y creaba cuentos con la intención de llevar a otros a nuevos mundos, pero sobre todo de ofrecer esperanza.

Si tuviera que ponerle una edad, diría que a los 6 años, cuando escribí un cuento titulado “La niña que quería ser presidenta”, con el deseo de ayudar a otros niños a sentirse vistos y acompañados.

¿Cuál es tu rutina a la hora de escribir?
No tengo una rutina completamente estructurada. Más bien, busco crear espacios de presencia.
Me gusta conectar con mis sentidos, detenerme y habitar el momento. Muchas veces escribo para encontrarme, y otras veces es ese encuentro el que me lleva a escribir.

Practico mucho el journaling y la escritura automática como formas de explorar lo que vive dentro de mí.

¿Crees que el país debería tener una política del libro más definida?
Sí, considero que es fundamental. La literatura no solo forma lectores, sino ciudadanos sensibles, críticos y conscientes.

Una política del libro bien estructurada permitiría mayor acceso, apoyo a escritores emergentes, fortalecimiento de la industria editorial y más espacios de lectura en comunidades.

Invertir en libros es invertir en identidad, en cultura y en el desarrollo integral de una sociedad.

¿Qué consejo les darías a los jóvenes escritores?
Que se permitan sentir profundamente. Ahí nacen las grandes historias.

Todo aquello que nos mueve, aunque sea una fibra, merece ser escrito.

Que no busquen la perfección ni se limiten por el miedo, pero que nunca dejen de aprender.

Ser escritor no es solo escribir bien, es atreverse a encontrarse con uno mismo… o incluso perderse.

Y en ambos caminos, hay una fuerza inmensa que puede transformar nuestras letras y llevarlas al mundo.

A casa

Sí, es cierto que nací trayendo un nombre al que con mi voz y mi mirada respondía; pero no sabían que había algo más en mí, y eran todas esas palabras que me habitaban.

Me tocó abrazar esa historia, era mi única verdad de cómo veía al mundo. Me vistieron con mucho miedo, cargada de pausas y sombras. Cuesta arriba llevaba la conciencia, a sabiendas de que había algo que escribir que no fuera aquello que dolía.

Empecé a tejer hilos, a darle sentido y el valor a todo; inclusive al silencio. Abracé lo que se suponía que era mío, hasta todo el ruido que existía y desembocaba en mí. Estos construyeron una casa con todo el amor que sentía, y todo aquello construyó mi libertad.