
Un reciente análisis publicado en la prestigiosa revista JAMA Psychiatry ha puesto en jaque una de las creencias más arraigadas sobre la depresión: que quienes la padecen son inmunes al estímulo de las recompensas sociales. Según los resultados, las personas con depresión muestran una sensibilidad amplificada a los “me gusta” en redes sociales, un hallazgo que contradice directamente décadas de investigación clínica sobre cómo la enfermedad afecta la respuesta al placer y la recompensa.
El trabajo, liderado por el investigador Dan-Mircea Mirea de la Universidad de Princeton, analizó el comportamiento real de publicación de 7.736 usuarios de X (la red antes conocida como Twitter) a través de más de 17 millones de publicaciones realizadas entre marzo de 2023 y enero de 2026.
El punto de partida de la investigación es, en apariencia, paradójico. Uno de los rasgos centrales de la depresión es la anhedonia, definida como la capacidad reducida para experimentar placer, incluso ante estímulos que en condiciones normales resultarían gratificantes.
En entornos de laboratorio, ese rasgo se traduce en un aprendizaje por refuerzo atenuado: las personas con depresión se sienten menos motivadas por las recompensas, se ven menos influenciadas por ellas y tardan más en ajustar su conducta en función de lo que les produce bienestar. Bajo esa lógica, serían las últimas en modificar su comportamiento a partir de un “me gusta” en una red social.
Lo que el laboratorio no predijo

Mirea y su equipo midieron la tendencia al refuerzo de cada usuario: el grado en que recibir “me gusta” un día determinado predecía la cantidad de publicaciones que esa persona realizaría al día siguiente. Según informó JAMA Psychiatry al publicar el estudio el 8 de julio de 2026, las personas con depresión mostraron una mayor tendencia a ser reforzadas por los “me gusta”, no una atenuación de esa tendencia.
El patrón se replicó en los tres conjuntos de datos analizados, con poblaciones distintas, diferentes medidas de depresión y composiciones de muestra disímiles.
Medical Xpress, que cubrió los resultados del estudio, destacó que los investigadores rastrearon la actividad diaria de cada participante en la plataforma y compararon el promedio de “me gusta” recibidos por publicación en un día con la frecuencia de publicación del día siguiente. En los tres grupos evaluados, las personas con depresión o síntomas depresivos mostraron de forma consistente una reacción conductual más pronunciada ante los “me gusta” que el resto de los usuarios.
El equipo también analizó la especificidad del efecto. La compulsividad y el pensamiento intrusivo predijeron un patrón diferente: la persistencia conductual. La ansiedad mostró un perfil distinto.
El refuerzo amplificado por los “me gusta” no resultó ser una señal psiquiátrica general, sino específica del grupo con un perfil de ansiedad-depresión combinada, lo que en psicología clínica se conoce como el factor transdiagnóstico de depresión ansiosa.
Psychology Today señaló, al analizar los resultados, que:
“la depresión puede no hacer que los ‘me gusta’ se sientan mejor; puede hacer que trabajen más duro sobre el comportamiento de todas formas”
Esa distinción apunta a la diferencia entre dos tipos de recompensa que la investigación suele tratar como equivalentes pero que este estudio disoció.
Recompensa consumatoria versus refuerzo motivacional

Esa distinción conceptual es, para los autores, la clave para entender por qué los datos de campo contradicen los hallazgos de laboratorio sin que ambos dejen de ser válidos.
Los estudios experimentales tradicionales miden la recompensa consumatoria: el placer que se experimenta en el momento mismo de recibir algo positivo. La anhedonia atenúa esa respuesta. Lo que el estudio de Mirea parece capturar es algo distinto: el refuerzo motivacional, es decir, el peso que una recompensa pasada ejerce sobre el comportamiento futuro, independientemente de si esa recompensa resultó subjetivamente satisfactoria en el instante en que se produjo.
Dicho de otro modo, obtener “me gusta” puede no generar placer real en una persona con depresión, pero sí disparar un circuito de retroalimentación neurológica que la impulsa a publicar más. La recompensa, aunque emocionalmente vacía, opera igual.
Concierge Medicine Today, que reseñó los resultados del estudio, subrayó que los autores identificaron ese mecanismo como “un potencial vínculo entre el uso de redes sociales y el deterioro de la salud mental, o viceversa”, y que el trabajo “subraya la importancia de estudiar el comportamiento en el mundo real” más allá de las condiciones controladas del laboratorio.
Esta separación entre placer sentido y comportamiento reforzado tiene antecedentes en la literatura científica. Un trabajo publicado en enero de 2025 en el Journal of Affective Disorders por investigadores del Instituto Biomédico Fralin (Virginia, Estados Unidos), encabezado por Pearl Chiu y Brooks Casas, identificó dos señales cerebrales —el error de predicción y el valor esperado— como indicadores de la probabilidad de recuperación en pacientes con depresión.
Ese estudio, que usó modelos computacionales para analizar el sistema de aprendizaje por recompensa del cerebro, encontró que la anticipación de la recompensa guía la toma de decisiones incluso cuando el placer efectivo está atenuado.
Fuente: Infobae
