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Cuba: tres horas de electricidad al día redefinen la vida cotidiana de los ciudadanos

Cuba: tres horas de electricidad al día redefinen la vida cotidiana de los ciudadanos

“Son más de las 5 de la tarde, no hay electricidad y las personas prefieren estar en las calles porque al no haber electricidad no se pueden tener aires acondicionados ni ventiladores puestos. Por lo general, buscan qué hacer en las calles, si te fijas bien encontrarás unos chicos que cargan una portería artesanal de fútbol 4, otros buscan juegos de mesas… Los niños juegan a lo que se les ocurra, el asunto es que no se puede estar en casa”.

Esta escena, que se replica a diario en barrios de toda Cuba, describe la realidad bajo la peor crisis energética de la historia reciente del país, donde millones de personas han tenido que reorganizar por completo sus actividades diarias alrededor de apenas tres horas de electricidad al día.

Durante esta semana, la Unión Eléctrica informó una disponibilidad de 1.133 megavatios (MW) frente a una demanda de 2.700 MW a las seis de la mañana, con un déficit nocturno estimado de 2.147 MW. En La Habana, los apagones alcanzaron entre 20 y 22 horas diarias durante este mes, dejando a los capitalistas con apenas una hora y media a cuatro horas de suministro entre cortes. El 13 de mayo, se registró un déficit récord de 2.153 MW, superado al día siguiente con 2.174 MW. El 16 del mismo mes, el 51% del país quedó sin electricidad de manera simultánea.

Frente a este escenario, la creatividad se ha convertido en el recurso más valioso. Marylin Álvarez Domínguez, cosmetóloga de 50 años que reside con su esposo y dos hijas adolescentes en el populoso barrio Bahía de La Habana, lo expresó claramente a The Associated Press: “Los apagones están bastante fuertes y el gas en falta, tengo que estar corriendo para tener la comida en tiempo”.

Su esposo, el mecánico Ángel Rodríguez Hernández, de 56 años, construyó una hornilla eléctrica casera cuando el Estado dejó de repartir gas licuado en diciembre. Cuando también se corta la electricidad, la familia cocina en el patio con carbón. Rodríguez también armó un televisor utilizando la pantalla de una laptop rota y una batería de motocicleta. “No me dura mucho tiempo la carga, pero sirve para que mi familia vea televisión o se entretenga en algo”, dijo al mismo medio.

Cocinar de madrugada, guardar agua cuando hay corriente y cargar el teléfono como si fuera un bien de primera necesidad son las estrategias que una madre cubana documentó en un video viral de TikTok, titulado: “¿Cómo se sobrevive en Cuba con 3 horas de luz?”.

“Tres horas para hacer en un día lo que el resto del mundo hace con tiempo de sobra. Y así llevamos días, semanas, meses”, denunció la autora del clip, identificada como Ali Noriega. “Esto no es quejarse, esto es sobrevivir. Y hacerlo todos los días, con dignidad, con amor, con lo poco que tenemos”, añadió.

Quienes cuentan con más recursos optan por soluciones costosas. Natividad Hernández, jubilada de 61 años que alquila habitaciones en su casa, compró paneles solares, aunque su presupuesto no le alcanzó para instalarles baterías, por lo que solo puede usarlos durante el día. “Son una gran solución”, declaró a AP.

Un hombre transporta bidones de agua con sus hijos en La Habana, el jueves 28 de mayo de 2026 (Foto AP/Ramón Espinosa)

También adquirió una planta de generación recargable y guarda un tanque de gas “para las crisis grandes”. Con el incremento de los apagones, las páginas de compraventa se llenaron de ventiladores recargables a 40 dólares, lámparas con cargadores a 20 dólares y estaciones de carga por hasta 1.000 dólares, importados desde Estados Unidos y Panamá, precios casi inaccesibles en un país donde un buen salario estatal mensual equivale a entre 18 y 20 dólares en el mercado informal.

El herrero Edinector Vázquez, de 45 años, residente en las afueras de La Habana, tiene más trabajo que nunca. “Hago hornillas para el carbón; como están las cosas, eso resuelve un gran problema a la población”, contó; y cobra por cada artefacto el equivalente a 18 dólares. “La situación va cada día más tensa, hay que tratar de buscar la solución y escapar por aquí y por allá”, añadió.

Las causas de la crisis son estructurales. Las termoeléctricas del país fueron construidas en la era soviética y llevan décadas sin mantenimiento. La reducción de los envíos de petróleo desde Venezuela y México, reportada desde diciembre pasado, agravó el colapso hasta niveles insostenibles. En febrero, el régimen activó la llamada “Opción Cero”, un plan de emergencia heredado del Período Especial de los años ’90 que implica priorizar servicios esenciales y recurrir a tracción animal, carbón y biomasa.

El impacto en la salud y el bienestar de la población es profundo. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió en febrero que los hospitales cubanos enfrentan “serias limitaciones operativas”, con unidades de cuidados intensivos y urgencias comprometidas. En abril, la misma organización reportó que más de 96.000 cirugías habían sido aplazadas, entre ellas 11.000 pediátricas, y que 3.000 niños enfrentaban retrasos en vacunación.

Un hombre carga su ventilador y su teléfono celular con un panel solar durante un apagón en La Habana, el 17 de marzo del 2026 (AP foto/Ramón Espinosa)

Un estudio publicado en la revista Social Science & Medicine confirmó que los apagones generan niveles “extremadamente severos” de depresión, ansiedad y estrés en adultos cubanos, con los jóvenes como el grupo más afectado. El factor más dañino, según esa investigación, no es la duración del corte sino el “impacto funcional”: la alteración de la alimentación, el sueño, el trabajo y las rutinas básicas.

El actor Luis Alberto García, una de las voces críticas más reconocidas dentro de la isla, denunció que, tras 20 horas sin electricidad, “los niños son los que saben sufrir”. La cubana Sisi Aguilera publicó un video el 20 de mayo: “Desde ayer, señores, estamos sin electricidad… ya estamos llegando al límite”.

La dictadura de Miguel Díaz-Canel no ha ofrecido soluciones concretas ni plazos de recuperación. Las promesas de paneles solares, reparación de termoeléctricas y nuevas plantas generadoras se repiten desde hace años. El propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, había admitido a finales de 2025 que “2026 será difícil”.

Para Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas en Austin, la solución “tomaría tiempo, tres, cinco años y mucho dinero, entre 5.000 y 8.000 millones de dólares”. Mientras, los cubanos esperan con reserva. “Esto está difícil. Va a llegar un momento en el que las ideas se nos van a acabar”, reflexionó Rodríguez.

Fuente: Infobae