
La pantalla se llena de hojas que vuelan y sábanas que se agitan mientras Aureliano Babilonia intenta descifrar los pergaminos de Melquíades. Así arranca la segunda temporada de Cien años de soledad, disponible desde esta semana en Netflix. La imagen podría corresponder al desenlace de la historia, pero los creadores decidieron abrir con ella para sumergir al espectador en un relato que, según la directora Laura Mora, va mucho más allá de lo mágico.
“Siempre hablan de lo mágico, pero es una obra súper política”, afirmó Mora.
Macondo ya no es la aldea de antaño: se ha convertido en un pueblo consolidado, y el progreso llega con la fuerza de un vendaval que, como se sabe, puede arrasar con todo. Cada lector tiene su propia imagen de Macondo, de Úrsula, de Aureliano, pero los seguidores de la novela encontrarán en esta adaptación el clima que convirtió a Gabriel García Márquez en un referente de la literatura mundial. No obstante, Mora insiste en que es momento de mirar más allá de lo fantástico y reconocer la carga política que sostiene la obra.
En una entrevista, la directora señaló que la gente recuerda las mariposas amarillas, pero pocos identifican al personaje que las traía y su vínculo con la masacre de las bananeras.
“Todo el mundo recuerda las mariposas amarillas, pero a la gente le cuesta mucho acordarse de quién era realmente ese personaje que traía las mariposas amarillas y que tiene mucho que ver también con la masacre de las bananeras. ¿Y qué representan las bananeras? Pues un proceso colonizador que también fue muy violento. Una idea del progreso que es aterradora también”, explicó Mora.
La segunda temporada, dirigida por Laura Mora y Carlos Moreno, está compuesta por siete capítulos cargados de tensión, sexo, balas, represión y el anhelo de una revolución que se torna extraña. Detrás de la trama está la Guerra de los Mil Días, que en Colombia enfrentó a liberales y conservadores entre 1899 y 1902, dejando más de cien mil muertos. Esa guerra es la que libra Aureliano Buendía al inicio de la temporada.
“La guerra siempre es más injusta con los inocentes, pero así son todas las guerras”, dice el coronel frente a un muerto más.

Aureliano no es un ser sensible: se muestra cruel, capaz de decapitar y fusilar en nombre de una revolución que valora más que su propia vida. García Márquez tenía una conexión directa con esa guerra: su abuelo materno, el coronel Nicolás Márquez, había combatido del lado liberal. Sin embargo, el escritor le confesó a Plinio Apuleyo Mendoza que Aureliano era el opuesto de su abuelo.
“Aureliano Buendía es el personaje opuesto a la imagen que yo tengo de mi abuelo”, afirmó García Márquez.
El relato avanza en el tiempo. La segunda temporada muestra lo que ocurre después de la guerra, tras la firma de un armisticio que sella la derrota liberal. Llega la paz, pero ¿es realmente paz?
La paz y el cambio en Macondo
Macondo se transforma: cambian las formas de vestir, los vínculos, y las mujeres siguen siendo protagonistas, empezando por Úrsula, la matriarca que vive 120 años y no duda en poner en su lugar a su hijo, el coronel. Aparecen mujeres libérrimas y conservadoras, bellezas sin fin y sin destino, que marcan el inicio de una independencia más contemporánea.

Entre el 5 de agosto y el 26 de agosto, cuando se revele el último capítulo, se resolverá la suerte de los Buendía, un espejo de la historia de Colombia y de América Latina. En esta etapa llega a la familia una aristócrata que se casa con Aureliano Segundo y transforma la dinámica del hogar con sus concepciones religiosas y conservadoras.
El tren, la bananera y la masacre
El tren, símbolo de la modernidad, llega a Macondo con sus caminos de hierro. Junto a él, la compañía bananera transforma la economía y la vida del pueblo. Entonces sobreviene la masacre de Ciénaga en 1928, que García Márquez narró basándose en hechos reales. José Arcadio Segundo es el testigo clave de estos sucesos.
Aparecen la compañía, los trabajadores y la huelga en la que 25.000 de ellos se niegan a cortar una banana más. La manifestación, la orden de dispersarse, los desaparecidos. Todo es Historia.

“En Colombia no es un secreto que a la derecha le incomoda muchísimo el libro y se han dicho cosas muy desafortunadas de él y del autor precisamente por eso”, dijo la realizadora. Y agregó: “Se ha dicho muchas veces que la masacre de las bananeras es un invento de García Márquez, cuando hoy se sabe que fue real y que es un evento que se ha querido borrar”.
Una adaptación que subraya lo político
Visualmente hermosa y narrativamente tensa, esta segunda temporada de Cien años de soledad se ve con emoción y con el cariño que despierta un libro que ya es de todos, pero también con la perspectiva concreta que los directores pusieron sobre la mesa. Al inicio del primer capítulo, Melquíades sentencia: “El primero de la estirpe está amarrado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”. Y el espectador, confiando en olvidarlo, avanza capítulo tras capítulo descubriendo el destino de Macondo, hasta llegar a una de las frases más famosas de la novela y de la historia política: “Las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Fuente: Infobae
