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Argentina vs España: la final soñada en Nueva York

Argentina vs España: la final soñada en Nueva York

El domingo, el país entero tiene una cita con la historia. Será un día para reunir a todas las familias bajo una misma bandera, para soñar con un nuevo título mundial. Tres años y medio después de la gloria en Qatar, la selección argentina busca repetir la hazaña de Italia (1934-1938) y Brasil (1958-1962), las únicas dos selecciones en ganar mundiales consecutivos. Más allá del resultado, este equipo ya logró algo imborrable: unir a millones de argentinos, devolverles el orgullo y la emoción de sentirse representados.

Pero queda una batalla más. La batalla de Nueva York. El MetLife Stadium será el escenario del duelo entre las dos mejores selecciones del planeta: Argentina (primera en el ranking FIFA) y España (segunda). Es la Finalissima que nunca se jugó, el cruce que el fútbol debía. También será el marco para un duelo generacional: Lionel Messi frente a Lamine Yamal, el mejor de todos los tiempos contra el heredero del futuro. Sin embargo, reducir la final a ese enfrentamiento sería injusto y simplista.

Reducir esta final a Messi contra Lamine sería una injusticia y una apología a los afiches de publicidad (Imagen Ilustrativa Infobae)
Reducir esta final a Messi contra Lamine sería una injusticia y una apología a los afiches de publicidadImagen Ilustrativa Infobae

España llega como el equipo más completo del Mundial. Incluso vivió su propia ‘Arabia Saudita’ con una derrota inesperada ante Cabo Verde en el debut. Pero el equipo de Luis de la Fuente reaccionó con un fútbol de altísimo nivel, mostrando una versión colectiva difícil de desarmar. El funcionamiento potencia a cada individualidad; el todo es mucho más grande que la suma de las partes.

Rodri volvió a ser el faro del mediocampo, Dani Olmo aportó creatividad entre líneas, Mikel Oyarzabal se consolidó como falso nueve, y Fabián Ruiz suplió la mejor versión de Pedri. Pedro Porro y Marc Cucurella convierten los laterales en constante peligro, mientras que Álex Baena ganó un lugar en silencio. La dupla Cubarsí-Laporte le dio solidez a la defensa, y Unai Simón demostró por qué es el arquero ideal: seguro con los pies, valiente y determinante. Así, España liberó a Lamine Yamal de la obligación de resolverlo todo, porque el sistema genera ventajas por todos lados.

Rodri, pieza clave de España (Foto REUTERS/Hannah Mckay)
Rodri, pieza clave de EspañaFuente: Foto REUTERS/Hannah Mckay

El gran desafío para Argentina será impedir que España juegue cerca del área rival, donde más cómoda se siente. El equipo de De la Fuente busca instalarse en campo contrario, recuperar rápido y dejar que Rodri marque el ritmo. Cuando eso ocurre, aparecen espacios para Olmo y Fabián, los extremos fijan por fuera y Oyarzabal desordena a la defensa. Por eso, buena parte de la final pasará por incomodar a Rodri, no solo con la pelota, sino también sin ella. Es el futbolista que ordena, acelera o pausa el juego. Si Argentina logra que juegue incómodo y lejos de su zona de influencia, habrá dado un paso enorme.

El máximo desafío de Lionel Scaloni es desarticular a un equipo que se defiende con la pelota. La gran pregunta es cómo hacerle daño a un rival que casi no concede ventajas. La respuesta no está en pelearle la posesión por 90 minutos, sino en recuperar y atacar antes de que la Roja vuelva a ordenarse, haciendo pagar los espacios antes de su repliegue. Ahí puede aparecer el talento del mediocampo argentino: el pie de Enzo Fernández, la inteligencia de Alexis Mac Allister para romper desde segunda línea, la capacidad de Julián Álvarez y la velocidad de Giuliano Simeone o Nicolás González.

Messi, el as de espadas argentino (Foto REUTERS/Paul Childs)
Messi, el as de espadas argentinoFuente: Foto REUTERS/Paul Childs

El factor Lionel Messi es imposible de ignorar. El as de espadas, el futbolista impredecible que cambia el rumbo de un partido en un segundo. No existe plan para neutralizarlo por completo; la historia lo demostró. Para De la Fuente, el mayor dolor de cabeza será cómo lograr que Messi intervenga lo menos posible. Argentina no debe dejarse llevar por la temperatura del partido ni caer en la tentación de presionar hombre contra hombre. El desafío será sostener el orden, achicar espacios y defender en zona sin perder la paciencia. La Scaloneta ya demostró que no necesita dominar 90 minutos para imponerse. Tiene la jerarquía para resolver una final en un puñado de jugadas, como lo hizo más de una vez.

Lionel Scaloni puede ser clave con un don único: interpretar los partidos antes de que sucedan, detectar dónde romper al rival y tomar decisiones inesperadas. Basta recordar la final de Qatar: la aparición de Ángel Di María sobre la izquierda para atacar la espalda de Jules Koundé no fue un detalle táctico; fue la jugada que cambió el destino de una Copa del Mundo. Esa inteligencia del cuerpo técnico es la gran ventaja competitiva: Scaloni no se enamora de los sistemas, busca soluciones. Cuando enfrente aparece un rival tan trabajado como España, esa capacidad para sorprender puede ser decisiva.

Messi y Scaloni en el último entrenamiento. El DT demostró ser un gran estratega (Foto REUTERS/Lee Smith)
Messi y Scaloni en el último entrenamiento. El DT demostró ser un gran estrategaFuente: Foto REUTERS/Lee Smith

Y si las diferencias no aparecen, el duelo de arqueros puede definir la final. Unai Simón fue una garantía para España, seguro con los pies y bajo los palos. Pero Argentina tiene a Emiliano Martínez, el Dibu, un especialista de los momentos límite, capaz de modificar el ánimo del partido con una atajada o una tanda de penales. Si la final se estira hasta los doce pasos, la Selección sabe que parte con ventaja. Un monstruo competitivo.

Ahora sí, a disfrutar. A sentir los nervios, el orgullo y la emoción. A cantar el himno con el alma. Porque estos son los momentos que atesoramos para siempre: el abrazo con un hijo, un hermano, un amigo, los viejos. Argentina es eso: familia. Y la Selección vuelve a regalarnos una tarde que puede quedar en la memoria de varias generaciones. Y disfrutemos de Lionel Messi, de cada pausa, gambeta y pase. Quizás estemos presenciando su última función en una Copa del Mundo. Cuando el tiempo pase, más allá del resultado, podremos decir que estuvimos ahí, viendo al mejor de todos intentar escribir otra página de la historia. Que nadie nos quite el privilegio de ilusionarnos. Vamos todos juntos. Una vez más.

Fuente: Infobae