
Clasificar en el primer puesto del grupo tiene recompensas que van más allá de lo evidente. El entrenador Lionel Scaloni podrá gestionar el desgaste de sus jugadores, resguardar a sus estrellas y, sobre todo, conceder a varios futbolistas el instante que anhelaron durante años: disputar por primera vez un encuentro en una Copa del Mundo. Bajo esta premisa, el estratega ya anunció que Lionel Messi observará el partido desde el banquillo.
Más allá de las rotaciones, la Albiceleste busca establecer una marca histórica. Si mantiene su portería imbatida frente a Jordania, igualará lo alcanzado por el equipo nacional en Francia 1998: terminar la fase inicial con puntuación perfecta y sin goles en contra. En la actual edición del Mundial, únicamente México ha conseguido algo similar.
El once inicial que se perfila para enfrentar a Jordania sería el siguiente: Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel, Nicolás Otamendi, Marcos Senesi, Nicolás Tagliafico; Giuliano Simeone, Exequiel Palacios, Leandro Paredes, Giovanni Lo Celso; Julián Álvarez y José Manuel López.
En el banco de reservas, otros nombres esperan su turno. Varios de ellos ya poseen experiencia en el fútbol europeo, han ganado títulos, han superado lesiones y han construido carreras basadas en la perseverancia. Sin embargo, aún les falta un galardón simbólico: debutar en una Copa del Mundo vistiendo la camiseta de Argentina. Para estos jugadores, el duelo ante Jordania podría significar mucho más que el cierre de la fase de grupos.
Los posibles debutantes

Giovanni Lo Celso
El mediocampista rosarino ocupará un puesto en el centro del campo junto a Exequiel Palacios. Para sorpresa de más de uno, será su estreno mundialista para un futbolista que fue clave en el proceso de Lionel Scaloni.
Una lesión muscular sufrida semanas antes del Mundial de Qatar le arrebató la chance de participar en la copa que tanto había contribuido a forjar. En esa ocasión, el cuerpo técnico lo esperó hasta el último instante, pero los plazos no fueron suficientes.
Su vínculo con la Selección, no obstante, trasciende aquella ausencia. Fue protagonista desde los inicios del ciclo, campeón de la Copa América 2021, de la Finalissima y volvió a ser decisivo en la conquista de la Copa América 2024, cuando asistió a Lautaro Martínez en el gol que le dio el título a Argentina frente a Colombia. Ahora, el destino podría brindarle una nueva ocasión para vivir un Mundial desde el terreno de juego.
Formado en Rosario Central, dio el salto muy joven al París Saint-Germain y posteriormente forjó una sólida carrera en Europa con las camisetas del Betis, Tottenham y Villarreal. Dueño de una zurda exquisita, visión de juego y una enorme capacidad para asociarse, se transformó rápidamente en uno de los futbolistas de mayor confianza para Scaloni desde el inicio de su gestión.
A pesar de una temporada irregular con el Real Betis Balompié, en la que estuvo 79 días fuera de las canchas por una lesión muscular en el muslo, el cuerpo técnico decidió convocarlo. Una decisión que refleja la enorme estima que le tienen como profesional. Sus cualidades son indiscutibles.
Será su partido número 68 con la Selección Argentina, pero el primero de un gran sueño que no pudo concretarse en tierras qataríes.

Marcos Senesi
Se perfila para integrar la zaga central junto a Nicolás Otamendi. Ocuparía el lugar de Lisandro Martínez, un defensor con quien comparte estilo. Recordemos que fue el último futbolista en unirse a la lista debido a la baja de Leonardo Balerdi.
Es un marcador central zurdo moderno: capacidad para salir jugando, técnica para encontrar pases verticales que quiebren líneas rivales, un anticipo de gran timing y una tenacidad única para imponerse en los duelos.
El Sensei, como lo bautizaron los hinchas del Feyenoord, nació en Concordia, Entre Ríos, un 10 de mayo de 1997. Llegó a San Lorenzo con apenas 12 años. Un niño con sueños.
El Ciclón lo formó en todas sus categorías juveniles y lo hizo debutar en Primera División en 2016, de la mano de Diego Aguirre. Defendió la camiseta azulgrana en 72 oportunidades antes de emigrar a los Países Bajos para firmar con el Feyenoord, el club donde terminó de consolidarse como uno de los centrales argentinos con mejor presente en Europa.
El club de Róterdam apostó por él cuando apenas tenía 22 años. Sin embargo, el entrenador que había impulsado su llegada fue despedido apenas dos partidos después. Con Dick Advocaat en el banco, el panorama parecía complicarse: llegó a asegurar públicamente que Senesi no jugaría porque no hablaba inglés. Pero una lesión le abrió la puerta y Marcos no la volvió a cerrar. Se ganó el puesto con personalidad, una zurda privilegiada para iniciar el juego y una inteligencia táctica que terminó convirtiéndolo en capitán del Feyenoord, un reconocimiento poco habitual para un futbolista extranjero en los Países Bajos.
El Bournemouth de la Premier League fue su siguiente destino. Allí conformó una zaga de ensueño con Zabarnyi bajo la dirección técnica de Andoni Iraola, quien revolucionó al club.
Los Cherries clasificaron a la UEFA Europa League esta temporada gracias a un gran año en la liga inglesa. El sexto puesto los dejó a las puertas de una hazaña histórica: clasificarse a una competición europea tras más de 120 años de existencia.
Marcos fue fundamental para que el club consiguiera ese hito. Su campaña fue tan buena que el Bournemouth lo distinguió como el mejor jugador de la temporada.
A nivel selección argentina, el entrerriano fue parte del plantel que Claudio Ubeda llevó al Mundial Sub-20 en 2017. Allí compartió equipo con Lautaro Martínez, Gonzalo Montiel, Exequiel Palacios y Juan Foyth.
Hubo una posibilidad para Senesi de jugar en Italia, pero Walter Samuel le aseguró que iba a tener su llamado. Él jamás lo dudó. Fue Lionel Scaloni quien lo hizo debutar en la Selección Mayor el 5 de junio de 2022 en un partido amistoso frente a Estonia en Pamplona.

Valentín Barco
Valentín es un todoterreno. Es ese jugador que cualquier cuerpo técnico quisiera tener: lateral izquierdo, centrocampista, mediapunta, volante interno. El Colo puede adaptarse a cualquier posición. Hoy en día, Lionel Scaloni lo considera en la mitad de la cancha, el puesto en el que terminó de explotar y desde donde captó la atención de las grandes vidrieras del fútbol europeo. Seguramente sume minutos en la segunda etapa.
La historia de Valentín Barco también es una historia de resiliencia. Nacido en Veinticinco de Mayo, provincia de Buenos Aires, atravesó una infancia marcada por las dificultades económicas que golpearon a su familia. El fútbol apareció muy temprano como una oportunidad. A los nueve años fue descubierto por Ramón Maddoni, el histórico captador de talentos de Boca Juniors, y el club no solo le abrió las puertas de sus inferiores: también acompañó su formación y la de su familia durante los años más difíciles.
Su crecimiento fue tan acelerado que, con apenas 16 años, firmó su primer contrato profesional durante la presidencia de Jorge Amor Ameal. Poco después debutó en Primera de la mano de Miguel Ángel Russo, confirmando que Boca tenía entre manos a una de las grandes joyas de su cantera.
La explosión definitiva llegó en la Copa Libertadores 2023. Jorge Almirón encontró en el Colo una pieza imprescindible: fue el futbolista que rompía líneas, desequilibraba por la izquierda y le daba personalidad a un Boca que terminó llegando a la final frente a Fluminense. Con apenas 19 años jugó como titular el partido más importante del continente y despertó el interés de toda Europa. Fue siempre un guapo atrevido para jugar a la pelota.
Con 19 años, emigró a la Premier League, la liga más competitiva del mundo, para incorporarse al Brighton, que ejecutó su cláusula de rescisión, y privó al hincha xeneize de disfrutarlo un poco más.
El salto a Europa no fue sencillo. En Brighton le costó encontrar continuidad y los minutos aparecieron con cuentagotas. Más tarde llegó una cesión al Sevilla, donde tampoco logró asentarse definitivamente. Parecía que el enorme talento que había mostrado en Boca todavía necesitaba encontrar el contexto indicado para explotar. Muchos en Argentina decían que se había apurado.
Ese contexto apareció en el Racing de Estrasburgo. Bajo la conducción de Liam Rosenior encontró un verdadero equipo de autor, protagonista, valiente y con una idea de juego muy marcada. El conjunto alsaciano golpeó la mesa en una Ligue 1 dominada históricamente por el poder económico del París Saint-Germain y maravilló por la calidad de su fútbol. En ese escenario, Barco encontró el lugar ideal para desplegar todas sus virtudes. Desde la mitad de la cancha se transformó en uno de los grandes ejecutores del equipo: condujo, aceleró el juego, rompió líneas con sus pases, pisó el área y confirmó que el talento que había enamorado a Boca también podía brillar en la élite del fútbol europeo.
El Chelsea ya se hizo con sus servicios y Stamford Bridge espera por su repertorio. Valentín será entrenado por el gran Xabi Alonso, quien seguro pueda seguir explotando todas sus virtudes.

Giuliano Simeone
El hijo del Cholo podría tener su debut en lugar de Rodrigo De Paul. Ya sea como extremo derecho en un 4-4-2 o como carrilero en una eventual línea de tres centrales, una posición que conoce muy bien por su recorrido en el Atlético de Madrid.
El apellido ya dice mucho. Intensidad, rebeldía, competitividad y una manera de entender el fútbol que parece transmitirse de generación en generación. Veinticuatro años después de que el Cholo disputara su tercer y último Mundial con la selección argentina, el apellido Simeone vuelve a decir presente en la máxima cita del fútbol. Pero detrás del hijo del Cholo hay una historia de construcción propia.
Formado entre River Plate y las inferiores del Atlético de Madrid, Giuliano entendió desde muy joven que debía alejarse de cualquier privilegio. En el club de Núñez formó parte de la categoría 2002 y salió campeón con la octava. Pasó por cesiones en el Real Zaragoza y el Deportivo Alavés, donde comenzó a curtirse en el fútbol profesional. En el medio sufrió una escalofriante fractura de tibia y peroné durante un amistoso de pretemporada que lo obligó a permanecer varios meses fuera de las canchas.
Si hay algo que tiene es alma de atleta de alto rendimiento. Incluso, cuentan puertas adentro del predio que alguna vez coqueteó con la idea de dedicarse a los 100 metros llanos. Viéndolo correr, se nota.
El premio llegó de regreso en el Atlético de Madrid. Diego Simeone dejó de mirar al hijo y empezó a ver al futbolista todocampista. Giuliano se ganó un lugar por mérito propio hasta transformarse en una pieza fundamental del equipo. La gente lo reconoce en las tribunas y le celebra cada corrida. Se deja la vida. Es el primer defensor cuando el Atlético pierde la pelota, el encargado de perseguir, presionar y contagiar energía. Corre como pocos, juega cada pelota como si fuera la última y representa como nadie el ADN competitivo del equipo rojiblanco. Tanto fue su crecimiento que el club decidió renovarle el contrato hasta 2030, confirmándolo como una de las caras del futuro de la institución.
Hoy Lionel Scaloni encontró en él un delantero capaz de jugar por ambas bandas, de recorrer toda la cancha y de sacrificarse por el equipo. El entrenador valora mucho la polifuncionalidad.
Ahora le llegó el momento de escribir su propia historia mundialista con el apellido Simeone en la espalda.

José Manuel López
El Flaco, delantero zurdo de 25 años, también podría vivir su bautismo mundialista con un ingreso en el segundo tiempo para ocupar un lugar en la delantera.
José nació en San Lorenzo, un pequeño pueblo correntino de apenas tres mil habitantes. Hijo de una ama de casa y de un trabajador de buques pesqueros que pasaba semanas enteras embarcado, creció entre sacrificios y una familia que hizo todo lo posible para sostener su sueño de ser futbolista. Boca lo descubrió cuando tenía apenas ocho años, pero fue Independiente el club que apostó por él durante gran parte de su formación. Allí permaneció siete años, hasta que una lesión en la espalda frenó su crecimiento y terminó quedando libre.
Cuando parecía que debía empezar de nuevo, Lanús le abrió una puerta que cambiaría su carrera. Primero fue reinventado como delantero, luego atravesó un préstamo en el fútbol del interior y, tras la pandemia, recibió una oportunidad inesperada con la Primera División. La aprovechó de inmediato. Debutó, se ganó un lugar al lado de José Sand y terminó convirtiéndose en una de las grandes apariciones del club. Marcó 22 goles en 59 partidos antes de ser transferido a Palmeiras por una cifra récord para la institución granate.
En Brasil terminó de confirmar todo su potencial. Con Palmeiras conquistó dos Campeonatos Brasileños y tres Campeonatos Paulistas, además de consolidarse como uno de los delanteros más completos del continente. Sus números hablan por sí solos: 71 goles y 25 asistencias con la camiseta del Verdao.
El mismo chico que alguna vez quedó libre y creyó que el sueño podía terminar, hoy espera sentado en el banco de la selección argentina. Porque, a veces, el destino deja guiños demasiado lindos: El Progreso no fue solo el nombre de su primer club, también terminó siendo el resumen perfecto de su carrera.
Los Mundiales también se construyen desde el banco de suplentes. Para varios de ellos, Jordania será mucho más que el cierre de la fase de grupos. Será el día en que millones de argentinos los vean cumplir el mismo sueño que alguna vez tuvieron de chicos: defender la camiseta más linda del mundo.
Como dijo el Indio Solari en Todo un palo: ”El futuro llegó hace rato”.
Fuente: Infobae
