
Han transcurrido dieciséis meses desde que se conmemorara el ‘Día de la Liberación’, y la política comercial impulsada por Estados Unidos en abril de 2025 se perfila como uno de los motores principales de la transformación del panorama económico y geopolítico a nivel mundial. El aumento unilateral de aranceles y la posterior firma de acuerdos bilaterales redefinieron las reglas del intercambio internacional y acentuaron la rivalidad entre Washington y Pekín. No obstante, contra lo que pronosticaban los analistas, el comercio global no se redujo: por el contrario, experimentó un crecimiento notablemente superior al del año anterior.
El punto de inflexión ocurrió el 2 de abril de 2025, cuando Donald Trump anunció una revisión profunda de la política comercial estadounidense, argumentando que el sistema vigente era “injusto” y perjudicaba a Estados Unidos. Se establecieron sobretasas que oscilaban entre 10% y 50%, calculadas en función del déficit comercial bilateral y de los aranceles que cada socio aplicaba a los productos estadounidenses.
Más allá del aspecto puramente comercial, el nuevo esquema tuvo un fuerte componente geopolítico, en un contexto marcado por la creciente competencia entre Estados Unidos y China. Pekín fue el único país que respondió inicialmente con una escalada abierta de represalias, mientras que la mayoría de los demás socios optó por negociar nuevos acuerdos con Washington. El resultado fue un debilitamiento del sistema multilateral de reglas y una mayor tendencia hacia relaciones comerciales de carácter bilateral.

Sin embargo, la guerra arancelaria no logró frenar el comercio global. Según las estadísticas de la Organización Mundial del Comercio citadas en el informe de la Fundación INAI, el intercambio mundial de bienes alcanzó en 2025 los US$26,3 billones, con un crecimiento del 6,7% en comparación con 2024, cuando el aumento fue de 2,2%. Tanto Estados Unidos como China continuaron insertos en las cadenas globales, aunque con una marcada modificación en sus relaciones bilaterales.
El comercio internacional se reconfiguró
El principal cambio se dio precisamente entre las dos grandes potencias. Las exportaciones estadounidenses hacia China disminuyeron 26%, mientras que las ventas chinas a Estados Unidos cayeron 29%. Al mismo tiempo, Estados Unidos incrementó sus importaciones totales en 4,4% y su déficit comercial en 2%, mientras que las exportaciones chinas al mundo crecieron 5,5% y su superávit comercial aumentó 20%. De acuerdo con el análisis, la política arancelaria terminó mostrando mayor eficacia para impulsar objetivos geopolíticos que para corregir los desequilibrios comerciales que buscaba modificar.
El desacople entre Washington y Pekín, además, abrió espacios para terceros países. En ese nuevo tablero, Argentina logró mantener una trayectoria de mayor integración comercial. Durante 2025, las exportaciones nacionales crecieron 9,3%, por encima del promedio mundial de 6,7%, mientras que las importaciones aumentaron 24,7%. Este comportamiento permitió avanzar en la recuperación de los niveles de apertura comercial de la economía argentina, en un escenario internacional que, lejos de cerrarse completamente, comenzó a redistribuir oportunidades entre distintos proveedores.
Uno de los datos más significativos fue el salto de casi 54% en las exportaciones argentinas hacia China. El análisis plantea que parte de ese crecimiento podría estar relacionado con el desacople entre Pekín y Washington y con potenciales desvíos de comercio en favor de Argentina. En particular, se observa una relación entre el incremento de las principales exportaciones argentinas al mercado chino y la caída de las ventas estadounidenses de esos mismos productos.
Fuente: Infobae
