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Rubén Blades se despide de Buenos Aires con la leyenda de ‘Pedro Navaja’

Rubén Blades se despide de Buenos Aires con la leyenda de ‘Pedro Navaja’

El panameño Rubén Blades, una de las figuras más emblemáticas de la música latinoamericana, ofreció el domingo por la noche en Buenos Aires lo que podría ser su último concierto en la ciudad. El propio artista había anunciado hace un año que estos serían sus recitales de despedida. «Tengo más pasado que futuro», confesó entre canciones, con su característica lucidez.

Blades se distingue dentro de la salsa por haber convertido un género bailable en un vehículo de crítica social y narrativa literaria. Mientras en los años setenta la industria impulsaba letras ligeras, él optó por retratar personajes complejos de barrios marginales, con la precisión de un cronista. Así, logró que la salsa fuera al mismo tiempo entretenimiento, denuncia y literatura.

En esta gira de despedida, el público bonaerense pudo escuchar por última vez en vivo grandes clásicos como «Plástico», «Pablo Pueblo», «Desapariciones», «Ligia Elena» y «Decisiones», entre otros. Todas forman parte del repertorio esencial de la canción popular latinoamericana. Pero hubo una en particular que resonó con fuerza especial: «Pedro Navaja».

El escritor colombiano Gabriel García Márquez confesó públicamente que nada le hubiera gustado más que haber escrito «la historia hermosa y terrible de Pedro Navaja». La frase apareció en una columna del diario El País de España el 1 de diciembre de 1982, y muestra el lugar único que ocupa esta canción en la intersección entre la música popular y la literatura latinoamericana.

Rubén Blades y Gabriel García Márquez, dos narradores con soportes distintos: uno escribió Cien años de soledad; el otro compuso

Compuesta por Blades junto a Willie Colón, «Pedro Navaja» pertenece al álbum Siembra (1978), considerado la obra cumbre de la salsa. La canción dura 7 minutos y 21 segundos y está compuesta por 63 versos organizados en diez cuartetos y un terceto. Narra el encuentro fatal entre un delincuente de barrio y una prostituta armada en el Lower East Side de Manhattan, ante la indiferencia general. Un borracho oportunista recoge los restos de la tragedia —»el revolver, el puñal, los pesos y se marchó»— y se va, dando pie al leitmotiv de la canción: la vida te da sorpresas.

El humor negro recorre cada escena sin caer en el melodrama. La ironía de que el criminal muera a manos de su víctima, que la víctima muera al defenderse y que el borracho sea el único beneficiado dibuja una lógica moral caprichosa y brutal. Esa risa amarga es característica de ciertas tradiciones narrativas latinoamericanas, donde el humor sirve para procesar realidades que de otro modo serían insoportables.

La estructura de «Pedro Navaja» sigue el esquema del cuento corto: introducción, nudo y desenlace cerrado. El narrador se presenta como testigo ocular —dice haber visto pasar a Pedro por la esquina del viejo barrio— pero pronto amplía la perspectiva para conocer motivaciones y detalles que ningún testigo podría observar. Esa oscilación entre el testimonio y la omnisciencia es una de las marcas de una «canción crónica» que relata y define un momento y un lugar.

Blades se inscribe así en una tradición de la mejor narrativa popular latinoamericana del siglo XX, junto a obras como «Durazno y Convención» (Jaime Roos), «Sampa» (Caetano Veloso) o «Garúa» (Troilo-Cadícamo). La diferencia con la crónica escrita es el medio de circulación: la historia viaja en discos, radios y pistas de baile, con un alcance que pocos géneros escritos pueden igualar.

Fuente: Infobae